HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 36

EL FINAL DE LA ÚLTIMA TEMPORADA

El día 5 se interrumpieron momentáneamente las diarias anotaciones en mi agenda, sin embargo, el día cinco de Septiembre, no fue un día cualquiera: se había acabado el último verano de Play Boy y también de Mi Generación.

Acompañando a LOS AMAYA - Play Boy, Sept. 76

Llegaron temprano las lluvias de Septiembre y el frío nocturno que delimitaban la temporada de Play Boy. Aún no lo sabíamos, pero el Sábado 4, con mal tiempo y hasta lluvia, habíamos actuado por última vez y la sala se cerraba de modo provisional, que finalmente sería definitivo, y quiero decir para siempre.

Por suerte, se había inaugurado en San Rafael una nueva sala, Amnesia, el proyecto de unos jóvenes yankees con algún dinero que habían adquirido una enorme casa payesa y montado en ella un club. Nos conocían de venir a vernos al Play Boy, les gustábamos mucho y nos ofrecieron actuar allí cuando acabase nuestro contrato, así que el mismo domingo, día cinco, se apresuraron a organizarnos dos actuaciones, tarde y noche, aprovechando la coyuntura.

Amnesia es en la actualidad una monstruosa macro-discoteca donde triunfan los nuevos ídolos, afamados dee-jays que machacan las neuronas que les puedan quedar sanas a ingentes masas de “clubbers” previamente embrutecidas por la omnipotente “Radio-fórmula” y la alienante MTV; eventualmente por una amplia gama de psicotrópicos fáciles de adquirir sin alejarse demasiado del lugar, y finalmente por la machacona “música” (perdón por denominarla así) hecha a base de “samplings”, “loops” y “beat boxes“, de dinámica plana y carente de cualquier melodía que contenga más de cuatro notas que se repiten ad infinitum (y más allá) y que persiste sin apenas variaciones, mecánica como el ruido de una fábrica, durante horas y más horas. Eso sí, son todos “gente guapa y muy fashion”, y los dee-jays, más.

Pero entonces era un delicioso antro, un lugar para hippies tardíos, provisto de escenario con iluminación de concierto; una cabina en la que habían instalado la primera mesa de mezclas con veinticuatro canales que yo había visto fuera de un estudio, para sonorizar a los grupos; un poderoso equipo de sonido; un ambiente pacífico y tranquilo; la mejor música, lejos de la frivolidad del “Sonido Philadelphia”, e incluso se servía comida que iba más allá de la típica hamburguesa de las otras discotecas, elaborada en un fantástico hogar de leña circular en el centro del porxo. Allí probé el “Chile con carne”.

Nuestro éxito fue tan notable, que aquella gente nos ofreció seguir actuando allí durante todo el invierno a partir de Octubre, cuando cerraban las demás salas, o bien se desprendían de los grupos que traían de la península.

La proposición no era del todo desdeñable; podía no ser la mejor oferta, pero sí era la mejor oferta que teníamos. En la agenda de Mi Generación sólo había una semana, del 11 al 17 de Octubre, en la sala Màgic, un nuevo garito “progre” detrás del Borne, y luego, nada de nada hasta el habitual recorrido por la Ría del Nervión de cada año por navidades. Pero algunos de mis compañeros -los de siempre-, se apresuraron en rechazarla.

Sin embargo, el cierre de Play Boy no parecía afectarnos. Pese a habernos quedado sin trabajo, nadie parecía interesado en abandonar Ibiza, nadie daba el primer paso. Tampoco teníamos nada mejor que hacer en Barcelona hasta lo del Màgic, ni nos esperaban más que nuestras familias con la terrible pregunta de siempre: ¿cuánto habéis ganado?. Aquí se estaba muy bien y todos teníamos pareja. Además, como en tiempos de Marita, yo me volvía a encontrar con el problema de no tener a dónde llevar a la mía cuando nos fuéramos de aquí, y ahora era aún más complicado con un niño. Ya ni siquiera disponíamos del amplio local de la calle Rull en el que llegamos a vivir Paco y yo años atrás, y no me iba a presentar con una familia postiza en casa de mis padres para dormir los tres en el sofá. Había que buscar una solución, porque yo no estaba de ningún modo dispuesto a renunciar a Diana.

