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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 37

agosto 14, 2010

EL ÚLTIMO REGRESO

Jueves, 7 de Octubre de 1976. We are on the boat to Barcelona -escribe Diana en mi agenda-. Landed in Palma for two and a half hours and had dinner at a Chinese Restaurant. Lekker.”

Aquella tarde emprendía con mi nueva familia el último regreso a Barcelona. Esta vez no regresaba a casa: mi casa, ahora sí, quedaba al otro lado del mar.

8 de Octubre. “La noche en el barco fue terrible, no había ni donde sentarse. Llegamos a Barcelona rendidos y nos instalamos en casa de Alberto. Ensayo todo el día. Rita dice que Diana puede viajar con ella en su coche mañana a Holanda.”

En el sentido más literal, esta vez no regresaba a casa. En vez de ir a casa de mis padres, Xavier habló con su primo Alberto y éste nos prestó su piso del Paseo de San Juan para que tuviéramos donde alojarnos Diana, el niño y yo de momento.

La otra buena noticia era que Rita, la amiga de Margriet, que venía en el mismo barco, se iba a Holanda al día siguiente en su propio coche y ofreció llevarles, lo que abarataba mucho el viaje.

Llevamos el equipo al local de la calle Fresser y ensayamos de firme, que buena falta nos hacía.

Después Diana y yo nos fuimos a cenar algo en un Frankfurt de Las Ramblas. Verla caminar por Barcelona en minishort era todo un espectáculo; todas las demás mujeres vestían de modo mucho más recatado y sus piernas, gloriosamente desnudas, atraían todas las miradas; lo que en Ibiza resultaba normal, en Barcelona era un escándalo, pero Diana era así. Por primera vez fui consciente de que para ser su hombre, había que serlo mucho.

EL SECRETO DE DIANA

Cuando terminamos los bocadillos, Diana se puso seria por primera vez desde que nos conocimos, y se dispuso a hacerme una grave confesión.

­– Before I go to Holland, I have something to tell you, my love -me dijo con voz temblorosa-, but I’m affraid because, maybe when you know, you don’t want me anymore. (Antes de irme a Holanda tengo algo que decirte, mi amor, pero me da miedo porque quizás cuando lo sepas, ya no me quieras.)

Why would I not want you? (¿Por qué no te iba a querer?) -le dije riendo-. Pero ella se puso aún más seria.

Because it’s a very bad thing. (Porque es una cosa muy mala).

You are still married. Todavía estás casada -aventuré como la peor cosa que se me ocurría en aquel momento-.

No, it’s not that. Don’t you see anything strange in me? (No, no es eso. ¿No ves nada raro en mí?).

Noté que la cosa iba en serio y la miré de arriba a abajo, sin ver más que, que estaba de muy buen ver. Mi cerebro buscó rápidamente y lo único que se me ocurrió fue que Diana no fuese realmente una mujer, sino un hombre operado y hormonado; como se dice ahora: un transexual. Ninguna mujer podía ser tan perfecta como ella lo era para mí. Pero lejos de preocuparme ante mi peregrina conjetura, como el imperturbable Osgood de “Con faldas y a lo loco”, noté con asombro que me daba exactamente igual que lo hubiera sido, ese nimio detalle no se iba a interponer en nuestro amor. Nadie es perfecto.

De momento me lo callé, pero ante su insistencia acabé preguntándole que si es que realmente no era una chica.

Me miró asombrada por lo absurdo de la pregunta. Yo era por entonces quien mejor que nadie debía saberlo; además había sido madre, y por cesárea, lo que le había dejado una gran cicatriz en el vientre que lo demostraba, pero es que no se me ocurría ninguna otra cosa constitutiva de un secreto de tanta gravedad.

Entonces me hizo fijarme en su mano derecha. Llevaba más de un mes viendo aquella mano a todas horas y sin embargo no había notado que el dedo meñique llevaba adosado otro, minúsculo e inerte. Tenía seis dedos. Ese era su gran secreto. ¿A dónde habría estado yo mirando desde que la conocí?. Entonces caí en la cuenta de que nunca extendía del todo esa mano, había aprendido a disimular como hacía yo con mi fea dentadura. Me alegré profundamente de que aquello fuese todo, y para celebrarlo la asalté con un tremendo beso de tornillo en medio de aquel lugar tan poco apropiado.

Hacer el amor con Diana aquella noche fue la mejor experiencia de mi vida; la habitación pintada de azul noche se convirtió en el cielo. No me hubiese importado morir después de aquello; ya estaba en el paraíso y nada podría superar nunca aquella felicidad.

A mañana siguiente Diana, Dennis y Rita salieron para Holanda y nosotros seguimos ensayando, luego devolví las llaves del piso y me presenté en casa de mis padres omitiendo mencionar que ya llevaba dos días en Barcelona.

EL ÚLTIMO DEBUT

11 de Octubre ¡Cómo pesaba el equipo ese día!. A media mañana lo sacamos del local y lo llevamos al Màgic, que estaba en un sótano. Habían dos razones para que pesara más de lo normal, el tiempo que llevábamos sin hacerlo y el peso extra que llevaba en mi conciencia no habiendo comunicado aún a mis compañeros que después de aquello abandonaba Mi Generación, pero me resultaba demasiado difícil. La única razón por la que había vuelto a Barcelona con ellos era no dejarles sin bajista para aquel contrato inminente, pero la decisión estaba ya tomada: después de aquella semana, yo me volvía a Ibiza y ya tendrían tiempo de sobra para encontrar un sustituto desde entonces hasta Navidad, época de la anual emigración a Bilbao, que era todo lo que había en la agenda del grupo.

La presentación fue un éxito absoluto.

Pasé todo el día siguiente en casa de mis padres, me sentía solo pero no tenía ganas de ver a nadie y estaba harto del mal rollo de Barcelona y, para agudizar más mis preocupaciones, Diana telefoneó dos veces para saber qué opinaba yo sobre dejar a Dennis con los abuelos, ya que el padre se había tomado muy, muy mal que hubiese decidido quedarse a vivir en Ibiza.

Debo reconocer que yo a quien quería, era a la madre, y egoístamente me sedujo la idea, pero también sabía que la cosa no podía ser tan simple. O tenía que estar totalmente transtornada de amor por mí, o tenía que ser muy mala madre para renunciar a su hijo por estar conmigo.

El entusiasmo demostrado por el público en la presentación en Màgic, había decaído en la noche del día 12.

También pasé los días siguientes totalmente aislado, dándole vueltas al asunto y lamentando que Diana se hubiera ido a meter en la boca del lobo. Aunque estaban divorciados, seguían compartiendo el domicilio conyugal; ignoro si la relación de amor-odio con su ex marido llegaba ocasionalmente hasta la alcoba, aunque supongo que así era hasta que decidió quedarse conmigo, lo que no debió resultar muy del agrado de éste, que se veía privado de tan exquisito privilegio. Bajo mi punto de vista, lo de llevarse al niño podía resultarle un asunto secundario, pero él lo iba a utilizar para impedir que ella se fuera, y menos, a vivir con un apestoso español. Era una manera de asegurarse de que volvería, ya que al cabo de un par de semanas como mucho, estaría loca por verlo.

El éxito de esa noche del 13 fue más bien mediocre, y encima a Paco no se le ocurrió otra cosa que aceptar la invitación de un argentino a salir a fumarse un porrete en la calle (cosa totalmente inusual en él), y ambos fueron detenidos y llevados a Comisaría. A Paco lo soltaron enseguida tras una oportuna llamada telefónica a cierta Comandancia Militar, pero el otro se quedó allí y hubo que llevarle tabaco al día siguiente.

¡Qué largos y solitarios se me hacían los días de aquella semana!. Diana llamó muy compungida diciendo que Jaap le había pegado y había tenido que ir al hospital y, dadas las circunstancias, había decidido dejar que el niño se quedase de momento en Haarlem, en casa de sus abuelos paternos. Ella pensaba volver a Barcelona al cabo de un par de días con el dinero atrasado que le acababa de pagar la “Soos” (Seguridad Social), y tras haberse asegurado de que lo seguiría recibiendo, lo que nos iba a resultar de gran ayuda para sobrevivir el invierno en Ibiza.

Por fin, el sábado llegó en autobús tras un extenuante viaje de veinticuatro horas. Traía una gran maleta repleta de cosas que había comprado para decorar nuestro nuevo hogar. Paco me acompañó a recibirla a la Estación del Norte y el siempre oportuno Miguel Ángel Núñez, nos acogió hasta que regresáramos a Ibiza en el piso de Hospitalet donde vivía con Carmen, la chica con la que parecía también haber encontrado por fin el amor y asentado la cabeza.

El bello rostro de Diana venía sacrílegamente marcado por un hematoma y un labio roto. Como odié al monstruo sin escrúpulos capaz de hacerle aquello.

LA ÚLTIMA ACTUACIÓN

El domingo, 17 de Octubre de 1976, hice mi última actuación con mis amigos de tántos años. Yo no lo sospechaba, pero aquella iba a ser también la última actuación de Mi Generación.

Mi conciencia pesaba como una losa de cementerio; siete años de esfuerzos, de lucha contra viento y marea; de nadar contra corriente; de compartirlo todo; de penas y alegrías, aunque las penurias cada vez pesaban más. El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero no tiene por qué seguir haciéndolo indefinidamente; nuestra música sólo era bien recibida en círculos muy limitados y la cosa no llevaba camino de cambiar; lo único que nos permitía vivir con dignidad eran las temporadas de costa, y sobre todo Ibiza, donde el público foráneo, de mente más abierta, garantizaba un statu quo que nos permitía ejercer nuestro oficio, si bien no pudiendo hacer exactamente lo que pretendíamos, sí disfrutando de lo que hacíamos, sin vernos abocados a caer en la pachanga más rastrera, como exigía mayoritariamente el público del país. Yo hago música para hacer feliz a la gente, no para enfadarles.

Finalmente, el glorioso ejército español había ganado la batalla y aniquilado la resistencia fundamentada en la unión que había entre nosotros, durante el largo período de “milis” consecutivas de más de cuatro años que había propiciado que madurásemos por separado y evolucionásemos en direcciones distintas.

“El tiempo nos lo dirá

si supimos continuar

aquel sueño que tuvimos

cinco golfos una vez,

y si el sueño se derrumba,

volveremos a empezar.”

(De “Años después”, Eliseo Parra y José Valverde)

Al menos para mí, había llegado la hora de volver a empezar. Había llegado la hora de que nuestros caminos se separasen y yo, tiraba la toalla. Sólo se vive una vez y no estaba dispuesto a seguir desperdiciando mi vida tropezando en la misma piedra, dándole cabezazos al mismo muro y arrastrando mis miserias de pensión en pensión por el área del Gran Bilbao. Tal vez las miserias continuasen en esta nueva etapa de mi vida, pero no sería a contrapelo y contra mi voluntad. Yo también tenía derecho a mi parte de felicidad y, al menos de momento, la felicidad estaba en Ibiza y junto a Diana.

LA DESPEDIDA A LA FRANCESA

Al acabar la actuación aquella noche tampoco fui capaz de decirles nada, pero mi decisión era firme y ya tenía los billetes de barco para la noche siguiente. De inmediato recogimos el equipo y lo volvimos a llevar al local de ensayo. Mi plan era volver por la tarde a por mi Orange y mi bajo y desaparecer sin más, pero la cosa se complicó.

En el último momento, Paco que era el único que estaba al corriente, decidió no sólo acompañarme y aceptar la invitación a vivir con Diana y conmigo, sino además de llevarse como era lógico su guitarra y su Twin Reverb, llevarse la mitad del equipo de voces Wem que, fuera de toda discusión, era más suyo que de nadie, ya que era su madre quien había venido pagando la mayoría de las letras. Aquello no me pareció ni medio bien, porque yo simplemente deseaba desaparecer sin escenas dramáticas y causando el menor daño posible al grupo con mi marcha, pero él tenía sus propias y dolorosas razones.

Lo discutimos unos minutos, pero había que darse prisa, no fuera que le diese a alguien por venir, Paco dijo asumir la responsabilidad y yo me limité a decir amén y a embutir todo aquello como pude en mi Renault “cuatro latas”, y nos fuimos sin despedirnos de nadie. Lo siento, amigos míos. ¡Qué final tan triste e indigno!

Y la noche del 18 de Octubre de 1976, partimos de nuevo rumbo a Ibiza, donde nos esperaba una nueva vida.

Adiós, Mi Generación.

EPÍLOGO

Sinceramente: incluso tras la incorporación de Xavier Garriga me seguí considerando el último miembro de Mi Generación; el más prescindible. No poseía gran talento como compositor, ni una gran voz como Xavier, ni unos dedos veloces como Paco. Algunas letras de canciones más o menos afortunadas, pero cuando los demás se ponían a escribir, sus letras eran fantásticas. Además de asegurar el sustento de mi recién formada familia, con mi repentina desaparición sólo pretendía retirarme sin ruido ni escenas trágicas, y dejar de interferir en el eterno peregrinar hacia la gloria de Mi Generación con mi falta de ambición, mi aversión al sistema y los medios de difusión dominantes, y mi obsesiva querencia por Ibiza y su modo de vida tan diferente al del resto de España. Lo que sucedió a continuación me resultaba totalmente imprevisible.

Como dije, Paco Fernández decidió en el último momento acompañarme en la aventura y subirse al mismo barco que nos traería definitivamente a Ibiza.

Acto seguido, Eliseo Parra decidió -según Toni- que no deseaba continuar si no estábamos todos, y abandonó también Mi Generación en dirección al Clan Layetana, donde fue muy bien acogido en las filas de Blay Tritono y otros proyectos con sello Zeleste.

Poco después Xavier Garriga fue captado por Enrique Milián (Santa Bárbara), en su nueva función de productor, para formar un dúo con Santi Picó que se llamaría Gabriel.

Y el inefable Toni Palacín, en su calidad de todo-terreno, se agarró provisionalmente al clavo ardiendo que le ofrecía el agente Ardébol, como pianista de la orquesta de acompañamiento de una compañía ambulante de Varietés. Finalmente el carnet sindical de “Circo y Variedades” que todos poseíamos, cobraba todo su maldito sentido.

Los otros dos miembros de la reducidísima orquesta eran Josep Barceló, saxofonista y bajista ocasional, y Josué ComasEl Mini“, batería.

MI NUEVA GENERACIÓN - Zuum-Zuum, Bilbao, Dic. 76

Con ellos como nuevos compañeros, Toni y Xavier afrontaron el último compromiso pendiente de Mi Generación, la gira anual por la Ría del Nervión, que tan de los nervios me ponía a mí, bajo el nombre de MI NUEVA GENERACIÓN, interpretando -con bastante más éxito esta vez- los temas de los álbumes “SONIDO ELÉCTRICO” y “SONIDO ACÚSTICO” y música bailable en general.

Los cinco miembros de Mi Generación nunca volvieron a reunirse, ni mucho menos a actuar juntos…, hasta el pasado 30 de Enero de 2010, en la super-discoteca Es Paradís, con motivo del homenaje que nos rendía en San Antonio (dónde si no) la “Asociación Retro”. Otra vez Ibiza, 34 años después.

FIN

Gracias a quienes habéis seguido el relato, dándome aliento, ayudándome a expiar mis pecados y cumplir ese karma pendiente desde el 18 de Octubre de 1976. Muchas gracias.

¡Ah!, y podéis felicitarme si lo deseáis, no por el relato; es que hoy, como viene sucediendo cada 16 de Agosto, es mi cumpleaños. 58.

(Esto ya no continuará)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 36

julio 28, 2010

EL FINAL DE LA ÚLTIMA TEMPORADA

El día 5 se interrumpieron momentáneamente las diarias anotaciones en mi agenda, sin embargo, el día cinco de Septiembre, no fue un día cualquiera: se había acabado el último verano de Play Boy y también de Mi Generación.

Acompañando a LOS AMAYA - Play Boy, Sept. 76

Llegaron temprano las lluvias de Septiembre y el frío nocturno que delimitaban la temporada de Play Boy. Aún no lo sabíamos, pero el Sábado 4, con mal tiempo y hasta lluvia, habíamos actuado por última vez y la sala se cerraba de modo provisional, que finalmente sería definitivo, y quiero decir para siempre.

Por suerte, se había inaugurado en San Rafael una nueva sala, Amnesia, el proyecto de unos jóvenes yankees con algún dinero que habían adquirido una enorme casa payesa y montado en ella un club. Nos conocían de venir a vernos al Play Boy, les gustábamos mucho y nos ofrecieron actuar allí cuando acabase nuestro contrato, así que el mismo domingo, día cinco, se apresuraron a organizarnos dos actuaciones, tarde y noche, aprovechando la coyuntura.

Amnesia es en la actualidad una monstruosa macro-discoteca donde triunfan los nuevos ídolos, afamados dee-jays que machacan las neuronas que les puedan quedar sanas a ingentes masas de “clubbers” previamente embrutecidas por la omnipotente “Radio-fórmula” y la alienante MTV; eventualmente por una amplia gama de psicotrópicos fáciles de adquirir sin alejarse demasiado del lugar, y finalmente por la machacona “música” (perdón por denominarla así) hecha a base de “samplings”, “loops” y “beat boxes“, de dinámica plana y carente de cualquier melodía que contenga más de cuatro notas que se repiten ad infinitum (y más allá) y que persiste sin apenas variaciones, mecánica como el ruido de una fábrica, durante horas y más horas. Eso sí, son todos “gente guapa y muy fashion”, y los dee-jays, más.

Pero entonces era un delicioso antro, un lugar para hippies tardíos, provisto de escenario con iluminación de concierto; una cabina en la que habían instalado la primera mesa de mezclas con veinticuatro canales que yo había visto fuera de un estudio, para sonorizar a los grupos; un poderoso equipo de sonido; un ambiente pacífico y tranquilo; la mejor música, lejos de la frivolidad del “Sonido Philadelphia”, e incluso se servía comida que iba más allá de la típica hamburguesa de las otras discotecas, elaborada en un fantástico hogar de leña circular en el centro del porxo. Allí probé el “Chile con carne”.

Nuestro éxito fue tan notable, que aquella gente nos ofreció seguir actuando allí durante todo el invierno a partir de Octubre, cuando cerraban las demás salas, o bien se desprendían de los grupos que traían de la península.

