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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 8

enero 17, 2010

Diciembre 1970.

Ese mes llevábamos una actividad frenética, pero entre toda ella destacaré la participación de madrugada en el concurso maratón para grupos de rock “Las 24 horas musicales” de Radio Terrassa. Resultamos finalistas y tuvimos que volvernos a presentar por la mañana en la final, pero la falta de sueño fue recompensada con el Primer Premio: 10.000 pesetas, más el reconocimiento público aireado por una emisora muy involucrada con los músicos jóvenes.

Recorte de prensa

El sábado 12 de Diciembre, volvimos al estudio para concluir la grabación del primer single. (…)

1971

El lunes 4 de Enero, nos entregan en Radio Barcelona el premio al Grupo Revelación del 70.

La tarde de Reyes nos presentamos en una de las discotecas más importantes de Barcelona: el Coconut.  Y así (…)

Pero cuando todos los vientos parecían soplar por fin a nuestro favor, nos íbamos a enfrentar a la desgracia que se cernía inexorable sobre todos los grupos como nosotros: LA MILI

En Enero, Rafa tenía que incorporarse al servicio militar, y aquello era sólo el principio de una larguísima odisea que duraría hasta el 15 de Julio de 1975, cuando yo, el más joven, recibí la “cartilla blanca”. En total, fueron cuatro años y medio los que Mi Generación estuvo incompleto, porque al ser de edades escalonadas, sucedía que, meses antes de que regresara uno, se iba el siguiente, de manera que durante todo ese tiempo tuvimos que seguir adelante con uno, e incluso dos sustitutos para suplir a los ausentes.

Esta primera involuntaria deserción llegaba en un momento nada oportuno, aunque ninguno lo era: justo al principio de nuestra carrera discográfica.

Nos pasamos semanas buscando un elemento que pudiera tocar el bajo y cantar a la vez para ocupar el puesto de Rafa. Por nuestro local desfilaron todo tipo de músicos: buenos bajistas que no podían ni abrir la boca para hacer un coro mientras tocaban, buenos cantantes como nuestro amigo Bacchelli -y, si no recuerdo mal, también el más adelante popularísimo Miguel Gallardo-, que no tocaban instrumento alguno, y legiones de “rítmicos-cantantes” que eran lo que más abundaba, pero no parecía existir nadie capaz de emular las habilidades de nuestro bajista y no estábamos dispuestos a prescindir de la quinta voz.

Nadie excepto este humilde servidor, modestia aparte. Como guitarrista, yo no era especialmente brillante, pero en cambio poseía la rara habilidad que buscábamos de tocar el bajo y cantar al mismo tiempo sin perderme, así que los ojos de los demás empezaron a volverse hacia mí y comenzaron a considerar la idea de admitir a alguno de aquellos guitarristas a condición de que yo cambiara otra vez de instrumento. Acepté y así me convertí en:

CAPÍTULO 22

EL BAJISTA DE MI GENERACIÓN

Y comienza otra nueva época en mi vida. Musicalmente la más memorable de mi carrera, creativamente la más fructífera y personalmente la más intensa. Podría añadir que también la más divertida aunque hubieron momentos duros.

Y XAVIER SE UNIÓ AL GRUPO

De entre la larga lista de guitarristas aspirantes destacaba en particular un tipo duro que venía del grupo Tuset 31 -antes Los No- recomendado por nuestros colegas los hermanos Durán. Se trataba del gran Xavier Garriga.

Xavier, además de un gran cantante, poseedor de una personalísima voz áspera y potente, era un excelente músico, con innato sentido de la armonía y gran dominio de la guitarra acústica -en especial el “fingerpicking”- que encajaba a la perfección en la música que hacíamos. Era también grande de tamaño y de personalidad fuerte, como buen Escorpio. Se le intuía, y lo sigue siendo, un animal… de escenario.