Obviando el pequeño detalle de la falta de trabajo, todos continuamos con nuestras vidas separadas como si nada, viviendo de los ahorros y a la espera de que, tal vez, Play Boy volviese a abrir. Pero esta circunstancia ponía un próximo límite en el tiempo a nuestra capacidad de seguir “de vacaciones” y en mi cabeza seguía rondando la oferta que nos habían hecho los de Amnesia.

Traté de hacer que mis compañeros la reconsiderasen y obtuve rápidamente la adhesión de Paco. Xavier se debatía seriamente entre su deseo de quedarse con Margriet en Ibiza y el de estar cerca de su madre, que por entonces ya no andaba muy bien de salud, y finalmente su decisión se decantaría por esta última, pero ni Eliseo ni Toni querían oír hablar del asunto.

¡Nada, nada!: lo suyo era hacerse la Ría por toda la orilla cual arremangadas sardineras; así que como yo estaba más que harto de Bilbao; de la penosa rutina de que nuestra música fuera pitada por jovencitos que no estaban para mensajes sino para “marcha”, para encima tener que pasar miserias en pensiones horrorosas de sitios horrorosos, decidí que esta vez no iba a seguirles y empecé a mover los hilos que me permitieran quedarme aquí. Puestos a pasar hambre, prefería pasarla en Ibiza y con mi amor. Se lo propuse a Diana y estuvo de acuerdo: contigo, pan y cebolla. Cualquier cosa antes que tener que separarnos.

We’ll be together

with the roof right over our heads.

We’ll share the shelter

of my single bed.

We’ll share the same room

and Jah’ll provide the bread.

(Bob Marley)

8 de Septiembre. “Por la mañana, mientras dormíamos, se presenta en el apartamento el tío de la inmobiliaria y nos echa a la calle. Dormimos en casa de Paco.”

Sólo pudimos disfrutar de nuestro primer hogar dos semanas. Alguien con muy malos modos y que no era con quien yo había hecho los tratos, nos sacó de la cama a timbrazos y nos conminó a salir de allí inmediatamente porque los dueños estaban a punto de llegar.

Me enfadé y le dije a aquel tipo que cómo se le ocurría venir a desalojarnos a aquellas horas y sin previo aviso, e inmediatamente me amenazó con volver con la Guardia Civil, y el simple hecho de oírle pronunciar aquellas dos palabras tabú me convenció de que lo más conveniente era obedecer sin rechistar.

Luego, reflexionando, caí en la cuenta de que no lo habría hecho, porque lo más probable era que el apartamento hubiera sido alquilado sin conocimiento del propietario -de no ser así, éste ya sabría que no podía contar con alojarse en el piso que tenía alquilado, por muy de su propiedad que fuese-; que aquel par de listillos se estuvieran guardando el dinero del alquiler en sus bolsillos, y una inesperada decisión de los dueños les hubiera cogido por sorpresa, dado lo cual, llamar a la Benemérita para un deshaucio tan extemporáneo, habría descubierto el fraude. Pero, la Guardia Civil infundía más pánico que respeto.

Una vez más recurrí a la hospitalidad de Paco, que nos abrió su puerta sin dudar un momento, y la casualidad quiso que Brandy -la americana con la que estaba liado- estuviera presente cuando fui a contarle mis cuitas y se ofreciera, solidaria ante aquel atropello, a alojarnos en su casa ya que era muy grande y vivía sola. Así que por aquella noche nos quedamos en su apartamento, pero al día siguiente:

9 de Septiembre. “Nos mudamos a casa de Brandy. Una magnífica casa en el campo a 10 Km. De San Antonio.”

Era una antigua casa payesa cerca de Santa Inés, pero lejos de todo, donde podíamos quedarnos todo el tiempo que quisiéramos, según nuestra anfitriona, sin hablar siquiera de dinero. Se lo agradecimos muchísimo y nos trasladamos allí de inmediato. Brandy decía sentirse sola en aquella casa tan solitaria y todo lo que quería era compañía. Sería por eso que pasaba las noches en casa de Paco.

La casa tenía muchas habitaciones, la mayor parte llenas de cachivaches con los que Brandy montaba un puesto semanalmente en el mercadillo de Punta Arabí, sin embargo, no tenía cuarto de baño, con lo cual tanto las necesidades fisiológicas como las de higiene debían llevarse a cabo en el exterior. Lo de ducharse al sol con una manguera tenía su gracia, sobre todo en compañía de la libidinosa Diana, pero lo otro resultaba bastante incómodo.