La proposición no era del todo desdeñable; podía no ser la mejor oferta, pero sí era la mejor oferta que teníamos. En la agenda de Mi Generación sólo había una semana, del 11 al 17 de Octubre, en la sala Màgic, un nuevo garito “progre” detrás del Borne, y luego, nada de nada hasta el habitual recorrido por la Ría del Nervión de cada año por navidades. Pero algunos de mis compañeros -los de siempre-, se apresuraron en rechazarla.

Sin embargo, el cierre de Play Boy no parecía afectarnos. Pese a habernos quedado sin trabajo, nadie parecía interesado en abandonar Ibiza, nadie daba el primer paso. Tampoco teníamos nada mejor que hacer en Barcelona hasta lo del Màgic, ni nos esperaban más que nuestras familias con la terrible pregunta de siempre: ¿cuánto habéis ganado?. Aquí se estaba muy bien y todos teníamos pareja. Además, como en tiempos de Marita, yo me volvía a encontrar con el problema de no tener a dónde llevar a la mía cuando nos fuéramos de aquí, y ahora era aún más complicado con un niño. Ya ni siquiera disponíamos del amplio local de la calle Rull en el que llegamos a vivir Paco y yo años atrás, y no me iba a presentar con una familia postiza en casa de mis padres para dormir los tres en el sofá. Había que buscar una solución, porque yo no estaba de ningún modo dispuesto a renunciar a Diana.

Obviando el pequeño detalle de la falta de trabajo, todos continuamos con nuestras vidas separadas como si nada, viviendo de los ahorros y a la espera de que, tal vez, Play Boy volviese a abrir. Pero esta circunstancia ponía un próximo límite en el tiempo a nuestra capacidad de seguir “de vacaciones” y en mi cabeza seguía rondando la oferta que nos habían hecho los de Amnesia.

Traté de hacer que mis compañeros la reconsiderasen y obtuve rápidamente la adhesión de Paco. Xavier se debatía seriamente entre su deseo de quedarse con Margriet en Ibiza y el de estar cerca de su madre, que por entonces ya no andaba muy bien de salud, y finalmente su decisión se decantaría por esta última, pero ni Eliseo ni Toni querían oír hablar del asunto.

¡Nada, nada!: lo suyo era hacerse la Ría por toda la orilla cual arremangadas sardineras; así que como yo estaba más que harto de Bilbao; de la penosa rutina de que nuestra música fuera pitada por jovencitos que no estaban para mensajes sino para “marcha”, para encima tener que pasar miserias en pensiones horrorosas de sitios horrorosos, decidí que esta vez no iba a seguirles y empecé a mover los hilos que me permitieran quedarme aquí. Puestos a pasar hambre, prefería pasarla en Ibiza y con mi amor. Se lo propuse a Diana y estuvo de acuerdo: contigo, pan y cebolla. Cualquier cosa antes que tener que separarnos.

We’ll be together

with the roof right over our heads.

We’ll share the shelter

of my single bed.

We’ll share the same room

and Jah’ll provide the bread.

(Bob Marley)

8 de Septiembre. “Por la mañana, mientras dormíamos, se presenta en el apartamento el tío de la inmobiliaria y nos echa a la calle. Dormimos en casa de Paco.”

Sólo pudimos disfrutar de nuestro primer hogar dos semanas. Alguien con muy malos modos y que no era con quien yo había hecho los tratos, nos sacó de la cama a timbrazos y nos conminó a salir de allí inmediatamente porque los dueños estaban a punto de llegar.

Me enfadé y le dije a aquel tipo que cómo se le ocurría venir a desalojarnos a aquellas horas y sin previo aviso, e inmediatamente me amenazó con volver con la Guardia Civil, y el simple hecho de oírle pronunciar aquellas dos palabras tabú me convenció de que lo más conveniente era obedecer sin rechistar.

Luego, reflexionando, caí en la cuenta de que no lo habría hecho, porque lo más probable era que el apartamento hubiera sido alquilado sin conocimiento del propietario -de no ser así, éste ya sabría que no podía contar con alojarse en el piso que tenía alquilado, por muy de su propiedad que fuese-; que aquel par de listillos se estuvieran guardando el dinero del alquiler en sus bolsillos, y una inesperada decisión de los dueños les hubiera cogido por sorpresa, dado lo cual, llamar a la Benemérita para un deshaucio tan extemporáneo, habría descubierto el fraude. Pero, la Guardia Civil infundía más pánico que respeto.

Una vez más recurrí a la hospitalidad de Paco, que nos abrió su puerta sin dudar un momento, y la casualidad quiso que Brandy -la americana con la que estaba liado- estuviera presente cuando fui a contarle mis cuitas y se ofreciera, solidaria ante aquel atropello, a alojarnos en su casa ya que era muy grande y vivía sola. Así que por aquella noche nos quedamos en su apartamento, pero al día siguiente:

9 de Septiembre. “Nos mudamos a casa de Brandy. Una magnífica casa en el campo a 10 Km. De San Antonio.”

Era una antigua casa payesa cerca de Santa Inés, pero lejos de todo, donde podíamos quedarnos todo el tiempo que quisiéramos, según nuestra anfitriona, sin hablar siquiera de dinero. Se lo agradecimos muchísimo y nos trasladamos allí de inmediato. Brandy decía sentirse sola en aquella casa tan solitaria y todo lo que quería era compañía. Sería por eso que pasaba las noches en casa de Paco.

La casa tenía muchas habitaciones, la mayor parte llenas de cachivaches con los que Brandy montaba un puesto semanalmente en el mercadillo de Punta Arabí, sin embargo, no tenía cuarto de baño, con lo cual tanto las necesidades fisiológicas como las de higiene debían llevarse a cabo en el exterior. Lo de ducharse al sol con una manguera tenía su gracia, sobre todo en compañía de la libidinosa Diana, pero lo otro resultaba bastante incómodo.

No obstante el inmenso favor, debíamos encontrar una casa lo antes posible ya que “el casado, casa quiere”. Para conseguir una hacía falta dinero, y empezaba a escasear. Era el momento de empezar a plantearse en serio una alternativa a Mi Generación con la que ganar algo de dinero en un futuro próximo, y para eso, ya tenía un plan.

Mi proyecto consistía en montar un grupo del mismo estilo que Mi Generación para seguir tocando en Amnesia, pero con músicos de aquí, y por supuesto con cualquiera de mis compañeros que quisiera acompañarme en la aventura.

Al primero que recluté para mi futuro grupo fue a mi amigo “El Pipas”, una amistad peligrosa que contraje en el 73, y que ahora en el 76, se había vuelto aún más peligrosa y más amistad. Él sería el batería, y él mismo se encargaría de aportar los otros dos músicos que faltaban para completar el quinteto si Paco finalmente se quedaba conmigo: Manolo Díaz, fantástico guitarrista y buen cantante al que ya me había presentado entonces, y Rafa es Bagaix”, notable organista equipado con un Hammond portátil que acababa de comprar, y que además disponía de local de ensayo en “La Marina” de Ibiza: el almacén del Bar Balear, actualmente Tango. Así se fraguó, con cierta nocturnidad y alevosía, lo reconozco, el primer grupo que yo fundaba.

Nos reunimos los cuatro una noche en el local del Callejón del Norte y empezamos a tocar sin más temas que todos conocíamos, y la cosa funcionaba muy bien. Nadie canta y toca el solo de guitarra de “Do it again” de Steely Dan, como Manolo Díaz. Entonces se lo comuniqué a Paco y acudió a la siguiente reunión. Además podíamos hacer tres voces porque Manolo también sabía armonizar, perfecto; casi como Mi Generación.

Entretanto pasaban los días y, como dice mi madre: “El huésped y la pesca, al día siguiente apesta”, o algo así.

17 de Septiembre. “Gran follón con Brandy, quien hoy daba una comida. Diana y yo queríamos ir a San Antonio, y prácticamente nos obligó a quedarnos para ayudarla. Muy mal. Nos echó en cara un montón de cosas. Desde que llegamos aquí buscamos una casa, pero ahora es urgente.”

Al cabo de una semana, el espíritu hippy de nuestra anfitriona, y la simpatía que nuestra recién creada familia despertó en principio en ella, se habían diluido en prepotencia e inquina hacia nosotros, y yo diría que hasta envidia de lo buena que estaba Diana.

18 de Septiembre. “Hoy Diana y yo, antes de salir, nos dedicamos a barrer, ordenar y fregar la casa para no recibir más broncas. Esto parece la mili. Nos sentimos muy mal aquí.”

Nos fuimos a ver una “casa” en Ca’n Germà, pero era un cuchitril inmundo y oscuro en los bajos de otra, y además el alquiler era abusivo.

19 de Septiembre, Domingo. “Otro follón con Brandy, quien nos quiere de damas de compañía, taxistas, recaderos y mandados en general. Hizo una hábil maniobra para tenernos todo el día a su disposición y enterarse de todo lo que hacemos, y la mandamos a la mierda.”

Podíamos no resultar una pareja muy recomendable, pero es que ella tenía clarísimo que nos tenía de sirvientes. Servicio a cambio de la cama.

20 de Septiembre. “Hoy nueva trifulca porque nos vamos a mirar una casa y nos prometemos no volver.”

21 de Septiembre. “Desesperados ya de Brandy y sin haber encontrado la casa, Diana y yo alquilamos un estudio en Aníbal. Seguimos buscando. Cualquier lugar es mejor que allí.”

Era un lugar pequeño pero acogedor y frente al mar.

22 de Septiembre. “Hoy mismo, Pepe de Es Recó, me dice que tiene una casa para nosotros al lado de la suya.”

El domingo, 26, volvimos a actuar tarde y noche en Amnesia y nos reiteran la oferta de quedarnos como grupo fijo.

No gracias. Tenemos múltiples compromisos en la península.

Empezaba a odiarles por su obstinación.

– Ya os daré yo múltiples compromisos -pensé-. Ahora sí que me largo.

Ya no sentía pertenecer a Mi Generación sino a mi propia voluntad, a Diana, y a Ibiza.

CASA FRIGOLA

30 de Septiembre, Jueves. “Por fin hoy nos mudamos a una magnífica casa escondida en un pinar, con jardín, tres habitaciones, sala, baño, cocina y cuarto de trastos.”

Por fin nuestra casa. Yo tenía cierta tendencia a que las casas me pareciesen magníficas, pero aquello sí que era como la casa de mis sueños y los de Diana. Un chalet de estilo ibicenco moderno en la zona de Es Puet junto al hotel Osiris, con un característico arco en el porche, y una habitación en alto con balconcillo de sabina. “Casa Frigola” era una preciosidad de casa en el lugar más tranquilo de San Antonio, pero no estaba aislada, junto a ella y separadas por el muro del jardín, se hallaban “Casa Romaní” y “Casa Estepa”, casi gemelas, y a lo largo de toda la calle Retiro habían otros chalets parecidos.

Los Valverde-Rink un año más tarde. Casa Frigola 1977

Los tratos los hice con un tal Miquel Llabrés, un adusto mallorquín con uniforme de Iberia y cara de pocos amigos, que era jefe de algo en el aeropuerto y hacía de administrador de las tres casas y el alquiler quedó fijado en 5.500 pesetas al mes. Ya veremos como las pagamos en lo sucesivo.

El día que me enseñó la casa, no había electricidad.

– La deben haber cortado porque, se ve que los anteriores inquilinos debieron irse sin pagarla. Espera, que esto lo arreglo en un momento.

Le seguí para saber como lo arreglaba y vi con asombro que el hombre subía la escalera que llevaba a la azotea; desde ella se alcanzaban los cables del tendido eléctrico, y sin pedir permiso a nadie, conectaba en la acometida uno que estaba suelto y colgando; y se hizo la luz.

Bueno, ya estamos en casa y, esto sí es un hogar, a partir de ahora, ya se verá.

Justo al cabo de una semana, estaba fijada la fecha para que Mi Generación volviera a Barcelona, el debut en el Màgic ya estaba próximo y había que ensayar un poco, ya que llevábamos todo el verano sin tocar nuestros temas. Para ello aún disponíamos del local de ensayo de la calle Fresser, cuyo alquiler se había seguido pagando durante nuestra ausencia en un acto de previsión bastante insólito en las costumbres del grupo.

Diana decidió aprovechar esos días para viajar a Holanda y arreglar sus asuntos para quedarse a vivir con su hijo en España, entre ellos, convencer al padre del niño, e intentar que le ingresaran el Subsidio de Desempleo en una cuenta bancaria, sin tener que ir personalmente a cobrar como venía haciendo cada mes, actividad de la cual vivían tanto ella como su ex marido tan rica y oficialmente.

(Continuará… y acabará en la próxima entrega)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 35

julio 13, 2010

San Antonio, verano 1976.

11 de Julio. “Play Boy. Mando a Cynthia a la mierda y la echo de casa.”

Más sencillo, rápido y económico que el divorcio. Adiós Cynthia. Estás muy buena, eres una fiera en la cama…, pero no te aguanto más.

MI PRIMER COCHE

Aunque en Ibiza utilizaba la Vespa y por Barcelona conducía el coche de la madre de Khris (mi amiguita particular y hada madrina de Mi Generación) desde antes de tener carnet, un viejo amigo me puso por primera vez ante la tentación de comprarme un coche. Naturalmente sucumbí como a todas.

Evaristo Roig era otro bajista llegado de Sant Boi junto al guitarrista Josep Priu -más conocido por “El Pedales”- el mismo año que Mi Generación, cuya situación había mejorado notablemente desde los lejanos días del 72 y ahora hasta se podía permitir cambiar su viejo “cuatro latas” por un coche nuevo de trinca, así que el día que le entregaron su dorado SIMCA 1200, él me traspasó mi primer automóvil propio: un viejo Renault 4 L azul marino, con dos líneas blancas pintadas a brocha en el capó, como para darle un aspecto más deportivo, y tres marchas; sí, sólo tres, bueno más la marcha atrás, claro. Pero el cochecito funcionaba y muy bien, y me invadía una filantrópica intención de recoger a cuantos autostopistas me encontrase por la carretera para compensar el equilibrio universal por las numerosas veces que yo había sido llevado por otros.

15 de Julio. “Play Boy. Party en Conejera, bastante aburrido. Son todos bastante pijos los del Playboy.”

Era cierto. Creo que excepto nosotros, todo el personal de Playboy había sido elegido por motivos estéticos: “gente guapa”.

16 de Julio. “Play Boy. Llega Khris.” Qué vamos a hacer…

19 de Julio. “Play Boy. Se marcha Khris.” Al fin libre para volver a la carga.

20 de Julio. “Play Boy. Llega una sobrina de Evaristo, Enri y se enrolla conmigo.”

¡A la carga!.

24 de Julio, Sábado. “Play Boy. Se fue Enri.” Casi me cuesta la vieja amistad con su tío.

Mi Generación por fin se había estabilizado en el Play Boy; digamos que le habíamos cogido el tranquillo y por fin estaba resultando un buen verano, hasta con toques de locura que nos resultaban tremendamente divertidos.

A cuenta de las fiestas semanales se había reavivado nuestra vis cómica, y no sólo nos disfrazábamos para los parties -cuando lo hacía todo el personal-, sino que empezamos a improvisar por nuestra cuenta difrazándonos de lo que se nos ocurría cualquier noche; por ejemplo, de futbolistas, y lo complementábamos pasándonos un balón mientras tocábamos.

Otra de las absurdas genialidades consistía en colocar un perchero en medio del escenario en el que colgábamos abrigos, chaquetas y sombreros al empezar cada pase, y al terminar nos lo volvíamos a poner todo y colgábamos las guitarras.

Pero lo que más nos divertía era mezclar temas para demostrarle al público cuánto se parecían entre ellos, o cómo el autor de uno se había apoderado de parte del otro, como el caso de “Keep on rocking me” de Steve Miller y “All right now” de Free.

El resto de la noche, Tony el disc-jockey pinchaba lo más puro, erotizante y chic de la nueva música “disco”: Gloria Gaynor, Diana Ross

Y hablando de dianas: teníamos unas amigas holandesas que habían llegado a San Antonio el verano del 73 y se dedicaban a vender ropa usada en el mercadillo de Punta Arabí, lo que por raro que pareciese, resultaba un negocio redondo que les permitía vivir con holgura; se trataba de Rita y Margriet. De ellas decían las malas lenguas que eran lesbianas, ya que vivían juntas; tenían el negocio a medias; iban juntas a todas partes… pero puedo dar fe de que, al menos Margriet no lo era, pues fue la pareja de Xavier todo el verano del 76 y algún tiempo más.

A lo que iba: un día, Margriet me anunció con alborozo que se suponía que yo debía compartir, que una tal Diana iba a venir de vacaciones a San Antonio.

Le resultaba increíble que aquel nombre no causara en mí más que un gesto de extrañeza.

Yes!, Diana… –insistióDon’t you remember her?.

No. No la recordaba, ni siquiera me sonaba su nombre. Margriet comenzó a darme entonces todo tipo de referencias, y una exhaustiva descripción física de su amiga que hizo que el asunto empezara a interesarme.

Se suponía que nos habíamos conocido -aunque no precisó hasta qué punto- el mismo verano que llegaron ellas. ¡Claro! El 73: mi verano de la “venganza”. ¡Anda que me iba yo a acordar de todas!.

– Pues ella se acuerda y siempre habla de ti. Ha seguido viniendo cada verano con ganas de verte, pero no estabas aquí.

Pues ¡qué bien! -pensé yo-, pero no le di más importancia.

Nuestras amigas holandesas, y toda la colonia de los Países Bajos en San Antonio, como un coro de tragedia griega me seguían recordando a diario la inminente llegada de Diana, amén de hablarme de su belleza, su simpatía, y sobre todo, de cuánto le gustaba yo.

La cuestión era que, por alguna razón, todo el mundo estaba preparando el cruce de caminos en que debíamos encontrarnos, y estaba claro que sus amistades -y mías- la tenían en un altísimo concepto. Reconozco que me tenían en ascuas. ¿Pero quién demonios sería esa Diana?.