Venía acompañado de una Fender Telecaster de un cantarín color rosa metálico; uno de aquellos caros y legendarios amplificadores Vox AC 30 de aterciopelado sonido, como los de los Shadows; una alucinante chaqueta de pelo negro y blanco, que imitaba la piel de algún mamífero no fácilmente identificable, así como de su propia fan, una jovencita rubia y pecosa de grandes ojos azules llamada Mariángeles (…)

El 15 de Enero despedimos al pobre Rafa hasta la vuelta, que nunca se produciría. Desde ese momento Mi Generación quedó en la formación definitiva: Antonio Palacín, teclados; Eliseo Parra, batería; Francisco Fernández, guitarra; Xavier Garriga, guitarra y José Valverde, bajo.

CAPÍTULO 23

Afortunadamente, se seguían prodigando las sesiones de grabación que nos permitían ir tirando bastante bien.

Gracias a una de una de aquellas sesiones nos llovería del cielo el ansiado contrato discográfico, que parecía que no iba a llegar nunca pese a los denodados esfuerzos de Miguel por conseguir que alguna compañía se interesara por nuestro disco que, ya terminado, seguía en un cajón aguardando distribuidora. Ninguna de ellas lo encontraba suficientemente comercial, y en una Barcelona repleta de conjuntos pop dispuestos a triunfar como fuese, habían bofetadas por una simple audición. Conste que nosotros tampoco hacíamos demasiadas concesiones.

Recuerdo que, después de haber sido rechazados por BELTER por poco pachangueros; por EDIGSA por no cantar en catalán; por ARIOLA por feos, etcétera, recibimos una tarde la visita de Ramón Ferrán, legendario batería de jazz, que nos concedió una de aquellas buscadas audiciones en calidad de Director Artístico de FONOGRAM, ya que el grupo le había parecido interesante.

Se sentó ante nosotros y comenzamos a tocar con todas nuestras ganas alguna de nuestras canciones, antes de acabar dijo: “¡Vale, vale, otra!” y así varias veces. Tras escucharnos durante unos minutos, se puso en pié y nos preguntó si había algún lugar en el que pudiéramos hablar -como si allí mismo no se pudiera-, le invitamos a pasar al despacho y nos situamos en torno a él como escolares ansiosos por oír su opinión sobre nuestra música.

A ver chicos -comenzó- ¿conocéis la canción “Fiesta”?.

– ¡Síii! -respondimos al unísono-.

– Y, ¿qué os parece?

– ¡Vaya mierda! -dijo Javier y todos asentimos entre risas añadiendo todo tipo de comentarios vejatorios-.

Ya era demasiado tarde. Se puso muy serio y replicó:

– ¡Es mía!.

Pese a que estaba profundamente ofendido, continuó flemático diciéndonos que lo que se esperaba de nosotros era que grabásemos algunas de sus canciones del mismo estilo y, por tanto, que nos convirtiéramos en uno más de la pléyade de grupos pachangueros que empezaban a competir por la “canción del verano”.

Pero tal cosa quedaba muy lejos de nuestras inquietudes. Deseábamos triunfar, pero no a cualquier precio. Así que, en parte por incautos y en parte por románticos, dejamos escapar otra oportunidad de ingresar en el club de los conjuntos famosos y cotizados.

Volviendo al asunto: nos llamaron al estudio para poner las voces en el disco de un nuevo cantautor de bucólicas baladas al estilo de Emilio José, llamado Nino Sánchez, reciente fichaje del modesto sello Palobal. El muchacho adolecía de los mismos defectos que, al menos, la mitad de los de esa “especie”: no sólo no poseía buena voz ni técnica de canto, sino que además tenía serias discrepancias con el compás y ¿qué decir de su afinación?…