No obstante el inmenso favor, debíamos encontrar una casa lo antes posible ya que “el casado, casa quiere”. Para conseguir una hacía falta dinero, y empezaba a escasear. Era el momento de empezar a plantearse en serio una alternativa a Mi Generación con la que ganar algo de dinero en un futuro próximo, y para eso, ya tenía un plan.

Mi proyecto consistía en montar un grupo del mismo estilo que Mi Generación para seguir tocando en Amnesia, pero con músicos de aquí, y por supuesto con cualquiera de mis compañeros que quisiera acompañarme en la aventura.

Al primero que recluté para mi futuro grupo fue a mi amigo “El Pipas”, una amistad peligrosa que contraje en el 73, y que ahora en el 76, se había vuelto aún más peligrosa y más amistad. Él sería el batería, y él mismo se encargaría de aportar los otros dos músicos que faltaban para completar el quinteto si Paco finalmente se quedaba conmigo: Manolo Díaz, fantástico guitarrista y buen cantante al que ya me había presentado entonces, y Rafa es Bagaix”, notable organista equipado con un Hammond portátil que acababa de comprar, y que además disponía de local de ensayo en “La Marina” de Ibiza: el almacén del Bar Balear, actualmente Tango. Así se fraguó, con cierta nocturnidad y alevosía, lo reconozco, el primer grupo que yo fundaba.

Nos reunimos los cuatro una noche en el local del Callejón del Norte y empezamos a tocar sin más temas que todos conocíamos, y la cosa funcionaba muy bien. Nadie canta y toca el solo de guitarra de “Do it again” de Steely Dan, como Manolo Díaz. Entonces se lo comuniqué a Paco y acudió a la siguiente reunión. Además podíamos hacer tres voces porque Manolo también sabía armonizar, perfecto; casi como Mi Generación.

Entretanto pasaban los días y, como dice mi madre: “El huésped y la pesca, al día siguiente apesta”, o algo así.

17 de Septiembre. “Gran follón con Brandy, quien hoy daba una comida. Diana y yo queríamos ir a San Antonio, y prácticamente nos obligó a quedarnos para ayudarla. Muy mal. Nos echó en cara un montón de cosas. Desde que llegamos aquí buscamos una casa, pero ahora es urgente.”

Al cabo de una semana, el espíritu hippy de nuestra anfitriona, y la simpatía que nuestra recién creada familia despertó en principio en ella, se habían diluido en prepotencia e inquina hacia nosotros, y yo diría que hasta envidia de lo buena que estaba Diana.

18 de Septiembre. “Hoy Diana y yo, antes de salir, nos dedicamos a barrer, ordenar y fregar la casa para no recibir más broncas. Esto parece la mili. Nos sentimos muy mal aquí.”

Nos fuimos a ver una “casa” en Ca’n Germà, pero era un cuchitril inmundo y oscuro en los bajos de otra, y además el alquiler era abusivo.

19 de Septiembre, Domingo. “Otro follón con Brandy, quien nos quiere de damas de compañía, taxistas, recaderos y mandados en general. Hizo una hábil maniobra para tenernos todo el día a su disposición y enterarse de todo lo que hacemos, y la mandamos a la mierda.”

Podíamos no resultar una pareja muy recomendable, pero es que ella tenía clarísimo que nos tenía de sirvientes. Servicio a cambio de la cama.

20 de Septiembre. “Hoy nueva trifulca porque nos vamos a mirar una casa y nos prometemos no volver.”

21 de Septiembre. “Desesperados ya de Brandy y sin haber encontrado la casa, Diana y yo alquilamos un estudio en Aníbal. Seguimos buscando. Cualquier lugar es mejor que allí.”

Era un lugar pequeño pero acogedor y frente al mar.

22 de Septiembre. “Hoy mismo, Pepe de Es Recó, me dice que tiene una casa para nosotros al lado de la suya.”

El domingo, 26, volvimos a actuar tarde y noche en Amnesia y nos reiteran la oferta de quedarnos como grupo fijo.

No gracias. Tenemos múltiples compromisos en la península.

Empezaba a odiarles por su obstinación.