MI VIGÉSIMO CUARTO CUMPLEAÑOS

El día 16, según una ya larga tradición, fue mi cumpleaños; el veinticuatro, un número poco trascendental, ni siquiera recuerdo haberlo celebrado. Aunque el grupo sonaba como nunca antes y nos reíamos mucho en el escenario, la relación personal entre nosotros era prácticamente inexistente: no me hablaba con Xavier, mi compañero de piso, desde una tremenda bronca por motivos de intendencia que estuvo a punto de pasar de las palabras; Eliseo y Toni llevaban una vida completamente aparte del resto aislados en su apartamento; Paco, por su parte, ahondaba su condición de pequeño burgués viviendo lejos de los demás en un apartamento de lujo. Mi Generación existía a las horas de ensayar y actuar, pero estaba prácticamente disgregada o en trámites de separación. No tenía en aquel momento con quién celebrarlo.

Sin embargo, ese día me llegaba por vía aérea un regalo muy especial desde Holanda. Era la respuesta a la pregunta anterior; la que ya no podía alejar de mi cabeza: como el nombre sugería, Diana era una diosa.

LA CRIATURA MÁS EXTRAORDINARIA QUE HE CONOCIDO

Diana era una diosa, y como tal se haría de rogar. Aunque los augures me hicieron creer que llegaría dispuesta a arrojarse directamente en mis brazos, no fue hasta la noche siguiente cuando se dignaría a venir al Play Boy. Margriet nos puso a uno frente al otro y, en vista de que yo no reaccionaba, acabó por presentarnos.

¿Cómo iba a reaccionar?. Estaba alucinado. Tenía ante mí a la definición de la belleza y el sex-appeal. No hacía falta reconocerla para quedar instantáneamente prendado de ella, pero en el fondo, mi subconsciente me decía que ya había visto aquel portento de mujer con anterioridad, aunque sólo hubiera sido en sueños. No era una de las típicas rubias que a mí me volvían loco, pero era preciosa: radiante sonrisa; ojos azules y chispeantes; facciones perfectas; proporciones perfectas; con mucho estilo… ¿os suena la descripción?.

Lo que me despistaba era su cabello; lucía una melena “Beatle” que en nada me recordaba la larga cabellera castaña de aquella chica a la que una noche se le soltó el imperdible del chaleco mientras bailaba delante de mí en el Nito’s, e hizo bailar mis ojos al ritmo de sus pechos insolentes; aquella a la que no me atreví a tocarle ni un pelo cuando subió a mi apartamento para evitar tentaciones y males mayores, ya que por aquellos días no me encontraba yo en las mejores condiciones para ligar, y la que el día de su marcha vino a despertarme para despedirse, y para regalarme el hachís que le quedaba, todo lo cual me recordaría ella más adelante. Capítulo 23 IBIZA 2ª temporada.

Esa noche llevaba un cortísimo vestido blanco, botines blancos, y una fina cazadora perlada que la hacía brillar aún más entre la multitud que abarrotaba el Play Boy, y la envolvía aquel mismo aura de divinidad que la hacía destacar entre las otras chicas. Un detalle que me resultó reconocible fue que llevaba el antebrazo derecho cubierto por casi un centenar de bangles.

Tal vez le decepcionó que no la reconociera; tal vez conservaba en su mente la idea de que yo podía ser homosexual, ya que en nuestro anterior encuentro no mostré el menor interés por seducirla, mientras ella me daba todas las facilidades; para una mujer con su atractivo y su desinhibición debió resultar algo insólito e inexplicable de no ser por esa razón, la cuestión es que cuando volví al escenario se perdió entre el público, y cuando acabé la actuación, se había esfumado. Pero yo, ya no podía pensar en otra cosa.

Al día siguiente era miércoles, día de mercadillo en Punta Arabí, y nuestra amiga Margriet me dijo que Diana pensaba ir.

18 de Agosto. “Play Boy. Encuentro a Diana en Es Caná, pero se me escapó.”

Me lancé a la caza sin dudarlo y me fui a Es Caná en busca de mi presa. Al llegar fui directamente al puesto de Rita y Margarita, suponiendo que allí la encontraría, pero la presa se mostraba mucho más esquiva de lo previsto y sólo pude vislumbrarla en lontananza, y para mi sorpresa, llevaba un rubio cachorrillo cogido de la mano.

DIANA

(Estaba escrito: Segunda Parte)

19 de Agosto. “Play Boy. DIANA.”

¡Diana!. Esta vez di en el blanco. Se presentó en el Play Boy, sola y radiante. Vestía un sexy y original mono de tela vaquera sin mangas ni perneras, tan corto que sólo le llegaba hasta media nalga (por cierto: ¡qué nalgas!), y cerrado por una cremallera que mantenía cuidadosamente a media altura, o menos, y me lancé a por ella en picado, obteniendo rápidamente los primeros resultados: al poco rato conseguí besarla. Aunque en honor a la verdad, debo decir que no fue tanto mérito de mis dotes de seductor, como de que ella ahora sí venía totalmente dispuesta a “dejarse cazar” como -según decían- llevaba años deseando.

Pasamos el resto de la velada tratando de conversar entre pase y pase; entre beso y beso; cosa nada fácil porque, aparte de las lenguas entrelazadas la mayor parte del tiempo, Diana debía ser la única súbdita holandesa que apenas hablaba inglés, pero no nos hicieron falta muchas palabras, el oráculo de nuestras amistades comunes no se había equivocado: Diana y yo nos gustábamos mutuamente con locura y nos atraíamos con una fuerza sobrenatural; estábamos predestinados el uno para el otro.

Diana tenía veinticuatro años como yo, pero ya era madre de un niño de dos y, naturalmente, se lo había traído de vacaciones con ella. A quien no se había traído por lo visto -ni falta que hacía- era al padre de la criatura, aunque no se me ocurrió preguntar por él, no fuera a ser que sí. Preferí no saberlo.

Aquella noche empezó mi segundo gran amor, aunque merecería la categoría de primero por lo intenso, quién sabe. Los amores son apilables como las sillas de terraza, y no tienen por qué ser excluyentes como las religiones.

Este amor durará hasta que la muerte nos separe.

20 de Agosto. “Play Boy. Diana y yo nos encontramos en Cala Bassa, pasamos todo el día juntos y dormimos en casa de Paco.”

Xavier y yo seguíamos enfadados y no quería que una estúpida discusión me estropeara la noche, así que opté por solicitar asilo político en casa de Paco y, de paso, presumir de mi flamante ligue ante mi maestro en el arte de ligar.

22 de Agosto. Domingo. “Play Boy. Diana tenía que marcharse hoy a Holanda, pero se queda conmigo.”

Diana, osada y pasional como era, optó por lo más drástico: perder su vuelo y alquilar por otra semana su habitación.

Una de aquellas noches tuvimos en el Play Boy una divertidísima fiesta en la que los hombres íbamos disfrazados de mujeres, y viceversa. Fue la presentación en sociedad de Diana como mi nueva pareja.

La prolongación de sus vacaciones condujo a Diana a la determinación de que ya no quería separarse de mí nunca más, y al siguiente domingo tampoco tomó el avión.

EL PRELUDIO DE MI NUEVA VIDA

29 de Agosto. “Play Boy. Hoy Diana viene a vivir conmigo.”

Conseguí otro apartamento en el mismo edificio para instalarme en él con mi nueva familia, para que el niño tuviera su propia habitación y poder gozar nosotros de la intimidad que hasta entonces no teníamos, y en vez de volver a Holanda ese domingo, ella y su hijo se vinieron a vivir conmigo. Comenzábamos una nueva vida en pareja; era nuestro primer hogar.

Gerdina Hendrika Rink -que es el nombre que figuraba en su pasaporte, aunque aún tardé un tiempo en saberlo- era de Haarlem, una pequeña ciudad cerca de la playa de Zaandvoort y a 30 Kms. de Ámsterdam. Diana, más sonoro y menos agobiante, era el nombre que ella había adoptado a partir del cariñoso Dini, que es como la llamaba su madre de niña.

Era una temperamental Aries, como mi madre, pero también Dragón, como yo.

Estaba divorciada del padre de su hijo, un honrado comerciante de hachís “al detall”, y la historia de su vida venía jalonada desde la infancia por una larga sucesión de problemas, desamor, desarraigo, miedo y osadía a partes iguales, que ella apenas podía controlar, en el fondo era una bellísima fiera salvaje, inentando ser feliz en un mundo hostil.

A pesar de su triste historia, Diana era amorosa y risueña, feliz y amante de la vida como nadie que yo haya conocido. Poseía el don natural de la elegancia y el glamour; realmente se vestía con cuatro trapos; generalmente prendas viejas y transformadas, como un deshilachado vaquero recortado, y foulards que sabía usar de mil maneras… pero todo le sentaba estupendamente a aquel fantástico cuerpo y la hacía parecer una princesa.

Nos unían otras afinidades, pero la que más, sin duda era la pasión que ambos sentíamos por el sexo, llamémosle “imaginativo”, y la que nos profesábamos mutuamente.

Aparte de eso, el planteamiento inicial de nuestra convivencia era el de cualquier matrimonio corriente: yo me ocupo de traer el dinero -aunque eso iba a durar muy poco-, y tú de las labores domésticas; comer en casita y reducir gastos, que el invierno es muy largo.

Lo primero que cocinó para mí fue “Stompot met vorteljes en speckjes” (Puré de patatas con zanahoria y lonchas de bacon frito), que era de las pocas cosas que sabía hacer. Me supo a gloria, y Diana se esforzaba, pero era una pésima ama de casa. No obstante, síntoma inequívoco de que era inmensamente feliz con ella es que el día 5 de Septiembre, dejé de hacer mi diaria anotación en la agenda, estábamos demasiado ocupados para perder el tiempo en esas tonterías.

( Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 33

junio 23, 2010

ABRIL 1976

Nuestro antiguo amigo, benefactor y compañero de lucha, el insigne Jordi Sierra i Fabra, ha tenido el detalle de ilustrarme en este arduo cometido de contaros la vida y milagros de Mi Generación con sus propios recuerdos de la “Operación Quijorock” y, espero que con su permiso, me tomo la libertad de transcribir extractos de su gentil cooperación vía e-mail a refrescar mi “memoria histórica” particular. Dice el Sr. Sierra i Fabra:

La Ópera rock ‘Quijorock’ debí escribirla más o menos en 1974. Mi amigo Santi Arisa (Fusioon, Pegasus, Tribu), se interesó en producirla y llamamos a mi grupo favorito, Mi Generación, para que pusieran música a mis textos. Trabajamos bastante, ellos hicieron un montón de tema, llevamos el proyecto a Discos Ariola, dijeron que sí, pero justo antes de que la cosa cuajara nos dijeron que sacarían un single previo al doble LP, algo normal en la época. La canción elegida era la más hortera, un tema que servía para ridiculizar a las canciones del verano, pero que editado en single contribuía a aumentar la cutrez. Nos negamos y Ariola dijo no al proyecto. Nos quedamos compuestos pero no nos rendimos.

La ópera rock era inviable, pero no la posibilidad de grabar sus mejores temas y aprovechar lo que Mi Generación había hecho. Fui a varias compañías y Discos Columbia dijo que lo estudiaría, pero que teníamos que grabar una maqueta en estudio, o sea, bien hecha, para valorar el proyecto. Los estudios estaban en la calle Girona. Un fin de semana hicimos 4 temas (‘Oro’, ‘Sexo’, ‘Canto hippy’ y ‘Somos libres’), y para ello yo pedí ayuda a ‘los amigos’, los que quisieran participar. Y se presentaron desde Santi Picó (guitarra) hasta el cantante de Santabárbara, en aquellos días de moda por ‘Se llamaba Charly’. Así se grabó aquella maqueta, que conservo, pero que no sirvió de nada porque no les gustó a los de Columbia.

Tras esto ya no insistimos más y nos rendimos.

Como escribí al dirigirme a él solicitando tal ayuda, NADA PODRÍA HONRAR MÁS ESTE MODESTO BLOG, así que, desde aquí quiero expresarle mi sincero agradecimiento y disculparme por la osadía de reproducir sus palabras, tratándose de una comunicación privada y personal. Pero, ¿qué queréis?, me siento orgulloso.

Y prosigue el relato remitiéndoos de nuevo a mi agenda/diario.

3 de Abril. Sábado. Nilo. Actuamos como Mi Generación en plan baile el primer día y quedamos bien.”

4 de Abril. Nilo. Actuamos en plan pasar del público, y quedamos mejor que ayer.”

7 de Abril. “Grabamos en Gema una canción para no sé qué Muntaner y quedó bastante bien.”

No-sé-qué Muntaner, era Ramón Muntaner, todavía hoy un ídolo legendario de la moderna Cançò Catalana, ya más punk-rockera y menos excursionista.

10 de Abril. “Sallent. Actuamos de teloneros como Triada en un concierto de Iceberg y, modestia aparte, nos los comimos. La gente no paró de aplaudirnos. Cobramos la mitad. Normal.”

Iceberg ya había echado a andar y Santi Arisa lo presentaba orgulloso en su feudo, en un auditorio de Sallent, muy cerca de Manresa, su ciudad natal.

Nosotros hicimos nuestro habitual unplugged para ir calentando, y en efecto, les calentamos al público; se lo calentamos tanto que no quería que dejáramos de tocar. Cuando por fin subió al escenario, el grupo estrella fue recibido con frialdad a excepción de los más adeptos, y nos seguían reclamando.

A partir de ahí la escena fue lamentable; el arrollador sonido de Iceberg no convencía, y el público les castigó con un inmerecido desprecio abandonando poco a poco la sala mientras tocaban sus impresionantes temas. A mitad del concierto, el auditorio estaba casi vacío y decidieron darlo por terminado. Santi Arisa, tampoco era profeta en su tierra.

Sentimientos contradictorios: nos complacía sobremanera triunfar de aquel modo, pero no deseábamos fastidiar a unos amigos.

Resultado: no sé si pagaba la casa, o Santi, pero éste se justificó diciendo que aquello no había ido como se esperaba y nos pagó la mitad de lo convenido.

LA RENDICIÓN

13 de Abril, Martes. “Empezamos a probar y ensayar para grabar tres números veraniego-filadélficos en el estudio de Xavier Gras, quien se enrolla muy mal.”

Emblemática fecha ésta. Otro proyecto -éste bastante menos grandilocuente- en el que nos metió Santi con su visión comercial, pero que significaba claudicar de nuestros principios, rendirnos a la evidencia y tratar de integrarnos en la vorágine de la música comercial aprovechando el tirón del “Sonido Philadelphia”. No debía ser muy excitante la cosa, porque ni siquiera recuerdo de qué canciones se trataba, sólo que tuve que aprender a tocar escalas a octavas, y Eliseo, a mover ambos pies conjuntamente para lograr el caraterístico efecto del charles abierto acentuando el contratiempo, y así conseguimos entre ambos emular el filadélfico sonido; en eso parecía consistir básicamente el secreto.

14 de Abril. “Grabaçao. Este tío cada día se enrolla peor.”

15 de Abril. “Por fin de madrugada acabamos de grabar las bases de las tres canciones.”

17 de Abril. KENDARY. Bastante éxito. (Triada)

18 de Abril. “KENDARY. Al acabar la 3ª actuación, unas tías que estaban allí nos tiran los tejos a Javier y a mí y se nos llevan al “Franpy”.

Yo no sé qué tenía ese sitio, pero hay que ver que triunfo el de Triada entre el género femenino, ¿sería la primavera?.

19 de Abril. “Kendary.

25 de Abril. CENTRO SOCIAL ALMEDA. Poco dinero, pero mucho éxito.”

Actuación de emergencia económica en una barriada de Cornellá.

26 de Abril. “Nos dedicamos a correr Pubs en busca de trabajo. Acabo con un gran mosqueo.”

La cosa estaba cada vez más difícil, todo estaba copado por los sudamericanos con poncho que brotaban como setas en otoño, y si no fingías al menos serlo y te sabías el “Sapo cancionero”, no había nada que hacer.

27 de Abril. “Hablo con José Luis, el dueño del Club 1.800, ofreciéndole el grupo. Quiere escucharnos antes. Estamos como cuando empezábamos.”

Esa era la cruda y triste realidad: estábamos como cuando empezábamos. Después de nueve años de existencia del que había sido el conjunto más famoso del barrio -el único de la heroica generación de los sesenta que llegó a serlo-, con cientos de horas de radio y televisión, con varios discos en la calle, docenas de entrevistas, fotos y comentarios en publicaciones de todos los pelajes, tenía que explicarle a un tío de nuestra edad, y del mismo barrio, quienes éramos y darle una audición gratis en su cochambrosa discoteca. Ese fue el punto de inflexión en el que, pocos meses más tarde, basaría una dura decisión final.

Ahora sí que Mi Generación, ha tocado fondo. Aparte de los colegas músicos, nadie nos conoce, nadie aprecia nuestra música y nadie da un duro por nosotros, ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en Bilbao. Esto se va a la mierda.

28 de Abril. “Hacemos una prueba en el Pub Criollo sin mucho éxito, la gente es bastante estúpida en general. Hay posibilidad de hacer 15 días.

Nos entrevistamos con Patilla y Cia.”

Claudicamos también en lo de las “pruebas”. En el Pub Criollo -donde comenzó Triada– se habían olvidado también de Triada y nos quisieron volver a probar.

Lo de Patilla y Cia., eran unos nuevos promotores-agentes-etcétera: mucha “patilla”. De ellos obtuvimos un nuevo cartel en blanco y negro, consistente en unos voluntariosos dibujos que intentaban de reproducir unas fotos individuales que alguien tomó en el estudio durante la grabación de nuestro primer álbum, en los que quedábamos bastante más feos de lo que éramos en realidad, y una copia bastante desvirtuada del nuevo logo que yo había diseñado para la nueva etapa de Mi Generación, futurista como el Quijorrock y menos hippy que el que utilizábamos desde el 69 -que también era mío-; muchas promesas y ni una sola actuación.

29 de Abril. “Visitamos a todos los agentes del mundo sin obtener ningún resultado. Mayolas me dice que le monte un grupo de tías, y le dará trabajo.”

Desesperados por la falta de trabajo ese día nos lanzamos a una ofensiva de guerrillas. Yo fui el comando enviado a Novo Disc y la misión concluyó en fracaso y en una fortísima discusión con Salvador. No había nada para nosotros, y cuando abandoné el despacho indignado, me gritó desde dentro la lapidaria sentencia: “Tú móntame un grupo de tías y les daré trabajo”. Otra vez las modas: se había muerto Franco, y ahora -según los agentes-, lo que quería el público era ver piernas de chicas en minifalda en los escenarios, aunque no supieran tocar.