Pablo López Balada, su mentor y, obviamente, dueño y señor de Palobal, quedó muy complacido con nuestro trabajo que había sido rápido y competente, habíamos logrado incluso disimular buena parte de las desafinadas del bueno de Nino. Así que, corría el mes de Marzo cuando Don Pablo, haciendo alarde de visión comercial, decidió lanzar a toda prisa un “cover” en español del éxito del momento, antes de que otra compañía se adelantara; una bobada de cancioncilla infantil que sonaba a todas horas en la radio, y abordaba con inexplicable alegría el caso de un tierno infante abandonado por sus descastados progenitores, sin que en ningún momento saliera a relucir el motivo de tan cruel abandono. La cancioncilla era “Chirpy Chirpy Cheep Cheep”, y había sido grabada bajo el sello RCA en Italia, donde, como aquí, nadie entendía la letra, por un grupo escocés desconocido hasta entonces llamado Middle of the Road. A través de nuestro amigo Miguel, que estaría a cargo de la producción, se nos propuso ser Mi Generación quienes lo grabaran. Aunque nosotros no teníamos a una chica como vocalista, la voz solista de la rubia Sally Carr podía ser sustituída sin problema por la de Paco, gracias a su altísima tesitura, y los coros que la acompañaban nos venían como anillo al dedo. En la cara B, iría “¿Qué será?”, la canción con la que José Feliciano había estado a punto de arrebatarle a Nicola di Bari el primer premio del reciente Festival de San Remo de ese año y que se había hecho más popular que la propia ganadora, “Il cuore e zíngaro”. También ésta nos venía que ni pintada, ya que, entre las habilidades de Javier, figuraba la de hacer la mejor imitación de José Feliciano que yo haya oído jamás.

La deprimente letra en inglés de “Chirpy Chirpy Cheep Cheep” fue sustituída por la adaptación oficial al castellano, que pasaba de ser cruel y absurda a ser simplemente idiota:

A tu lado voy (A tu lado voy)

siempre junto a ti (Siempre junto a ti).

A tu lado voy (A tu lado voy)

Y soy feliz

Y soy feliz.

Vamos cantando siempre nuestra canción

Ooo wee, Chirpy chirpy cheep cheep,

Y cada día crece más nuestro amor

Ooo wee, chirpy chirpy cheep cheep,

chirpy chirpy cheep cheep, cheep.”

Y así sucesivamente.

La de “¿Qué será” era tan deprimente en español como en italiano, pero al menos tenía sentido y cierta poesía.

Pagaban al contado y aceptamos, pero a condición de que el nombre de Mi Generación no apareciera mezclado en aquel contubernio.

Realmente, no había mucho de qué avergonzarse, teniendo en cuenta que lo que corría por el mercado español eran cosas tan abominables como el “Achilipú” de Dolores Vargas, el “Borriquito” de Peret, el “Fin de semana” de Los Diablos, o la cursilada de “El vals de las mariposas”, producto de la difícilmente explicable asociación entre Danny Daniel y el desperdiciado talento de Donna Hightower.

Entonces, y por aquella única vez, fuimos Los Únicos. El disco nos salió “redondo”.

El ínclito Don Pablo dio por supuesto que aquel pachanguerío impenitente era nuestro estilo sin que nadie intentara sacarle de su error. Para un pretendiente que no salía huyendo…

Total que, muy satisfecho con el resultado, le preguntó a nuestro productor y amigo que si ya teníamos contrato de grabación, y al saber que no era así, creyó haber encontrado una mina de oro.

Sin profundizar en más averiguaciones, le expresó su interés en ficharnos para su compañía, y Miguel aprovechó la coyuntura favorable para convencerle de publicar el disco que teníamos ya grabado y cogiendo polvo en un cajón.

Una vez presentados por Miguel, el Sr. López nos ofreció un contrato de exclusiva por dos años que comprendía la grabación de dos LP y dos singles con nuestros temas, Palobal organizaría la oportuna campaña de promoción en la que deberíamos prestarnos desinteresadamente para entrevistas y presentaciones en radio, televisión, galas y festivales y nosotros recibiríamos un dos y medio por ciento sobre las ventas.

Ni que decir tiene que aceptamos, eso sí, con la íntima convicción de que aquel hombre no tenía mucha idea de dónde se estaba metiendo, y bastante divertidos pensando en la cara que se le iba a quedar cuando escuchara el resto de nuestras composiciones. Pero… Santa Rita, Santa Rita, esa firma no se quita.

CAPÍTULO 24

¡¡YA TENEMOS CONTRATO DISCOGRÁFICO!!

(Continuará…)

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