– Ya os daré yo múltiples compromisos -pensé-. Ahora sí que me largo.

Ya no sentía pertenecer a Mi Generación sino a mi propia voluntad, a Diana, y a Ibiza.

CASA FRIGOLA

30 de Septiembre, Jueves. “Por fin hoy nos mudamos a una magnífica casa escondida en un pinar, con jardín, tres habitaciones, sala, baño, cocina y cuarto de trastos.”

Por fin nuestra casa. Yo tenía cierta tendencia a que las casas me pareciesen magníficas, pero aquello sí que era como la casa de mis sueños y los de Diana. Un chalet de estilo ibicenco moderno en la zona de Es Puet junto al hotel Osiris, con un característico arco en el porche, y una habitación en alto con balconcillo de sabina. “Casa Frigola” era una preciosidad de casa en el lugar más tranquilo de San Antonio, pero no estaba aislada, junto a ella y separadas por el muro del jardín, se hallaban “Casa Romaní” y “Casa Estepa”, casi gemelas, y a lo largo de toda la calle Retiro habían otros chalets parecidos.

Los Valverde-Rink un año más tarde. Casa Frigola 1977

Los tratos los hice con un tal Miquel Llabrés, un adusto mallorquín con uniforme de Iberia y cara de pocos amigos, que era jefe de algo en el aeropuerto y hacía de administrador de las tres casas y el alquiler quedó fijado en 5.500 pesetas al mes. Ya veremos como las pagamos en lo sucesivo.

El día que me enseñó la casa, no había electricidad.

– La deben haber cortado porque, se ve que los anteriores inquilinos debieron irse sin pagarla. Espera, que esto lo arreglo en un momento.

Le seguí para saber como lo arreglaba y vi con asombro que el hombre subía la escalera que llevaba a la azotea; desde ella se alcanzaban los cables del tendido eléctrico, y sin pedir permiso a nadie, conectaba en la acometida uno que estaba suelto y colgando; y se hizo la luz.

Bueno, ya estamos en casa y, esto sí es un hogar, a partir de ahora, ya se verá.

Justo al cabo de una semana, estaba fijada la fecha para que Mi Generación volviera a Barcelona, el debut en el Màgic ya estaba próximo y había que ensayar un poco, ya que llevábamos todo el verano sin tocar nuestros temas. Para ello aún disponíamos del local de ensayo de la calle Fresser, cuyo alquiler se había seguido pagando durante nuestra ausencia en un acto de previsión bastante insólito en las costumbres del grupo.

Diana decidió aprovechar esos días para viajar a Holanda y arreglar sus asuntos para quedarse a vivir con su hijo en España, entre ellos, convencer al padre del niño, e intentar que le ingresaran el Subsidio de Desempleo en una cuenta bancaria, sin tener que ir personalmente a cobrar como venía haciendo cada mes, actividad de la cual vivían tanto ella como su ex marido tan rica y oficialmente.

(Continuará… y acabará en la próxima entrega)

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3 comentarios to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 36”

  1. Miquel Says:

    Pepe, el Magic por entonces ya tenía una sonoridad tan mala como años posteriores?

  2. Juan Carlos Says:

    Hola, Pepe. He llegado a tu blog a través de efeeme. He estado leyendo vuestra historia, me he divertido mucho con todo lo que cuentas. También he escuchado la versión que hacéis de “Carry on”, me parece digna y muy bien hecha. Enhorabuena por todos estos años de música
    Un saludo y mucha música.

    • ppzappa Says:

      Gracias, Juan Carlos, eres muy amable.
      Ciertamente el artículo de Vicente Fabuel trajo una repentina avalancha de visitantes a este modesto blog, tan modesto que, como habrás notado, ni siquiera cuenta con su propio alojamiento para vídeo y audio, pero todo se andará.
      Agradezco también tu favorable opinión sobre nuestro asesinato, más que ejecución, de “Carry On”, que a los veinte años sí nos salía bordado, pero de eso hace ya casi cuarenta. Incluso en el único ensayo que tuvimos tras 34 años de dispersión por el mundo, salió muy bien, pero en la noche de autos (30 Enero 2010), además de los nervios de la reaparición por una sola noche, tuvimos todos los elementos en contra; incluso la total afonía del insustituible Xavi Garriga.

      Un saludo para ti, y me alegra mucho haberte divertido un rato.

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