OTRA VEZ DE GRUPO DE ACOMPAÑAMIENTO

30 de Abril. “Ensayamos un par de canciones con Oriol para hacer cuatro días en Zeleste.”

Oriol, no era otro que Oriol Tamvía, un enloquecido producto de la incipiente “apertura” que aún no era más que una pequeña fisura a los seis meses de la muerte de Franco; el heredero de la corona de Pau Riba, que había emigrado a Formentera harto de la misma mierda que yo; un provocador escuálido que se sentía Superman en el escenario; no muy brillante como músico, pero respetado por los músicos; payaso, divertido y en el fondo, un gran tipo.

Jugaba la gran baza de que, al igual que Pau y Sisa, era rematadamente catalanista, y eso primaba en el ambiente “progre” de Barcelona en el que nos movíamos, mientras nosotros, traidores a la causa, seguíamos condenados al limbo de los “xarnegos”, pero como grupo de acompañamiento sin abrir la boca para que no se notase mucho, podíamos quedar muy bien ya que sabíamos tocar cualquier cosa, incluso “La chica yeyé” y “Baixant per la Font del Gat”, que eran con lo que más triunfaban Oriol y su barretina, aparte de los gigantes y cabezudos que formaban también parte del multitudinario show.

Paco, no obstante, quedaba excluido, como de casi todo lo que hacíamos por esa época.

EL DÍA DEL TRABAJO (¡Por fin!)

Sábado, 1 de Mayo. “La gente estaba tan acojonada que pocos han salido a la calle. Nos entrevistamos en pleno con Pepe Roselló sobre un posible contrato en Playboy.”

¡Sí; Playboy; San Antonio… IBIZA!.

Los rumores habían puesto muy nerviosas a las autoridades. Era el primer 1º de Mayo después de Franco y se anunciaba que lo que se iba a celebrar ese 1976, no era tanto la Fiesta de San José Obrero como señalaba en rojo el calendario, con su inocua Demostración Sindical en Madrid, organizada por Educación y Descanso, y su exhibición de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de doña Pilar Primo de Rivera, sino auténticas manifestaciones convocadas por los “otros” sindicatos en las grandes ciudades, con sus reivindicacioncitas, sus pancartas, y sus consignas expresadas en inspirados pareados de elástica métrica, que sin duda irían dirigidos contra el Régimen.

Para impedir tal desfachatez, las calles se llenaron de policías, pero circulaba menos gente que cualquier otro día y yo no llegué a ver ni una pancarta.

¡Disuélvanse!. ¡Grupos de menos de cuatro! -advertían los grises-.

Nosotros acudimos a lo nuestro: ensayar, y de repente apareció en Zeleste el mismísimo Pepe Roselló como caído del celeste firmamento y con las manos llenas de esperanza, al menos para mí.

Había venido desde Ibiza a buscarnos y Centaño le había indicado dónde nos podía encontrar. Fue directo: él seguía prefiriendo tener a Fusioon en su sala, pero se habían separado y nosotros éramos lo mejor que había pasado por San Antonio aparte de ellos, así que nos ofrecía un contrato de tres meses que era la temporada de Play Boy.

Mi corazón ibicenco me dio un salto en el pecho, y aunque percibí reticencias, no estuve dispuesto esta vez a aceptar una negativa de nadie y anticipé el sí por mi parte.

– ¡De acuerdo, pues! He estado en América viendo como funciona la cosa por allí y he traído un montón de discos. Me voy a Ibiza esta noche, pero el lunes vendré con unos cuantos para que os los escuchéis, saquéis ideas, y actualicéis el repertorio.

Esa es la parte que más ampollas levantó entre los “disidentes” obstinados en tocar solamente nuestra propia música en Ibiza, aunque en Barcelona aceptaban tocar el repertorio sin pies ni cabeza de Oriol Tramvía.

– ¿Qué se ha creído este tío, que vamos a tocar lo que él diga?.

Pepe -que iba muy sobrado-, cumplió su palabra y se presentó con una caja de cartón llena de discos, pero en ella, no había nada desdeñable: Steely Dan; The Eagles (ya sin Linda Ronstadt); Bread; Peter Frampton; The Steve Miller Band, y un grupo nuevo, los Doobie Brothers… el hombre nos conocía bien.

Finalmente, firmamos el contrato y pusimos manos a la obra compaginando lo de Oriol con el montaje de unos cuantos temas de aquellos discos: Show me the way, Listen to the music, Long train running, Green earrings, Keep on rocking me

(Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 32

junio 11, 2010

1976

COMIENZA LA ÚLTIMA ETAPA

Seguimos actuando en el People’s hasta el día 6 de Enero. El día 7 salimos de Bilbao a la una del mediodía y a las doce de la noche ya estábamos en Terrassa. Descargamos los trastos en los talleres de Confecciones Castilla (la industria familiar de Paco) y ¡hale!, cada uno a su casa. Otro regreso triunfal.

Al día siguiente nos reunimos con Jordi Sierra i Fabra Santi y Arisa para mostrarles los avances del Quijo-Rock, y quedaron encantados.

EL NUEVO LOCAL DE ENSAYO

Por si Mi Generación no tuviera aún suficientes dificultades para reemprender el vuelo, una nueva se presentó: la familia de Paco le dio el enésimo ultimátum al respecto de su dudosa manera de ganarse la vida con la guitarra, y le exigió unas horas de trabajo efectivo y tangible al pie de las tricotadoras y las “Owerlock”, que tensó más aún las relaciones. En definitiva, estaban hartos de nosotros y teníamos que buscarnos otro lugar para ensayar.

Pero, la cosa no era nada fácil. Lo que en los ’60 suscitaba curiosidad y simpatía: los grupos ensayando en sótanos y almacenes, se había convertido casi en un delito, o al menos en algo repudiado por todos en los setenta. Nadie quería tener a un conjunto dando la matraca por las proximidades. La verdad es que los amplificadores habían crecido notablemente en vatios, y desde el invento del Rock Duro y la guitarra distorsionada, los grupos nos habíamos vuelto muy ruidosos.

Mi amigo Arturo Prat decía que la música no murió el día que se estrelló el avión de Buddy Holly, como decía Don Maclean, sino cuando los clientes de las salas de fiestas dejaron de pedir una mesa cerca de la orquesta, para solicitarla lo más lejos posible.

Durante un par de días Toni y yo recorrimos la ciudad en busca de local de ensayo y, por fin, el Martes 13, encontramos uno adecuado. Al día siguiente ocupamos un habitáculo de unos veinte metros cuadrados en uno de los primeros locales que habían empezado a surgir en Barcelona dedicados especialmente al efecto. A pesar de la supuesta especialización, sólo se trataba de una ruinosa planta baja que había sido una casa de pueblo antes de ser engullida por la ciudad, en la calle Fresser, 75, cerca de la Plaza de Ibiza –¿sería de nuevo el destino?-, y en cuyas dependencias, algunas de ellas subdivididas artificiosamente con paneles de madera para ampliar el negocio, se permitía ensayar y almacenar el equipo a los grupos, sin aislamiento sonoro y sin más seguridad que dos cáncamos y un candado en cada puerta.

Nosotros éramos de los afortunados que, por no trabajar en otra cosa -o por no trabajar, simplemente- podíamos elegir ensayar por las mañanas, cuando sólo coincidíamos con uno o dos grupos más, a los cuales escuchábamos perfectamente, como ellos a nosotros. Por las noches, cuando los amateurs salían de sus trabajos respectivos, aquello se convertía en una olla de grillos donde sólo podía ensayar el que hacía más ruido -generalmente los heavies-, o no quedaba más remedio que ensayar todos la misma.

El alquiler era de tres mil pesetas al mes, lo que no era demasiado, pero para nosotros, de nuevo sin una sola actuación a la vista, sí lo era. Me parece recordar que Jordi se comprometió a aportar algo de su bolsillo para que pudiéramos pagarlo mientras trabajábamos exclusivamente en su “Quijorrock”.

Santi Arisa también se volcó en el proyecto como productor. Fusioon se había disuelto -por desavenencias con los hemanos Camp, creo-, y él andaba embarcado en la formación de un nuevo grupo con el guitarrista Max Suñer; Kitflus a los teclados, y un tal Primi -al que yo no conocía-, al bajo: Iceberg.

EMPIEZA LA CRISIS POSTMILITAR

A partir de aquí me remito a las notas de mi agenda/diario.

Jueves, 15 de Enero de 1976. “Montamos y tocamos un rato, Paco, Tony, Javier y yo”.

Eliseo pues, no estaba en el primer día de ensayo. Yo no era consciente, pero creo que Mi Generación le empezaba a quedar estrecho. Él era el único de nosotros al que se le había pasado por la cabeza hacer la carrera de Música. Empezó a lo tonto, a lo tonto, cuando vivíamos en Ca’n Pep d’en Real; se examinó por libre en el Conservatorio del Liceo; aprobó, y mientras yo estaba en la “mili” se había puesto en tercero de solfeo y piano.

En el mismo tiempo yo no había pasado del grado preliminar, pero mi único interés se centraba en saber leer y escribir como modo de comunicarme con otros músicos; expresar mis ideas y comprender las suyas sin necesidad de tararear, y lo de los diplomas y esas zarandajas, me importaba un rábano.

16 de Enero. “Día de gran mosqueo y discusión con Eliseo. Casi no damos golpe… ni comemos escalope. (Es que faltaba un verso para completar la rima)” -aclaro-.

Las nuevas obligaciones laborales de Paco, sujeto al arbitrio familiar si quería seguir manteniendo a Jeanette y a su hija en Terrassa -donde no eran nada bien vistas, ya que él seguía legalmente casado con su primera mujer-, y el piso en el que vivían, hacían que su tiempo para los ensayos estuviera muy tasado, y tuviera que ser compensado con turnos de noche en la empresa. La incomparecencia de Eliseo el día anterior desencadenó un duro enfrentamiento entre ambos, que acabó involucrándonos a todos.

17 de Enero. “Hoy ensayamos un rato sin Paco, y Eliseo dice que esta tarde no quiere venir a ensayar”.

Comienzan las hostilidades.

A pesar de todo, no perdía el humor ni un optimismo que no siempre me ha acompañado, recreándome con los fantásticos sonidos de mis nuevos y carísimos juguetes, y aunque no tenía ni idea de cómo iba a pagar las letras, disfrutaba de mi recuperada libertad, de mis viejos amigos, de algunos nuevos, de la devoción que Khris sentía por mí, e incluso de su comprensión por que yo tuviera devaneos con otras chicas. Pero es que a pesar de las desavenencias, el grupo sonaba como un cañón; nuestra música era cada vez más espectacular, y el Quijo-Rock avanzaba a un buen ritmo. En fin, estaba pletórico y los problemas quedaban relegados a un segundo plano. Pero…

24 de Enero. “Esta mañana, intentando ensayar, me di cuenta de que no sé tocar el bajo. Es horrible.”

Durante mi ausencia, José María Durán se había convertido en una especie de consejero áulico-musical a raíz de su paso por Mi Generación, y asistía con frecuencia a los ensayos, que supervisaba paternalmente, al igual que Santi y aderezaba con recomendaciones de su reconocida sapiencia. Pero, algún tiempo después de haberme dejado sin moto, aquella mañana me dejó además sin mi autoestima desmontando por completo mi estilo de bajista que, por instintivo, me resultaba hasta la fecha cómodo e incluso elogiable para otros.

– ¿No te das cuenta de que todo lo tocas con séptima? -me espetó con desprecio-.

Me quedé helado. Ni por un momento dudé de que la intención fuera buena, pero el método era malo. Soy extremadamente susceptible, más a la crítica que al halago, y me lo tomé muy mal.

De repente me replanteé todo mi modo de tocar. No pensaba en las notas que tocaba; tocaba por posiciones, y de esas posiciones obtenía las escalas y las frases que deseaba. Conocía, eso sí, los tonos y los modos, y una vez situada la mano en su posición correspondiente, los dedos funcionaban prácticamente solos, produciendo casi siempre los sonidos que yo deseaba. Analicé las posiciones de mi mano izquierda, y descubrí horrorizado que muchas de mis frases típicas contenían la séptima menor. Era cierto.

– No sé tocar. No tengo ni idea -me dije a mí mismo-. Y me sumí en una gran depresión.

Analizándolo con la perspectiva de los años de experiencia, está claro que mi querencia por la séptima, venía de que mi técnica autodidacta estaba basada en el Rhythm and Blues y el Soul, ya que de la fuente que más bebí fue de la de los bajistas negros, que es a los que más había admirado desde que me gastaba mis monedas en los jukeboxes de los bares a los doce o trece años, para sentir en el estómago el bajo de “Chain of Fools”, porque la voz de Aretha, quedaba igual de bien en cualquier tocadiscos. Yo siempre he dicho que me hubiera gustado ser negro para tocar bien el bajo. Pero entonces, deseé por primera vez tirar la toalla y dejar la música.

31 de Enero. Día de vencimientos. “Khris me ha prestado el dinero para pagar las letras de este mes.”

1 de Febrero. Domingo, hoy es fiesta: “El padre de Khris (un acomodado hombre de negocios), en uno de sus arranques, nos ofrece pagarnos la producción de un disco, grabando en Londres, por ejemplo, y lo que haga falta, siempre que no haya ningún intermediario.”

Pero la alegría dura poco en casa del pobre.

2 de Febrero. “El padre de Khris nos da el dinero para el alquiler, pero se arrepiente de todo lo demás. Normal. De todas formas: gracias.”

Por eso era un acomodado hombre de negocios.

5 de Febrero. “Centaño llama para ofrecernos del 1 de Abril, al 30 de Mayo en el San Francisco de Ibiza, y que le demos precio.”

Por fin se abría una puerta, la del regreso a Ibiza, el único sitio donde no pasábamos miseria, pero inexplicablemente, no aceptamos la oferta. Era mejor nada, que volver a Ibiza y alejarse de la fama y la promoción que nos seguían aguardando desde hacía nueve años bajo una gruesa capa de moqueta en los despachos de los ejecutivos, e incomprensión en el público español para el que se suponía que hacíamos nuestra música.

8 de Febrero. Rialto, Barcelona, tarde. Mucho éxito.

Ese día nos presentábamos por primera vez en la sala Rialto, que era casi lo mismo que presentarse oficialmente en nuestra propia ciudad, y esta vez sí parecía acompañarnos el éxito.

12 de Febrero. “Rialto. Santi y José Mª tocaron con nosotros percusión. A la gente le gustó como el primer día.”

14 de Febrero. Rialto. Sonó algo mejor que los días anteriores. Hemos tenido más de una enganchada con los de la casa. En total he cobrado 1700.”

A continuación llegó el momento de grabar la maqueta de nuestros nuevos temas, y eso tendría lugar en la sala Zeleste, bajo el auspicio de Víctor Jou y la producción de Santi Arisa, con vistas a la grabación de un nuevo álbum con la que podía ser nuestra nueva compañía discográfica: ARIOLA.

16 de Febrero. Grabación Zeleste. Se ha tenido que aplazar para la próxima semana.”

22 de Febrero. “Por la mañana llevamos el equipo a Zeleste y empezamos a grabar bases, pues la maqueta se ha de entregar el jueves.”

Era domingo; encima con prisas. Pero las prisas no son buenas y, una vez concluida la grabación, tuvimos que repetirlo todo.

23 de Febrero. “Grabamos de nuevo todas las bases, y quedan bastante bien.

24 de Febrero. “Ponemos las voces en las cuatro bases y no salen tan bien como deseábamos, pero están bastante pasables.”

La maqueta para Ariola ya estaba lista y nos encontrábamos en el momento clave para el futuro de Mi Generación. Santi se encargaría de presentárserla a un tal Tato no-recuerdo-qué-más, director artístico o algo así, el primer peldaño para que la compañía se decidiera a ficharnos. Todo dependía de que a él le gustara.

Todavía faltaba un toque comercial de última hora. Santi o Jordi, o ambos, más avezados en ese tipo de estrategias, sugieren añadir una astuta coletilla al final de “Años después”, algo así como el “continuará”. Hay que decir: Dedicado a todos los músicos”, un redoble, y: “¡y ahora… Quijorrock!. ¡Ay, Señor…!.

Y siguen amontonándose los proyectos.

De Estudios Gema surge la idea de rescatar el álbum “El Pescador”, que seguía cogiendo polvo en el mismo cajón, y utilizar el material más “acústico” en un nuevo LP, esta vez bajo el nombre de Triada, aprovechando el auge de la música de Pub.

2 de Marzo. “Reunión con Gema, a nivel dirección, para tratar sobre la cinta dichosa (El Pescador). Parece que vamos a aprovechar trozos de ella para un álbum como Triada.”

3 de Marzo. “Tato escucha la maqueta, y le gusta mucho. Falta la decisión del Consejo de Administración. Ceno con Santi y con Jordi Sabatés.”

4 de Marzo. “Me compro una guitarra española de 5700 pesetas. Estoy sonado.”

Otras tres o cuatro letras a añadir a los varios abecedarios que ya tenía en New-Phono, pero podía hacerlo porque hasta el momento, había cumplido -gracias a Khris, todo sea dicho-, y no era producto de la euforia ante tan prometedor futuro como el que se nos presentaba, no; me la compré para ingresar en Triada, que era del único modo en que Mi Generación, menguada y disfrazada, conseguía trabajar gracias a la creciente moda de los pubs.

MI ENTRADA EN TRIADA

5 de Marzo. Pub Recó, Igualada. Actuamos como Triada con mucho éxito, a 4000 ptas. Diarias”.

Mis fuentes documentales discrepan de las de Tony respecto a la fecha, pero ese día -según mi diario- reapareció Triada, y yo entré a formar parte del trío más numeroso del mundo, ya que a pesar del nombre, adoptado cuando eran Javier, Toni y Eliseo; desde entonces fuimos cuatro.

6 de Marzo. Pub Recó. Seguimos con éxito, la gente está muy quedada con nosotros.”

Desde Ibiza, no recordaba yo haber triunfado realmente ante el público, pero esta formación sí que funcionaba.

Y otro proyecto más: ahora la grabación de un single producido por Estudios Gema.

“Grabamos en Gema “Años después” para un single.”

7 de Marzo. Pub Recó. Eliseo y Javier, que venían en el coche de Alberto, se pierden y llegan casi a Tarragona. Actuamos Toni y yo solos tres cuartos de hora.”

Como auguraba la gente en el bar de Santurce la mañana que murió Franco, la cosa estaba bastante liada en España y perdí la oportunidad soñada de ver a Frank Zappa en directo.

15 de Marzo. “Frank Zappa no vino al final, acojonado por los follones que hay en Barcelona y Bilbao.”

Y seguíamos esperando la decisión de Ariola.

26 de Marzo, Viernes. “Otra vez esperábamos contestación de Ariola hoy, pero se vuelve a aplazar para el Martes.”

El deterioro de la situación política seguía en aumento y marcó otro hito en nuestra historia: la prohibición gubernamental.

27 de Marzo. “Hoy teníamos que haber actuado en Cornellá, pero nos han prohibido. ¡Es la primera prohibición!. PUB CHARLI’S.”

Prohibido por primera vez un concierto de Mi Generación, que por lo visto habíamos pasado a ser considerados “subversivos”, aquella noche actuamos de emergencia en Barcelona como Triada, en un selecto pub de la zona alta, pero a porcentaje, que siempre resulta menos de lo esperado.

Y por fin, los de Ariola tomaron una decisión:

30 de Marzo. “A las 11 de la noche, nos reunimos en casa de Jordi todos, y Santi nos comunicó que Ariola, por fin, ha dicho que no a todo el proyecto.”

Habíamos sido citados en casa de Jordi Sierra i Fabra para comunicarnos, con innecesaria solemnidad, la decisión de los excelentísimos señores ejecutivos de Ariola respecto a los varios proyectos en que nos encontrábamos metidos hasta el cuello, como digo en “Años después”, y que, por otra parte, era previsible, aunque quizás no en grado tan sumo y radical: nada de aquello les interesaba lo más mínimo.

Lo que le interesaba a las grandes compañías eran verdaderas obras de arte como el “¿Qué pasa contigo, tío?” de Los Golfos; la frase de moda de ese año, musicada a ritmo de rumba, y portadora de un mensaje en burdos ripios, que era la antítesis de todo lo que nosotros predicábamos: Hay que pasar de “tó”, y a verlas venir, que son cuatro días.

Los Diablos, también seguían colaborando como cada año por esas fechas a elevar el nivel intelectual del país con “Que suene ya la banda”, y efectuaba su aparición estelar la petarda por antonomasia: una italiana con voz desagradable y teñida de rubio platino llamada Rafaella Carra, con algo de calidad similar, “En el amor todo es empezar”.

Con otro fiasco sobre mis espaldas, caminé solo y sin prisa un par de horas hasta la casa de mis padres reflexionando acerca de este, que por enorme que fuese, ni siquiera llegó a sorprenderme; no dejaba de ser uno más en la larga lista que jalonaba la historia de Mi Generación, que era la crónica de una muerte anunciada. Otra vez todo se iba al garete. Bueno… quedaba lo de Triada, si alguien se dignaba a reflotar los restos del naufragio de “El Pescador”.

(Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 31

junio 1, 2010

1975

ESTO NO AVANZA

Llevábamos un mes largo en Barcelona, y aparte de algunas sesiones de grabación y un par de actuaciones por El Pilar, no en Zaragoza, sino en el Ovni 3 de Santa Coloma, lo único que habíamos conseguido era algunas nuevas amistades entre los músicos de más alto nivel y buenas palabras de todo el mundo, pero lo de la grabación de los temas nuevos para nuestro siguiente LP se iba dilatando en el tiempo, sin que nada se concretara en contratos de ningún tipo ni notáramos avance alguno en nuestro relanzamiento. Parecía más bien que el globo se estaba desinflando, mientras persistíamos en inflar nuestros temas -también los más antiguos- con nuevos e intrincados arreglos, cada vez más cercanos a los de Yes, Genesis y Gentle Giant, y es que, ciertamente la época en que éramos unos chicos que hacían buenas voces, pero dejaban bastante que desear instrumentalmente, había quedado atrás; en aquel momento, se puede decir que casi tocábamos mejor que cantábamos, y estábamos ansiosos de demostrarlo, aunque sólo fuera a nosotros mismos.

Así las cosas, me veía irremisiblemente abocado de nuevo a emigrar hacia el norte, donde, mal que bien -según decían mis compañeros-, íbamos tirando. Y no les faltaba razón, ya que las salas de Barcelona no tenían ningún interés en programar a Mi Generación. Como en el 71, cuando andábamos buscando discográfica, para unos éramos demasiado “progres”, y para otros demasiado poco, ya que teníamos la puñetera manía de cantar en castellano, y eso estaba muy mal visto entre quienes dominaban el cotarro de los festivales de rock y las salas alternativas. Aún, si hubiera sido en inglés…

Entonces pensé en darle una oportunidad al único empresario barcelonés loco por tener a mi grupo actuando en su local aunque fuera sólo una vez. Se trataba de algo personal, creo que era el único conocido del barrio que había aceptado desde el principio mi extravagante decisión de ser músico y llevar el pelo largo. Zapata tenía una pequeña discoteca detrás de la iglesia de Santa María del Mar: Little Castle.

Con la precariedad de medios que teníamos, yo mismo me encargué de la publicidad, diseñando un cartel del que hice numerosas fotocopias en blanco y negro -no había otra opción por entonces-, y entre Toni y yo coloreamos una por una para darles un aspecto más atractivo, y las repartimos por el barrio.

LA MARCHA VERDE

Mientras andábamos afanados con eso, apareció una noticia que me puso los pelos de punta. Los rumores que corrían por el cuartel poco antes de licenciarme, acerca de que Hassán II estaba concentrando tropas en la frontera de El Aaiún, y si lo invadían, mi regimiento era el que intervenía a continuación de la Legión, y adiós a la licencia, se habían hecho ciertos. El 6 de Noviembre entraron en territorio español unos 300.000 supuestos civiles marroquíes entre los cuales figuraban, hombres, mujeres, niños y ancianos, y mezclados entre ellos un número indeterminado de soldados armados que se ha venido a cifrar en unos 35.000. Aquello significaba la guerra, y durante el primer año, yo seguía prácticamente siendo tan militar como antes de salir. ¡Ay, madre; que éstos aún se me llevan a la guerra!.

Así, en plena crisis de ansiedad aparezco con mi cara de zozobra en las fotos de la actuación en el Little Castle.

No sé si la campaña publicitaria tuvo algún impacto, pero aquel día, el 8 de Noviembre, la sala tuvo una buena afluencia de público que, sin embargo, tampoco se mostró demasiado entusiasmado con nuestra música. Fuimos desgranando todo nuestro repertorio de temas propios, que la gente aplaudía educadamente pero sin efusiones.

Lo mejor de aquella actuación fue el estreno de mi nuevo equipo. Al final de la noche, Zapata me pagó lo convenido -que era bastante poco-, y lamentó que no hubiéramos tocado nada de Santana, que era su grupo favorito.

Al día siguiente, todo había pasado. Los 300.000 marroquíes estaban tan campantes -nunca mejor dicho-, acampados en nuestra parcela en el desierto, sin que nadie hiciera nada por impedirlo; el sultán estaba que no cabía en la chilaba y proclamó el rotundo éxito de la marcha; y el gobierno español respondió con otra marcha, pero esta por mar y aire: la “Operación Golondrina”, para evacuar a los españoles de las hasta entonces llamadas “Provincias Africanas”.

Afortunadamente para mí, lo del “ardor guerrero” no era más que la letra de una canción.

EL QUIJO-ROCK

Pero antes de partir de nuevo hacia el exilio de Bilbao, apareció otro “gran proyecto”. El siempre creativo Jordi Sierra i Fabra había comenzado a diversificar sus actividades literarias y había escrito, ni más ni menos que el libreto de lo que dio en llamar, no exento de sorna, “Zarzuela Rock”, réplica hispana a las múltiples Óperas Rock que circunvalaban el planeta.

El invento se llamaba “Quijo-Rock” y estaba basado -cómo no- en un futurista Quijote galáctico y un tanto naïf, que lucharía contra los modernos molinos de viento del capitalismo, la codicia, el hedonismo rampante, las agresiones al medio ambiente… y contenía en el fondo una severa crítica social -que era lo que a nosotros nos iba- que requería un marco musical que le diera el relieve necesario, y nuestro viejo amigo había decidido que nosotros éramos los más indicados para componer e interpretar la parte musical.

Pero no quedaba ahí la cosa; el proyecto consistía en, una vez grabada en un doble LP -por lo menos-, presentarla en teatro, y en absoluto directo, para lo cual también contaba con nosotros, pero no como simples músicos de acompañamiento, como los del Grease que yo había visto en el London Theater, sino siendo también los actores-cantantes protagonistas al tiempo que tocábamos. Jordi, que nos conocía como nadie, decía estar seguro, y acabó por convencernos de que nuestra vis interpretativa en el escenario nos iba a permitir llevarlo a cabo. Todo un reto.

De nuevo nos pusimos en marcha. Cargamos los trastos en el mismo furgón que los había traído de vuelta hacía apenas un mes y medio, y nos fuimos otra vez a Bilbao.

El 11 de Noviembre comenzamos en el Aloha de Santurce la semana habitual, de miércoles a domingo. El éxito de nuestro repertorio propio; también el habitual: después de escuchar, más o menos impresionados por el despliegue de sonido tres o cuatro de nuestros complicados temas llenos de mensaje, la gente se empezaba a aburrir y a protestar, y teníamos que tocar algo conocido de Simon & Garfunkel, o por el estilo, para apaciguarlos. Y finalmente, la que más triunfaba de las nuestras era el “A dónde voy” del malogrado álbum “El Pescador”, que es una especie de himno de cuatro acordes, con un estribillo pegadizo, y que, como el público no solía prestar mucha atención al resto de la letra, posiblemente lo identificaba más bien con algo de Los Diablos.

De todos modos, nuestras miras estaban situadas en el proyecto Quijo-Rock, que quizás, por tratarse de algo distinto, y en lo que estaba involucrado alguien de prestigio e influencia como Jordi, podía sacarnos de una vez del callejón sin salida en el que nos internábamos, cada vez con paso más firme.

En el fondo no se alejaba demasiado de lo que habíamos hecho en nuestro segundo álbum, así que acometimos el reto con ímpetu, o en honor a la verdad, debería decir que lo acometieron los de siempre. Los compositores más prolíficos del grupo: Eliseo, Toni y Javier, empezaron pronto a mostrar al resto la música con que iban dotando los, a veces nada musicales versos de nuestro amigo, y la cosa empezó a cobrar cuerpo.

LA MUERTE DE FRANCO

Después del Aloha nos llegó otra semana de “vacaciones” en la que apenas salíamos de la pensión, y dedicábamos la mayor parte del tiempo a la labor antes indicada, pero la mañana del jueves fue distinta.

No nos distinguíamos precisamente por madrugadores, pero aquella mañana –20 de Noviembre de 1975– un bullicio inusual nos despertó a todos muy temprano. Llenos de curiosidad por saber qué sucedía, nos vestimos y bajamos a desayunar al bar de abajo. La gente, estaba extrañamente eufórica a aquellas horas y en vez de los cafés de costumbre, corría el champán.

¿Qué fiesta es hoy? -preguntamos al camarero, pensando que se trataba de alguna del pueblo-.

– Ah, ¿no os habéis enterado?. ¡Se ha muerto Paquito!.

No me atreví a preguntar a quién se refería. Era evidente que Franco, había pasado a mejor vida.

¡Por fin! -pensé-, y brindé en mi interior a la salud de mi pobre padre, víctima directa de los juicios sumarísimos del Régimen, que había sobrevivido al causante de sus desdichas, y aunque la alegría general era contagiosa, a mí me asaltó cierta desazón al oír asegurar a aquella gente “ahora sí que se va a liar”: ¿qué va a pasar ahora?, ¿me volverán a llamar a filas?.

Españoles... (floriangeyer72)

A media mañana apareció en la tele un sollozante Arias Navarro anunciándolo: “Españoles: Franco… ha muerto”.

Si queréis ver vosotros también aquel momento: http://www.youtube.com/user/floriangeyer72#p/u/9/dFqFj5lPidE

El final de una vida. El final de una época.

A causa de los tres días de Luto Nacional reglamentarios, no pudimos a actuar hasta el Domingo 23, en la sala Trébol de Portugalete, y la semana siguiente, ya con normalidad, estuvimos del 25 al 30 en el Anaconda de Baracaldo.

Después del Anaconda, dejamos de recorrer toda la orilla de la ría, como la de la falda remangada, y nos trasladamos a Bilbao.

Alquilamos un piso por el centro, para disfrutar de más independencia, poder ensayar y cocinar en casa, y ahorrar en restaurantes.

El 1 de Diciembre comenzamos una semana, tarde y noche en el New Garden, sala pija para parejas de novios, parejas clandestinas y horteras de categoría, donde coincidimos con Maricarmen y sus muñecos, y sin embargo, conseguimos no quedar mal.

Del 15 al 21 hicimos otra semana, también a dos sesiones diarias en el Zuum Zuum.

Como teníamos problemas para pagar el cuantioso alquiler -el pisito era tan céntrico…-, que se pagaba semanalmente, la avispada casera nos ofreció la posibilidad de trasladarnos a otro muchísimo menos céntrico -concretamente en Lejona-, también de su propiedad. Aceptamos la oferta, y nos trasladamos allí con nuestros bártulos.

El piso en cuestión estaba situado en un edificio en construcción, en medio de un descampado lleno de barro a causa del “txirimiri”, cuyo acceso era prácticamente a campo a través, ya que la zona se encontraba a medio urbanizar; era uno de los pocos pisos que estaban terminados, y tal vez, el único habitado. Afortunadamente, el ascensor funcionaba, ya que se trataba de un sexto. Además, quedaba lejísimos de la estación de tren, y las futuras calles carecían de rótulos, y sólo consistían en algunos bordillos semiocultos entre la maleza.

EL FIN DE AÑO

A partir del 22 de Diciembre estuvimos actuando en el People’s de Basauri, incluyendo la Nochevieja. Nuestra economía no permitía de ningún modo salir a cenar a ninguna parte, así que cenamos en el piso, y luego tomamos el tren para Bilbao y ya en la estación de Achuri pensábamos tomar un taxi que nos llevara al club.

Sólo nuestra falta de experiencia en viajar en taxi nos pudo permitir cometer tal imprudencia. Naturalmente, los taxistas también celebran el fin de año con su familia. No había ni un taxi por la calle. Apretamos el paso pensando que en media hora podíamos llegar a Basauri, a tiempo de actuar, pero, a las doce en punto se abrieron todos los balcones, y la gente empezó a lanzar una lluvia de petardos que caían sobre nosotros, y nos obligaban dejar de caminar y buscar refugio en algún portal. Los malditos petardos no se acababan nunca, y cuando salíamos del refugio, arreciaba la lluvia, que ya se dirigía expresamente hacia nosotros. Aquello era un infierno. Como era de esperar llegamos tarde, sudorosos y cabreados, nos dieron una buena bronca, nos culpamos entre nosotros y acabamos el año con una fuerte discusión y una fuerte borrachera.

Adiós 1975. ¡Qué harto estoy de Bilbao!.

(Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 30

mayo 27, 2010

Octubre 1975

Como íbamos diciendo: Mi Generación parecía renacer de sus cenizas con algo que sonaba a nuevo contrato discográfico.

Fusioon

Una buena amistad y franca admiración mutua nos unían con Fusioon desde que empezamos a coincidir en los veranos ibicencos. En 1972 ya requirieron nuestra colaboración vocal en su primer LP, “Fusioon I”, colaboración que ahora, en 1975, solicitaban de nuevo para su tercer álbum “Minorisa”. Fue en ese momento cuando pareció cambiar nuestra suerte.

Santi Arisa, su líder y baterista, era un tipo lleno de energía que irrumpió como un ciclón en nuestras vidas al convertirse en nuestro productor y “tutor” musical, dándonos además algunas clases en su propia casa, para sacarnos un poco de la ignorancia que la mayoría de nosotros padecía respecto a la música escrita. Todo iba a ser fantástico y estupendo. Ariola, la compañía a la que estaba vinculado, desde luego, era más potente que Palobal. Así que, en ese ambiente optimista me decidí a acometer mi mayor sueño -aparte de recuperar algún día el amor de Marita-, y afrontar la segunda etapa de nuestra carrera con nuevos instrumentos, nuevo sonido y nuevos bríos.

EL RIKENBACKER QUE NUNCA LLEGUÉ A TENER

Mi bajista más admirado por aquel tiempo era Chris Squire, el de Yes, al que llevaba intentando parecerme desde que escuché el álbum Fragile, y de quien conseguí copiar hasta la última nota la vertiginosa línea de bajo de “Roundabout”, cantando al mismo tiempo la voz solista cuando incorporamos el tema al repertorio de Mi Generación en el 73; algo quasi circense, era el “más difícil todavía”, ya que él, no la cantaba.

Aparte de su virtuosismo, se suponía que el secreto de su prodigioso sonido eran un bajo Rikenbacker y un amplificador Orange, y ellos eran mi sueño dorado. Sólo había un problema: ambos eran carísimos.

Por esa misma razón se veían muy pocos en España, pero un día descubrí un espectacular Rikenbacker blanco en New-Phono. El precio era escalofriante: 175.000 pesetas por aquel bajo, no obstante, osé aún preguntar por el amplificador Orange. Me dijeron que no tenían ninguno pero lo podían encargar a Inglaterra, y el precio de catálogo del modelo que yo quería, el de 200 vatios con doble baffle era de 325.000 pesetas, justo medio milloncete de la época valía mi capricho de sonar como Chris Squire. Casi como cuatro SEAT 600.

– Tengo que hacer cuentas -le dije al Sr. Massó fingiendo no estar impresionado por aquellos precios exorbitantes-.

Era consciente de que todo aquello quedaba fuera de mi alcance, pero… el deseo era mucho, yo siempre he sido un pobre esclavo del deseo, y he sucumbido a las tentaciones de ese tipo y de algún otro, como ya saben ustedes.

Se me ocurrió entonces la que probablemente fue la peor idea de mi vida: ofrecer como entrada mi bajo Fender, que tenía infravalorado porque sólo me había costado 15.000 pesetas, y mi amplificador Music-Son que estaba reventado por el uso, sin creer ni por asomo que mi oferta fuera a ser aceptada; total, el no ya lo llevaba por delante. Pero Massó entendía de instrumentos mucho más que yo y, para mi sorpresa, dijo que sí en cuanto abrió el estuche del bajo, le dio un rápido vistazo y comprobó el número de serie.

– El bajo te lo valoro en cuarenta mil pelas, pero el “ampli” no vale nada; te doy dos mil quinientas, por hacerte un favor.

– ¡Vaya chollo! -pensé inocentemente- es más de lo que pagué, y lo he tenido cuatro años.

El Rikenbacker que yo quería ya había sido vendido, pero mi encargo quedó formalizado en el acto.

– Dentro de un par de semanas lo tienes todo aquí -me aseguró- y entonces hacemos las letras. ¿En cuánto tiempo lo quieres pagar?

– ¿En cuánto tiempo puedo?

– Treinta y seis meses.

– Pues eso.

– Bueno, pues me traes treinta y seis letras de hasta tanto importe, y otras treinta y seis de hasta cuanto. Eso va a tu cargo.

– Vale.

Cuando volví a la tienda después de dos semanas de impaciencia, el Orange había llegado, pero el bajo no. El joven empleado, que también era un acreditado bajista, me planteó un serio dilema.

– ¿Por qué quieres un Rikenbacker?

– Quiero ese sonido roto y contundente que tiene Chris Squire.

– Mira, acaba de salir este nuevo modelo de Gibson, el Ripper. Pruébalo. En la posición tres, tienes ese mismo sonido, y cuesta cincuenta mil pelas menos.

Era cierto. Lo probé, y me convenció. Era una preciosidad. Completamente negro y con el diapasón de ébano. Sólo un defecto: no estaba bien equilibrado y cabeceaba un poco, pero su infinita gama de sonidos hacía que valiera la pena transigir con aquel leve fallo.

Me gustó tanto, que ya no quise esperar más a que llegara el de mis sueños. Cerramos el trato, firmé letras hasta que me dolió la mano (exactamente setenta y dos), y con los intereses, la cosa superaba el medio millón de pesetas. Entregué sin sentir nada ni dudarlo un momento mi viejo Fender, me olvidé para siempre del Rikenbacker, y salí de allí con mi flamante GIBSON RIPPER.

En ningún momento se me había ocurrido indagar si la historia que me contó Edie Amorós cuando trataba de venderme el bajo del que me acababa de desprender era cierta, eso a pesar de que las firmas de tres Beatles estaban estampadas en la fantástica correa que lo acompañaba. Sin embargo, era escamante la confianza que me demostró el viejo zorro de Massó, al aceptarme todas aquellas letras, sin aval alguno, y dados los precedentes sentados por “otros” de mi grupo.

Yo aún tardé unos años en descubrir la verdad, pero este capítulo que omití en su momento cronológico, cuando andábamos por 1971, creo que debéis conocerlo. Así que teniendo en cuenta que la Historia de Mi Generación está llegando a su fin, y me da bastante pena, permitídme incluirlo ahora como ilustración del por qué afirmo que, desprenderme de mi Fender Jazz, fue la peor ocurrencia de mi vida.

“MEMORIAS DE LA CIGARRA”  Capítulo 28

MI FENDER JAZZ BASS

Con el dinero que ibamos ganando en los últimos tiempos, conseguí juntar algunos ahorrillos y cumplir uno de los sueños de todo bajista, comprarme un Fender Jazz Bass.

Supongo que debió ser a través los hermanos Durán que me llegó la onda de que Eduardo Amorós (Edie), cierto famoso bajista que perteneció a Los Mustang en alguna época, pero de quien yo ni había oído hablar, tenía el suyo en venta. Nos pusimos en contacto y la oferta me interesó, no pedía mucho dinero aunque para mi -casi siempre en la miseria- sí que lo era.

Edie, un joven mundano, simpático y buen vendedor, me lo trajo para probarlo convencido de que, una vez que lo tuviese en mis manos, daría cualquier cosa por hacerme con él. Me explicó que dejaba la música para dedicarse al negocio del automóvil, pero además me contó una asombrosa historia respecto al instrumento que yo fingí creerme por no ser descortés y espetarle: “¡vaya trola!”, que es lo que estaba pensando.

Seguramente usted pensará lo mismo cuando la lea.

AQUEL BAJO HABÍA PERTENECIDO A LOS BEATLES

Según su relato, por pertenecer a la misma compañía discográfica EMI-ODEÓN, Los Mustang y The Beatles, habían coincidido en ocasiones en el mismo escenario. Una de ellas fue en Holanda, creo que en Rotterdam, y allí, en el “backstage”, fue donde Edie descubrió por azar un bajo para diestros que no se utilizaba obviamente, ya que Paul es zurdo. Por otra parte, se le ha visto tocar con Hofner (el célebre violín) y Rikenbacker, pero nunca con Fender que yo sepa.

La explicación que le dieron era que pertenecía a John, pero que desde hacía mucho tiempo no estaba interesado en él, de modo que el pobrecito andaba dando tumbos por el mundo, de avión en avión y de camión en camión, sin un par de manos con callos en las yemas de los dedos que llevarse a las cuerdas.

Preguntó si se lo venderían y accedieron. Como recuerdo, le autografiaron la correa y además le incluyeron en el precio el estuche especialmente construido en plancha de acero, a prueba de agua y fuego, y capaz de resistir el peso de un hombre.

Fin.

Ciertamente, el instrumento valía mucho más de las quince mil pesetas que me pidió -debían hacerle mucha falta- y me lo hubiera quedado igual sin necesidad de toda aquella aureola de leyenda y gloria en que venía envuelto, y que me pareció una invención destinada a presumir de haberse codeado con mis máximos ídolos y, de paso, consumar la venta.

Pero lo cierto es que cuando me entregó aquel estuche negro cerrado, noté que pesaba como si realmente fuera de hierro y lo era. El bajo estaba impecable, sin rayaduras visibles y con todos sus herrajes relucientes, y cuando me atreví a colgármelo descubrí que venía acompañado de la correa más impresionante que he visto jamás. Era de grueso cuero que fue claro originalmente, pero estaba oscurecido ya por el manoseo, recubierta en gran parte por láminas de latón que parecían grandes escamas que habían perdido el brillo por la misma causa, y dispuestas solapadamente, como sobre la piel de un pez, de modo que se abrían al curvar la correa y se cerraban al estirarla.

Lo más increíble era que los extremos, libres de “escamas”, estaban casi totalmente cubiertos de firmas, entre las que pude reconocer las de tres Beatles -no recuerdo cuál no estaba- amén de dedicatorias, lemas y frases graciosas en inglés, escritas por distintas manos con diferentes tintas y variadas caligrafías.

Todo aquello daba tal verosimilitud a la historia de Edie que, de tan evidente, me reafirmó en mi convencimiento de que era falsa. ¿Cómo iba alguien a querer desprenderse de aquella joya si las firmas fuesen auténticas?. Y menos por aquel precio irrisorio.

Pero mi escepticismo no me impidió apreciar la calidad propia del instrumento y cerramos el trato. Accedí a pagar las quince mil pesetas sin regatear, que -aparte de injusto en aquel caso- siempre me ha parecido una villanía, y él me extendió una correctísima factura. Así que el día 25 de Julio de 1971 me convertí en propietario legal y gozoso del Fender Jazz Bass con el número de serie 212794.

Por si hasta aquí la cuestión quedaba poco clara, aquí viene la segunda parte:

Tras unos meses de feliz idilio entre mi Jazz Bass y yo, recibo en casa de mis padres la llamada de una chica que decía ser la novia de Edie, contándome angustiada que éste había tenido un problema legal en su negocio y estaba en la cárcel, por lo cual me rogaba encarecidamente que le devolviera la correa, porque deseaba tenerla como el recuerdo más personal y significativo de su amado durante tan dolorosa separación.

De repente intuí la verdad. A pesar de que no soy muy rápido de reflejos, deduje que la leyenda podía ser cierta y aunque en principio sus palabras me enternecieron, sospeché que tras ellas se ocultaba la intención de venderla a algún coleccionista adinerado y obtener por ella una cantidad que ayudara a Edie en su infortunio. Cualquiera de las dos razones me pareció suficientemente noble aunque la segunda era la más verosímil y, por solidaridad con él, hice el gesto de devolver tan legendario y valioso fetiche pese a mi recién adquirido convencimiento de su autenticidad.

Esta historia aún tiene una tercera parte que le acabó de dar esa autenticidad, pero sucedió en un tiempo muy posterior a la existencia de Mi Generación.

Ahora os cuento lo del “Quijo-Rock“.

(Continuará…)

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Eduardo Amorós (Edie), cierto famoso bajista que perteneció a Los Mustang en alguna época, pero de quien yo ni había oído hablar, tenía el suyo en venta. Nos pusimos en contacto y la oferta me interesó, no pedía mucho dinero aunque para mi -casi siempre en la miseria- sí que lo era.

Edie, un joven mundano, simpático y buen vendedor, me lo trajo para probarlo convencido de que, una vez que lo tuviese en mis manos, daría cualquier cosa por hacerme con él. Me explicó que dejaba la música para dedicarse al negocio del automóvil, pero además me contó una asombrosa historia respecto al instrumento que yo fingí creerme por no ser descortés y espetarle: ¡vaya trola!”, que es lo que estaba pensando.

Seguramente usted pensará lo mismo cuando la lea.

AQUEL BAJO HABÍA PERTENECIDO A LOS BEATLES

Según su relato, por pertenecer a la misma compañía discográfica EMI-ODEÓN, Los Mustang y The Beatles, habían coincidido en ocasiones en el mismo escenario. Una de ellas fue en Holanda, creo que en Rotterdam, y allí, en el “backstage”, fue donde Edie descubrió por azar un bajo para diestros que no se utilizaba obviamente, ya que Paul es zurdo. Por otra parte, se le ha visto tocar con Hofner (el célebre violín) y Rikenbacker, pero nunca con Fender que yo sepa.

La explicación que le dieron era que pertenecía a John, pero que desde hacía mucho tiempo no estaba interesado en él, de modo que el pobrecito andaba dando tumbos por el mundo, de avión en avión y de camión en camión, sin un par de manos con callos en las yemas de los dedos que llevarse a las cuerdas.

Preguntó si se lo venderían y accedieron. Como recuerdo, le autografiaron la correa y además le incluyeron en el precio el estuche especialmente construido en plancha de acero, a prueba de agua y fuego, y capaz de resistir el peso de un hombre.

Fin.

Ciertamente, el instrumento valía mucho más de las quince mil pesetas que me pidió -debían hacerle mucha falta- y me lo hubiera quedado igual sin necesidad de toda aquella aureola de leyenda y gloria en que venía envuelto, y que me pareció una invención destinada a presumir de haberse codeado con mis máximos ídolos y, de paso, consumar la venta.

Pero lo cierto es que cuando me entregó aquel estuche negro cerrado, noté que pesaba como si realmente fuera de hierro y lo era. El bajo estaba impecable, sin rayaduras visibles y con todos sus herrajes relucientes, y cuando me atreví a colgármelo descubrí que venía acompañado de la correa más impresionante que he visto jamás. Era de grueso cuero que fue claro originalmente, pero estaba oscurecido ya por el manoseo, recubierta en gran parte por láminas de latón que parecían grandes escamas que habían perdido el brillo por la misma causa, y dispuestas solapadamente, como sobre la piel de un pez, de modo que se abrían al curvar la correa y se cerraban al estirarla.

Lo más increíble era que los extremos, libres de escamas, estaban casi totalmente cubiertos de firmas, entre las que me pareció reconocer las de tres Beatles -no recuerdo cuál no estaba- amén de dedicatorias, lemas y frases graciosas en inglés, escritas por distintas manos con diferentes tintas y variadas caligrafías.

Todo aquello daba tal verosimilitud a la historia de Edie que, de tan evidente, me reafirmó en mi convencimiento de que era falsa. ¿Cómo iba alguien a querer desprenderse de aquella joya si las firmas fuesen auténticas?. Y menos por aquel precio irrisorio.

Pero mi escepticismo no me impidió apreciar la calidad propia del instrumento y cerramos el trato. Accedí a pagar las quince mil pesetas sin regatear, que -aparte de injusto en aquel caso- siempre me ha parecido una villanía y él me extendió una correctísima factura. Así que el día 25 de Julio de 1971 me convertí en propietario legal y gozoso del Fender Jazz Bass con el número de serie 212794.

HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 29

mayo 20, 2010

Julio de 1975

Qué rara se me hacía la libertad sin fecha de caducidad. Me quedé algunos días en plan vacaciones en Barcelona, gozando de toda la hospitalidad de Khris, readaptándome e incluso aprendiendo a andar y actuar sin la marcialidad que me había sido inculcada.
Me permití hacerlo en vez de salir corriendo para Bilbao para reincorporarme a mi puesto, que era lo que más deseaba, porque en aquel momento Mi Generación también disfrutaba de unas “vacaciones” en la hermosa villa del Nervión.

Desde que llegaron allí tres semanas antes, habían actuado cinco días, del 24 al 29 de Junio en el Holiday, en sesiones de tarde y noche, e incluso alguna matinal, y ocho entre el 2 y el 13 de Julio, en el Club Kaikus de la enazufrada Sestao. Pero desde dos días antes de licenciarme, hasta el siguiente 3 de Agosto, no tenían ni una sola actuación. No sé si habían sido cancelados en alguna sala, o había sido por culpa del representante; cabía cualquier posibilidad ya que el empeño en interpretar solamente nuestros propios temas no tenía buena acogida, según pude luego comprobar. En esas circunstancias, no resultaba aconsejable mi advenimiento, ya que yo, recién salido de la “mili”, tampoco podía costearme la estancia durante otras tres semanas de inactividad.

Cuando llegué a Bilbao, el panorama era aún más desolador que las veces anteriores. El dinero de las primeras semanas se había agotado, o estaba a punto después de pagar al transportista -que naturalmente cobraba también por volver de vacío- y descontar las comisiones.
La reincidencia podía ser disculpable si tenemos en cuenta lo rematadamente mal que nos iba en Barcelona, pero, ¿por qué no habían vuelto entonces a Ibiza?, o ¿por qué no cualquier otra temporada de Costa?, ¿qué coño hacíamos en Bilbao cuando todo el mundo salía corriendo de allí hacia las playas del Mediterráneo?. Me resultaba incomprensible la terrible atracción que Bilbao ejercía sobre algunos de mis compañeros, pero lo mío con el grupo era amor ciego, acepté como dogma su decisión, me guardé las preguntas y me alegré inmensamente de volver a estar con mis amigos. Lo importante era que, al fin, volvíamos a estar los cinco reunidos.

En cambio, el tórrido romance de Toni y su sensual alemana se marchitó al acabar la primavera. Parecía que la cosa iba en serio (incluso existían planes matrimoniales) y ya casi le veíamos casado, pero no fue así, y lo que vimos fue un amor frustrado por la incomprensión hacia la incondicional vocación de Toni, de la hipotéticamente futura Sra. de Palacín.

Esta vez, en lugar de sustituir urgentemente a Uly por otra -o varias-, que era el modo en que solíamos buscar remedio rápido al mal de amores, y de la dosis de misoginia propia de los corazones rotos, lo suyo fue bastante más drástico.
Tal como anunciaba a principios del 74 en su canción “El Ególatra”, inspirada en “El Retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde, “ya no buscaba el amor de una mujer”. Aquel desencanto amoroso fue al parecer determinante para hacerle tomar la pragmática decisión de ampliar horizontes y probar suerte también con el otro género.
En este caso tampoco hice preguntas, cada uno es libre de elegir sus compañías, y de hecho, no fui totalmente consciente de su cambio de opción hasta un año más tarde. Pero mejor que yo, os lo explica el propio Toni, con sus propias palabras:

Uly y Lucky aparecieron al mismo tiempo.
Aunque yo acababa de tener mi primera experiencia gay, estaba todavía persuadido de mi pertenencia al grupo “hetero”. Uly era guapa y simpática. Nos “enamoramos”, y aquella relación duró más que la temporada en el San Francisco.
Ella volvió a Barcelona varias veces, y los tres, ella, Lucky y yo, (pues a él también me lo llevé a Barcelona), pasamos momentos felices juntos. Mi madre estaba encantada.
Un día, llevado por un entusiasmo momentáneo, por primera vez me decidí… y le propuse que nos casáramos…!!
Ella me miró con aquella caríta de alemana “formal” y respondió: “Sí…, pero… TENDRÁS QUE DEJAR LA MÚSICA… y buscarte un trabajo estable con el que podamos vivir.
No quiero ser la mujer de un… “vagamundos”. Debes escoger…!!

Efectivamente escogí… y me quedé con el perro.

¿Puede alguien que realmente te quiera pedirte que renuncies a tu propia esencia? La música, para mí, nunca fue una opción alternativa… era el amor de mi vida.

Romántico empedernido, preferí renunciar a un tentador futuro “ideal” por amor.

.

Lucky, el perro de Toni.

Entre una actuación y la siguiente, nuestro equipo se guardaba en el local de Los Mitos, en la Ribera de Deusto, gentileza que, junto a la de venir a vernos a ver al Holiday de vez en cuando, hacía pensar que habíamos arraigado en el ambiente musical de Bilbao.

Mi reentrée se produjo el 3 de Agosto de 1975, en el Club Landachueta de Lujúa, una de esas sociedades privadas que tanto gustan a los vascos -y vascas, que es como hay que decirlo ahora-. Era casi como volver a empezar.
Para empezar bien, cambié las cuerdas del bajo que llevaban quince meses oxidándose aburridas, como yo. No recuerdo si tuvimos ocasión de ensayar, pero en cuanto me vi en el escenario, con mi maravilloso Fender Jazz colgado, se me pasó el nerviosismo y las notas volvieron a mi cabeza y a mis dedos como si nunca hubiera dejado de tocarlas. El único contratiempo fue que había perdido los callos de las yemas y la segunda actuación me resultó algo dolorosa, ya que actuamos a medio día y por la noche. No obstante, salimos por la puerta grande.
La siguiente tardó otros diez días en llegar: del 13 al 17 de Agosto en el Galo’s de Santurce.

Por cierto: nunca olvidaré que ese 16 de Agosto mis compañeros me despertaron cantando el “Cumpleaños Feliz“, y con el mejor regalo que me podían ofrecer rascándose el fondo del bolsillo, supongo. Me trajeron a la cama una jarra con un litro del exquisito chocolate de la Granja María Luisa. Conocían mi pasión por el chocolate y las chicas, y Paco me hizo por su cuenta un regalo extra que satisfacía mi otra pasión, cediéndome gentilmente y sin resquemores a Marisa, una chica guapa y desinhibida que era su ligue de entonces, al darse cuenta de que entre nosotros saltaron chispas y feromonas apenas aparecí por Bilbao, y que a la chica le apetecía más desde aquel momento otro “miembro” de Mi Generación. Tampoco olvidaré jamás a ese “regalo” (Un beso a Marisa si alguna vez lee esto). Y es que, así eran las cosas entre nosotros: amistad prueba de todo.

A partir de ahí, parecía que se empezaba a regularizar la cosa: 20 y 21 de Agosto en el Trébol Club de Portugalete; el 22 de Agosto volvimos al Landachueta; 23 y 24 otra vez Trébol, y del 26 al 31 en el Anaconda de Baracaldo.

¡DISCREPO!

Aunque habíamos conseguido un buen número de actuaciones, de un modo más o menos enlazado, lo que no conseguíamos era un éxito regular; en muchos casos: ni siquiera mediocre, y es que el público no mostraba demasiado interés por nuestros temas propios, que era lo que tocábamos contra viento y marea, a pesar de que la gente aplaudía más bien poco, a veces nos silbaba, y se desgañitaba con frecuencia pidiendo que tocáramos algo conocido.
Al deprimente ambiente de Bilbao y sus ciudades satélite, que era donde ejercíamos mayormente nuestro incomprendido arte, había que añadir la depresión de salir a menudo de los locales en los que actuábamos con las orejas gachas, sin haber recibido el aplauso que, como es sabido, es el alimento del músico, y encima viendo peligrar el otro alimento, el pan nuestro de cada día, pues el riesgo de dejar de ser contratados se hacía patente.
Disponíamos de mucho tiempo para reflexionar entre actuación y actuación, pero ese tiempo lo empleábamos en componer y componer más temas del mismo estilo, cargados de mensaje y recargados de arreglo e instrumentación, indigestos para un público que ahora repartía sus preferencias entre “Saturday night fever” y “El Vals de las mariposas”; Georgie Dan y su maldito “Bimbó”, y el relamido “Feelings”, de Morris Albert.
Ante el cariz que tomaban las cosas, se convocó reunión para hablar en serio del tema y tratar de hallar alguna solución que nos permitiera seguir a flote, ya que el barco hacía agua por todas partes.
Avanzada la asamblea y en vista de que lo único que se decía eran heroicas divagaciones, Paco, haciendo su aportación de sensatez, quiso concretar.
– Yo creo que lo que necesitamos es hacer un estilo más…
Y, no encontrando la palabra para definirlo, aunque todos sabíamos perfectamente lo que quería decir, titubeó un instante, instante que fue aprovechado por Xavier para rebatirle, como de costumbre, con un contundente “¡Discrepo!”.
¡Eso, eso!. -Continuó el bueno de Paco, que no había captado la traicionera consonante culpable de la diferencia entre discrepo y discreto, que le pareció idónea para definir un estilo más “comercial”, ya que todos teníamos la fea costumbre completar sus frases, y la aceptó inmediatamente como la palabra que buscaba.
Naturalmente, el ataque de risa subsiguiente dio al traste con la seriedad de la reunión, y con la reunión, de la que no salió conclusión alguna con los resultados que más tarde se verán. Pero, treinta y tantos años después, nos seguimos riendo, incluso Paco.

Mi Generación (Reunidos tras 46 meses de mili) - Borgia, Logroño Sept. 75

El 3 de Septiembre volvimos por cinco días al Borgia de Logroño -otro viaje y otro transporte doble-, y desde ahí hasta el 21 de Septiembre, actuamos otros diez días entre el Anaconda, el Landachueta y el Holiday, y se acabó.
El dinero ganado apenas llegaba para pagar la larga cuenta acumulada en la pensión y, hacerlo significaba regresar a Barcelona sin un duro, como de costumbre. Sin ningún contrato más a la vista, prácticamente no nos quedaba más remedio que cometer la infamia de fugarnos de madrugada.
Emprendimos pues una no demasiado rápida huida en dirección sur, con la ingente cantidad de equipo que arrastrábamos en un furgón Mercedes de 3500 Kg. -hacía tiempo que había dejado de caber en una furgoneta-, y en el Seiscientos de Toni.

GRANDES PROYECTOS

Metimos de nuevo el equipo en el taller de la familia de Paco. En Barcelona tampoco teníamos actuaciones de momento, pero al menos nos quedaban las grabaciones. José María Durán, que seguía muy metido en el restringido grupo de los músicos de sesión, consiguió volver a introducirnos en Estudios Gema para poner voces, guitarras acústicas, y hasta grabar bases. No era mucho, pero proporcionaba ingresos y nos volvía a introducir también en el mundo de las discográficas, del que habíamos quedado excluidos al desaparecer Palobal, o mejor dicho: Pablo López Balada.

Todo aquello resulta muy confuso, porque tratábamos con gente de diversas compañías, pero creo que fue Santi Arisa, el batería y líder de Fusioon, que estaba dando sus primeros pasos como productor, quien primero se interesó por nosotros. Miguel Casas, nuestro productor de toda la vida, había huído de España harto de desengaños a producir a otra parte: a Venezuela. Volvíamos a tener pues “grandes proyectos”.

Aunque nuestro segundo álbum, ya grabado y mezclado, seguía prudriéndose huérfano de distribuidora en algún cajón, nos propusieron grabar algunas de las nuevas canciones: “Años después”, de nuevo una colaboración entre Eliseo y yo, “Desde aquí”, de Xavier, “Sobre mis pies”, que había compuesto yo solito -por fin me había salido algo animado-, y que contenía mi famosa frase “Pero, realmente, no tiene importancia”, que yo empleaba siempre para quitar hierro a las desavenencias del grupo, e infundía un toque optimista a la catastrófica visión de la sociedad que expresaba en mi canción y reafirmaba mi negativa a “pasar por el tubo”. Con permiso:

“No hay respuestas
para quien quiere saber.
Mi cuerpo vive,
pero, ¿quién vive dentro de él?
Este mundo
pagará bien tu función
para que sigas
muriendo bien alimentado.

Pero, realmente,
no tiene importancia, les escuché,
pero prefiero
andar todo el camino sobre mis pies.

Una alusión a Joaquín Luqui y el chasco que me llevé con lo de Los 40 Principales, y una crítica a la credulidad del público.

Ejecutivo,
tú, que eres joven y agresivo,
¿has heredado
el paraíso prometido?.
Crucificamos,
somos reacios a entender.
Nos asustamos
De lo que pueda suceder.

Por alguna razón, la cosa no le pareció a alguien suficientemente pesimista, o musicalmente completa, y acabamos incluyendo un dramático interludio de Javier, en tono menor y con un tempo reducido a la mitad, que disuadiera de cualquier tentación de bailar si a alguien se le empezaba a mover el pie con el machacón ritmo del tema:

Vuestro futuro ha pasado,
vuestra vida ha terminado
mucho antes de empezar.
Piedra y camino que he de andar.
Camino, piedra y caminar.

Algo muy machadiano, pero que yo no acababa de ver ligado con lo mío. No obstante, lo que me sacaba de quicio y me despistaba al cantar era que, sobre la melodía, la palabra “futuro” sonaba esdrújula, con lo cuidadoso que siempre he sido yo para esas cosas.

La piedra es piedra sin saberlo,
y algún hombre, sin quererlo,
es piedra y es hombre a la vez.
¿Por qué?

¿Por qué? -seguíamos preguntando años después-. Y volvíamos a la carga con una variación del estribillo.

Pero, realmente,
no tiene importancia.
Cada cuál busca
su parte de felicidad.”

Que se repetía unas cuantas veces hasta el final. Observe el lector mi astucia en la autocita del último y subliminal verso. Sólo me faltaba recordar al distinguido público que podían adquirir el single con nuestro único éxito en los establecimentos del ramo. Pero hubiera sido inútil, llevaba cuatro años agotado.

La propuesta incluía algunas más: “Humo”, también de Eliseo y mía; “Para cuando estés triste” y “El ególatra”, de Toni, y la grabación se llevaría a cabo, como en los primeros tiempos, de modo independiente, para después intentar que las editara Ariola, que -si mal no recuerdo- era la compañía en la que andaba metido Santi.
¡Aleluya!. Mi Generación renacía de sus cenizas y teníamos algo que sonaba a contrato discográfico, parecía que las cosas iban por buen camino.

(Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 28

mayo 12, 2010

Octubre 1974

Por las perspectivas de falta de trabajo ya mencionadas, y por el amor de una bella noruega, Edy (mi sustituto) abandonó el grupo y se fue a vivir con ella a su país, donde según mis noticias continúa la feliz relación.

Toni también se trajo de Ibiza compañía: una espectacular alemana llamada Uly, de la que se le veía realmente enamorado por primera vez, tras una larguísima lista de ligues y devaneos anteriores comparable a mía, y un perrito al que llamaba Lucky. Los tres se conocieron a la puerta del San Francisco.

Como solía ser ya una maldita tradición, Mi Generación no consiguió ni un bolo hasta Diciembre, y carentes otra vez de bajista tras la huida de Edy, reclutaron a un tal Javito, del que, aunque le conocí unos años más tarde en Ibiza, nadie recuerda el apellido. Discúlpame Javito, sé que llegamos a ser amigos, pero hace treinta años que no te veo.

La nueva formación provisional debutó el 1 de Diciembre, en La Tortuga de Mataró.

El 3 de Diciembre se presentaron de nuevo en la Sociedad Deportiva Amaya de Pamplona, por un solo día, tarde y noche, y nada más hasta el 22 en la sala Gabriel de Palafrugell.

Para Navidad llegó algo más sustancioso, pero tuvieron que desplazarse 1000 Kms. hasta Vigo, donde hicieron seis actuaciones en la sala Nova Olimpia hasta fin de año. Y se acabó 1974.

Nova Olimpia. Peázo sala...

1975

Debido al éxito, Mi Generación permaneció otra semana, hasta el 6 de Enero en el Nova Olimpia, que hizo el viaje rentable.

De regreso a Barcelona les esperaba una actuación en el Ovni 3 de Santa Coloma, el día 12, nada hasta el 26 en la discoteca Pigalle de Camprodón y, a partir de ahí, la agenda quedaba totalmente vacía.

Toni Ibáñez

Eso probablemente fue lo que puso en fuga también a Javito, ya que por entonces se produjo un nuevo relevo en el puesto de bajista, incorporándose Toni Ibáñez, mi dignísimo tercer sustituto, cuya experiencia como miembro de Mi Generación os transmito en sus propias palabras, que me tomo la libertad de copiar y pegar del e-mail que me remitió hace unos días, respondiendo a mi desesperada búsqueda de información sobre una época del grupo en la que no estuve presente.

Bueno, ¿cómo contacté? Buen ejercicio de memoria… Yo tenía un amigo, bajista también, que tocaba en un grupo y por aquel tiempo ensayaban en unos locales de Bcn (creo que eran los de Vilapiscina). Pues bien un día me dijo que en al bar se había encontrado con un tal Toni de Mi Generación y le dijo que estaban buscando a un bajista para suplir a un tallll…… ah sí, Pepe, que estaba en la mili. Tengo que decir que unos 3 años atrás más o menos os había visto en un festival de grupos en las viviendas de la SEAT por la Zona Franca. Ese era mi barrio. Por cierto ganasteis el concurso. Recuerdo que tocasteis.. cómo se llama? Esa que decía: na na naaana. Na na naaaana ehh ehh ehh goodbay. Te acuerdas??

No sé si lo sabes pero por aquel entonces Mi Generación tenía muy buena fama entre los músicos de Barcelona.

En fin…cuando mi amigo me dijo que buscaban un bajista, enseguida me puse en contacto con Toni. Me llevaron al local de Paco en Tarrasa para hacerme una especie de prueba…. Ese mismo día me dijeron que sí. (Supongo que tenían prisa) ja ja.

Llevé mi equipo allí (un Sinmarc con dos bafles altos y un fender jazz bas) y nos pusimos a ensayar. Tocábamos temas de Mi Generación casi todo y alguna versión de otros.

Pronto tocamos en el Silvis (fotos) y después nos salió el contrato de una semana en el Holiday de Bilbao.

Bueno…tendrías que habernos visto.. 4 tíos en aquel seiscientos (Paco iba con la furgo) Creo que hasta nos paró la poli al llegar al Pais Vasco..

Una vez allí , nos contrataron para más semanas en otros sitios. Para mí fue un tiempo inolvidable. Sonábamos de la hostia y disfruté de aquel tiempo como nunca. La verdad es que me sentía muy unido a todos. Ya te dije que Mi Generación enganchaba.

Y así hasta que llegaste tú. No, no te odio por eso, pero me fui en el tren de vuelta con lágrimas en los ojos. Lo cierto es que volví y estuve con vosotros una o dos semanas, creo.  Fue ahí donde por primera vez os escuché tocar C.S.N&Y. Aluciné por un tubo. Los vascos también.

Bueno, al verano siguiente fuisteis a Ibiza no sin antes tocar en algún sitio en Bcn. Zeleste, Una disco en Ronda S Antonio o S Pablo…

El resto te lo dejo a ti. Tú estabas y yo no.

Gracias Toni, espero que no te moleste mi atrevimiento, pero me siento muy honrado de que sigamos siendo amigos, y quiero que los lectores lo sepan. ¡Ah! y que tú sepas que de Toni, Paco, Xavi y Eliseo sólo he oido elogios hacia ti.

Aunque el tiempo de la “mili” transcurría con una lentitud enloquecedora, en mi calendario de bolsillo ya quedaban relativamente pocas fechas por tachar. Hasta me atrevía a remachar el grito ritual de “una menos” después de cada retreta, con el más triunfal de “¡estoy lili como una gamba!”, reservado a los próximos licenciados, pero los días parecían estirarse como el chicle. Para acrecentar mi impaciencia, no faltaban los rumores de “Radio Macuto” que unos días anunciaban que la licencia se adelantaba, y otros, que se retrasaba porque el Caudillo estaba muy grave, y los moros, concentrando tropas en la frontera de El Aaiún. Éstos últimos estaban más fundamentados.

Mientras tanto, la existencia de Mi Generación era casi tan improductiva como la mía. En mis permisos de fin de semana (cada dos) nos reuníamos en Barcelona, en el piso de Khris, la amiga-con-derecho-a-muchísimo-roce que conocí en mi primera salida del campamento y dulcificó el resto de mi mili hasta extremos insospechados; una persona tan buena y generosa, que acabó siendo la “madrina” del grupo en muchos sentidos. Casi siempre los encontraba allí, ya que las actuaciones escaseaban cada vez más. Nunca había estado tan mal la cosa desde que me uní a Mi Generación. Al menos, desde 1970 la costa, y luego Ibiza, nos venía salvando verano tras verano, como decía la letra de “Años Después”, pero ese año, ni siquiera había temporada de costa.

Prácticamente nada desde que volvieron de Vigo, lejano lugar para ir a actuar sólo los festivos desde Navidad a Reyes. Ni una sola actuación desde el 26 de Enero hasta el 12 de Abril, y eso fueron dos bolos como grupo de acompañamiento del inefable Luc Barreto, con dos semanas de distancia. Luego hicieron un par de bolos más, acompañando a otro cantante del que jamás había oído hablar, ni llegué a oír cantar, un tal Karlo, de quien sospecho que debía ser gallego, porque parece que sólo actuaba en la Casa Regional de Galicia en Barcelona, y de cuyo estilo también sospecho lo peor.

POR CIERTO…

El día 11 de Abril, durante uno de mis cortos permisos, acudimos todos juntos y en franca camaradería a ver a Genesis en el Nuevo Pabellón de Deportes de Badalona. El concierto era “The Lamb lies down on Broadway”. Impresionantes de nuevo con sus miles de watios y sus proyecciones láser, pero para mi gusto, no resistía la comparación con lo que vi en el legendario Rainbow, sobre todo el sonido y el ambientillo.

TRIADA

Los “Pubs” musicales, que habían comenzado a aparecer en el 72, se hallaban en pleno auge en el 75, ofreciendo al público un amplio elenco de imitadores de Bob Dylan y Joan Báez, y guitarristas de clásico que interpretaban “Rumores de la Caleta” y el “Romance anónimo”, más conocido como “Juegos prohibidos” o “Juegos reunidos”, según quien lo solicitara, y a mis compañeros se les ocurrió una forma de introducirse en aquel circuito tan poco ruidoso como pagado, con el fin de obtener algún dinero mediante la reducción de plantilla, ya que Paco quedaba excluido en el exilio de sus “factorías” en Terrassa, y una drástica reducción de equipo, ya que la idea era sacar partido de nuestra reconocida maestría con las voces y las guitarras acústicas; más o menos como cuando cenábamos bocadillos de croquetas por los alrededores de las Ramblas, pero ahora en versión homologada, sentados en un escenario y retribuidos con dinero en vez de a tapa por canción.

Así nació una réplica de Crosby, Stills and Nash para competir con todos los otros imitadores que pululaban por el circuito, llamada Triada, como uno de sus discos en directo, y en la que los papeles estaban perfectamente definidos, como hechos a medida: Toni Crosby, Javier Stills y Eliseo Nash. Simplemente tocaban el repertorio de Mi Generación, pero sin batería ni instrumentos eléctricos, de manera que fueron seguramente los precursores del “unplugged”, al menos en España.

TRIADA

Triada debutó el 6 de Mayo de 1975 en el Pub Criollo, por cuyo nombre es fácil adivinar que la competencia eran melancólicos emuladores de los cantautores sudamericanos en boga, como Victor Jara, Mercedes Sosa, Jorge Cafrune o Atahualpa Yupanqui, de los que copiaban incluso el poncho y el acento.

No pude estar allí para verlo, pero supongo que, aunque el distinguido público no entendiera bien lo que cantaban -tampoco creo que comprendieran mucho mejor la profundísima poesía del Cono Sur, aunque fuera en castellano-, debió agradecer escuchar algo que no condujese directamente a la depresión. A pesar del presunto éxito, aquello fue el debut y la despedida de aquella formación.

En seis meses, dos actuaciones: 10 y 11 de Mayo en Ovni 3, Santa Coloma de Gramennet y una en Silvi’s. La cosa era más que alarmante. Aún reincidieron una vez más con Karlo el 15 de Junio, pero prácticamente, Mi Generación no volvió a actuar como tal hasta que reapareció en Bilbao el 26 de Junio, debido a alguna misteriosa fuerza que nos arrastraba inexorablemente hacia allí, con lo poco que me gustaba a mí Bilbao, a pesar de lo cual, lo que yo más deseaba era volver a unirme a ellos.

EL GRAN DÍA

No hubieron adelantos ni retrasos y, finalmente, el día 15 de Julio, según lo previsto llegó la ansiada licencia. Hasta el último momento estuvimos en vilo, con la ropa de paisano ya colgada con autorización en la taquilla, atentos a los rumores, pero aquella gloriosa mañana nos ordenaron vestirnos de granito y salir a formar al patio de armas para el último desfile. Habían instalado un sistema de megafonía, y por primera vez, durante la ceremonia, escuché el Himno de Infantería reproducido en un tocadiscos. Sentí una gran satisfacción al comprobar que sólo ostentaba leves diferencias con el que yo había recompuesto a partir de los tímidos canturreos de mis superiores y que había quedado instituido como himno de aquel regimiento. Había dejado huella de mi paso. Desde entonces, cada vez que alguien, en mi larga vida de músico de mil batallas me ha preguntado si conozco el “Ardor Guerrero”, le respondo en broma que es mía -y aprovecho de paso para contar esa-.

Aguantamos firmes bajo el sol de julio los discursos del Coronel y del Capitán General, que asistió al evento, y por fin se escuchó el último y ansiado “¡Rompan Filas!” de mi maldita mili.

Lo que sentí al volver a ponerme mis tejanos y la camisa que me regaló Khris, en el dormitorio de la Compañía y a la vista de todos, fue inenarrable. Entregué en Intendencia todo lo que pertenecía al ejército. No quise guardar nada de recuerdo como hicieron casi todos los demás. No quería recordarlo. Recogí mi cartilla militar -¡por fin, la blanca!-, y abandoné el cuartel tan rápido como me permitieron las piernas. Creo que mi primer pensamiento como civil fue: “ya puedo dejarme crecer el pelo otra vez”.

METAMORFOSIS: Al entrar, dentro, y al salir.

Adiós Arapiles, adiós Seu d’Urgell, no pienso volver jamás.

(Continuará…)

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HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 27

mayo 4, 2010

¡Hola, jóvenes y jóvenas! (Como diría Su Señoría, Dª. Carmen Romero)

Disculpad el nuevo retraso en la entrega, pero me resultaba imposible daros detalles de los siguientes 15 meses sin colaboración de mis colegas. La razón es obvia, aunque a mí se me había pasado por alto hasta el preciso momento de concluir el capítulo anterior: me fui a la mili. Y no tenía intención de contaros la mili…, que seguro que ya os lo estabais temiendo, ¿verdad?.

La información va llegando poco a poco, pero es escasa, como la memoria de mis antiguos compañeros, que la van recobrando a medida que leen, así que: algo de la mili sí os tendré que contar, más que nada por contar algo y no reducir a una lista de fechas y lugares en que actuaron esos quince meses, que, por otra parte, resulta cortísima.

Ángel Pascual (Edy)

El 14 de Abril de 1974 dejé actuando en la Discoteca San Francisco de San Antonio a la enésima formación provisional de Mi Generación, compuesta por Eliseo Parra, Paco Fernández, Xavier Garriga, Ángel Pascual París (alias Edy), ex-rítmico de Furia y ex-bajista de Tuset 31, y José Mª. Durán, también procedente de ese grupo.


16 de Abril

Pese a las recomendaciones, me presenté en el cuartel a recoger el petate con toda mi cabellera aún en su máximo esplendor. Estaba decidido a mantenerla hasta el final y convertirme en un mártir de la causa, pero a medida que avanzaba por las distintas dependencias de aquel manicomio para cumplimentar los diversos trámites, los insultos, las amenazas, y las advertencias de algún bienintencionado soldadito que decía haber pasado por el mismo trance, iban minando mi heroica decisión.

17 de Abril

A las siete salía de la Estación de Francia un tren militar -como el de Adelita- que nos llevaría a Figueres. Allí nos reunimos un millar de jóvenes con los petates al hombro y los huevos por corbata, que éramos arrebañados y colocados en fila por otros jóvenes de uniforme que nos gritaban, nos llamaban “bultos cabrones” y nos destrozaban los tímpanos con sus silbatos reverberando en la inmensidad de la estación.

Apenas ponerse en marcha el tren, se empezaron a manifestar los primeros síntomas de alienación cuando la gente empezó a cantar el “Carrascal” y la cosa aumentaba exponencialmente a medida que el tren se aproximaba a su destino. Pronto, los mismos que un rato antes temblábamos aterrorizados en la estación, nos habíamos convertido en una horda vociferante que le gritaba por las ventanillas a otros jóvenes los mismos improperios recién aprendidos, cuando atravesábamos poblaciones. Era el sentimiento de impunidad del grupo, que hacía aflorar rápidamente lo peor de cada individuo. Hasta yo me encontré sin darme cuenta coreando con entusiasmo “La cabra”.

“La cabra, la cabra,

la puta de la cabra,

la madre que la parió…”

El viaje duró horas y horas; era el tren más lento del mundo, pero maldita la prisa que tenía yo por llegar. A media mañana distribuyeron bocadillos y refrescos, fue el primero de los 1500 chuscos que me tocaban aproximadamente.

Al llegar a Figueres nos bajaron del tren, nos llevaron en formación, tratando inútilmente de hacernos marcar el paso, hasta un recinto donde nos hicieron sentar en el suelo en medio de un patio, y nos leyeron el código militar para que nos fuésemos enterando de lo que valía un peine.

Yo, de lo único que me enteré, fue de que todo se castigaba con la pena de muerte. Aquel cenizo con galones que lo leyó, lo hacía con un sonsoneque maquinal que recordaba a los Niños de San Ildefonso:

Tararí, tarará: ¡Pena de muerte!.

Tarará, tararí: ¡Pena de muerte!.

Casi todos los versos de la macabra cantinela acababan igual, eran de rima consonante y de muy mal gusto, pero dejaban suficientemente claro que tenía muchas posibilidades de acabar mis días ante un pelotón de fusilamiento. Con lo bien que estaría yo en San Francisco (California), o en el de San Antonio.

Una vez perdido el apetito con tanta amenaza, nos llevaron al comedor, donde tuve también el placer de degustar mi primer rancho y luego, para ayudarnos a tener una apacible digestión, nos hicieron subir a unos camiones en los que hicimos el resto de trayecto gozando de su sofisticada suspensión todoterreno.

El Centro de Instrucción de Reclutas número 9, subtitulado General Álvarez de Castro, era un enorme recinto rodeado de muro y alambradas en medio de una llanura árida y desolada, donde no se veía un árbol, ni un matorral. Allí se alzaban varios edificios de ladrillo y algunos barracones provisionales. Yo era el Recluta número 30: a eso me veía reducido.

Fuimos conducidos a nuestros aposentos y tomamos posesión de las literas que constituirían nuestro único espacio vital más o menos privado, y de allí a la barbería. El barbero, un veterano, disfrutó horrores despojándome de mi señal de identidad más visible. Allí quedó mi profusa producción capilar esparcida por el suelo, para ser barrida rápidamente y que no quedara a ser posible ni el recuerdo. Al verme en el espejo, comprobé con espanto que mis olvidadas orejas, tantos años emboscadas tras aquella masa de pelo, habían vuelto a resurgir en toda su grandeza. Ya volvía a ser un típico español normal y corriente, tirando a bastante feo.

Luego, llegó el momento de vestir por primera vez el uniforme. Se acabó: Ya soy simplemente uno más.

Aunque irreconocible, soy el que está agachado a la derecha.

Dos meses y pico marcando el paso y tragando polvo al sol en “La explanada”; pérdida de la audición en el oído derecho en un ejercicio de tiro, y el 23 de Junio, la “Jura de Bandera” puso fin al campamento y llegó el primer permiso.

Ibiza y Mi Generación me reclamaban para la visita ritual que mis antecesores habían cumplido previamente. Dejé la ropa militar en casa de mis padres y cogí el primer barco para la isla de mis amores.

Lo que encontré no fue tan idílico como lo que conocía. El San Francisco era un lugar con malas vibraciones, como el dueño, donde había peleas a diario y reinaba un travesti llamado Julia que, aunque era entrañable, creaba cierto ambiente de club de “alterne” que atraía poco a quienes sólo buscaban buena música. Mi perra había muerto, y a José María le habían robado mi moto por dejarla sin cerrar a la puerta del  club.

– No te preocupes. Está denunciada y aparecerá, y si no, te la pagaré antes de que te vayas -me prometió-. Otra promesa destinada a caer en el olvido.

No obstante, el grupo sonaba muy bien, Xavi volvía a tener pelo y Eliseo bordaba un tema nuevo: “My Love” de Paul Mc.Cartney. ¡Qué sentimiento!

Dos semanas más tarde me tuve que incorporar al nuevo “destino”: La Seu d’Urgell.

El Regimiento de Cazadores de Montaña Arapiles 52, como “la vaca lechera”, no era un regimiento cualquiera. Había sido Batallón Disciplinario hasta poco antes por alguno de esos curiosos arrestos que aplica el ejército a las cosas, por un acto de cobardía, traición, o algo así, que se perdía en la noche de los tiempos, tal vez se tratara sólo de una leyenda, pero me resultó verosímil una vez conocida la lógica castrense, capaz de arrestar a una piscina, como sucedía en San Clemente. Lo malo era que el coronel y gran parte de los mandos seguían siendo los mismos, con lo cual las costumbres y el trato duro también lo seguían siendo.

EL HIMNO

El coronel hizo reunir por la tarde a los novatos junto a la muralla, y una vez allí nos mandaron sentar en el suelo para que su excelencia nos dirigiese un discurso de bienvenida, y para acabar el evento con pompa y boato dignos de su alocución, no se le ocurrió otra cosa que ordenarnos entonar el Himno de Infantería, arma a la que, desde aquel mismo día, teníamos el honor de pertenecer.

Yo no tenía ni la más remota idea de cómo iba el dichoso himno, pero supuse que cuando arrancasen los demás, me sonaría, o al menos podría hacer como que cantaba, abriendo y cerrando la boca simulando las vocales, que es un truco muy socorrido cuando no te sabes la letra.

Un sargento fue el encargado de dar la voz de mando. Nada de mariconadas de one, two, three, four:

¡Ardor guerrero!. De frente… ¡ar!.

Ningún sonido brotó de nuestras gargantas. Pero, ¿qué insubordinación es esta?.

El silencio era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Por fin, alguien osó decir: “Es que… no nos lo han enseñado, mi sargento”.

– Pero ¿qué coño de instrucción habéis hecho en el campamento, que no os sabéis ni el himno? -dijo el coronel muy enfadado-.

Era evidente: sólo se habían preocupado de prepararnos para el Desfile de la Victoria. Un revuelo de desconcierto cundió entre los mandos.

– ¿Alguien se sabe el Himno de Infantería?

Silencio otra vez. Entonces llegó la terrible pregunta:

– A ver: ¿hay aquí algún músico?.

Me callé como un muerto, rogando al Cielo que hubiera algún otro músico que se levantara antes que yo. Pero no lo había, y varios pares de ojos acusadores de conocidos se volvieron hacia mí.

– Venga, que he visto en la ficha que uno de vosotros es músico. ¡Que salga!.

No tuve más remedio que ponerme en pie mientras buscaba rápidamente una excusa por no haberlo hecho al primer requerimiento.

– ¡Presente! -dije sin ningún convencimiento-.

– ¡A ver, chaval, sal aquí!. Así que, tú eres el músico ¿eh?.

– Bueno…, sí, mi comandante…, toco el contrabajo… -que me pareció lo que mejor me podía salvaguardar de cualquiera que fuese su plan, temiendo que fuera a darme una partitura que yo no sabría interpretar-.

Pero, no. La lógica castrense volvía a regir, y se limitó a ordenarme cantarlo y enseñárselo a mis compañeros, pensando quizás que una orden de tan alto rango bastaría para que fuera inmediata y milagrosamente ejecutada.

Les dije respetuosamente que no lo conocía, y entonces un sargento se sacó del bolsillo un papel amarillento con la letra mecanografiada.

Como pude, y procurando no olvidar durante el largo razonamiento que tuve que hacerles, aplicar convenientemente todos los “mi sargento”, “mi capitán”, “mi comandante” y “usía” para no ponerles más furiosos y acabar pagando yo el pato, conseguí hacerles entender que, si querían podía recitarlo, pero no podía cantarlo, ni mucho menos enseñarlo, sin al menos haber oído antes la entonación, y a punto estuve de desencadenar con ello una crisis en la cúpula de mando.

– Pero ¿qué clase de músico eres tú, que no conoces el Himno de Infantería?. Empezaron a atosigarme entre todos, mientras insistían en que era muy conocido y todo el mundo lo sabía de pe a pa. Pero entonces el coronel -que debía ser el más listo- encontró la solución.

– Cantádselo vosotros mismos para que lo oiga -les espetó a toda la bandada de galones y estrellas que bullía a mi alrededor en enfervorizada exaltación de su honroso himno-.

¡Qué nervios les entraron! ¡Qué situación!. Casi no podía contener la risa. En sus rostros se veía que se morían de vergüenza pensando en cantar delante de la tropa.

Ahí entró en juego el escalafón manifestándose en todo su esplendor. El comandante, con una cínica sonrisa, sugirió de inmediato a un capitán que fuese él quien lo cantara; el capitán se limitó a pasar la pelota, ordenándoselo a un teniente que alegó que le dolía la garganta y remató a gol en la portería del sargento que llevaba la letra en el bolsillo, que no se atrevió ya, con tanto descaro, a derivar la orden hacia el cabo, pero le pidió ayuda, porque él dijo cantar muy mal. Eso sí, a condición de cantármela al oído, lo que confirmaba mi teoría.

Me puso una mano sobre el hombro para estar más en confianza, mientras con la otra temblando asía a medias conmigo la mugrienta hoja de papel, y muy cerca de mi oreja empezó a cantar con un hilillo de voz:

“Ardor guerreero vibra en nuestras vooces,

y de amor patrio henchido el corazóon…”

Así, en sucesivas intervenciones de varios mandos, conseguí escuchar, fragmento a fragmento, la totalidad del larguísimo himno, aunque en el tono que a cada uno le daba Dios a entender. Con aquella información en la cabeza, y una guitarra que salió de alguna parte, me recluí el resto de la tarde en la compañía, y aplicando la lógica musical, conseguí recomponer con ellos algo que parecía un himno, pero que yo, no tenía constancia ninguna de que se pareciese demasiado al original, ya que no había en el cuartel ni un tocadiscos ni un disco, ni un triste casette con el himno, del que obtener información más fiable que lo que cantaban aquellos desheredados de la musa Euterpe.

Al día siguiente comencé a enseñar a novatos y veteranos -que, por lo visto, tampoco se lo sabían- el himno de mi invención, que en ningún momento pareció sonarle raro a nadie.

Desde aquel día, y tras numerosos ensayos pomposamente dirigidos por mí mismo con gestos copiados de los directores de verdad, se convirtió en el himno oficial que se cantaba en marchas, desfiles y ceremonias. Contra todos mis deseos de pasar inadvertido el resto de la mili, me convertí en “el músico”.

A pesar de serlo, por alguna razón que se me escapaba, nunca fui admitido en la banda, en la que solicité ingresar con la noble intención de “escaquearme” todo lo posible.

1 de Agosto

Toni Palacín se reincorpora a Mi Generación, y José María Durán, licenciado el mismo día que Toni, abandona el grupo y regresa a Barcelona.

La mili de Toni, además de pintoresca había sido tremendamente musical como habéis podido leer en el capítulo 24 Bis. Sin embargo, yo me encontraba en un lugar en el que era el único músico en muchos kilómetros a la redonda. En la Seu d’Urgell sólo habían militares, guardias civiles, policías de todo tipo y clero, mucho clero, así que yo también acabé tocando el armonio con el coro de monjitas del convento, y aprovechando la libertad de movimiento que eso me proporcionaba, pasaba muchas tardes en una habitación alquilada tocando la guitarra y componiendo. De ahí salieron “Hija de la Luna”, inspirada en mi persistente amor por Marita, “Me han preguntado”, y algunas más, y acabé de complicar “Sobre mis pies”.

6 de Octubre de 1974

EL FINAL DE OTRA TEMPORADA MÁS

(Y el final de otro sueño)

Aunque el tiempo se me hacía espantosamente largo y, como los demás, tachaba día a día en el calendario las fechas transcurridas, y seguía gritando como todos: “¡una menos!” al acabar de pasar la lista de retreta, que era el único consuelo, parecía que era ayer cuando dejé a mis compañeros tocando en el San Francisco. Sin embargo, el 6 de Octubre acabaron el contrato y regresaron a Barcelona, dejando atrás mi moto, la casa y parte de mis cosas en ella, así como mi sueño de volver a Ibiza al final de la mili.

Cómo no: se lo perdoné. Pero, nadie es profeta en su tierra y Mi Generación, menos. Habían regresado -como de costumbre- con una mano detrás y otra delante y sin trabajo a la vista. Yo prefería de largo pasar hambre en Ibiza, a hacerlo en Barcelona, y no compartía su empeño en volver una y otra vez derrotados al hogar paterno… pero, como dijo Serrat: “cada quién es cada cual, y baja las escaleras como quiere”. A ellos les movían otros motivos: supongo que seguían buscando la fama. A mí, eso me daba exactamente igual.

(Continuará…)

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