HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 35

San Antonio, verano 1976.

11 de Julio. “Play Boy. Mando a Cynthia a la mierda y la echo de casa.”

Más sencillo, rápido y económico que el divorcio. Adiós Cynthia. Estás muy buena, eres una fiera en la cama…, pero no te aguanto más.

MI PRIMER COCHE

Aunque en Ibiza utilizaba la Vespa y por Barcelona conducía el coche de la madre de Khris (mi amiguita particular y hada madrina de Mi Generación) desde antes de tener carnet, un viejo amigo me puso por primera vez ante la tentación de comprarme un coche. Naturalmente sucumbí como a todas.

Evaristo Roig era otro bajista llegado de Sant Boi junto al guitarrista Josep Priu -más conocido por “El Pedales”- el mismo año que Mi Generación, cuya situación había mejorado notablemente desde los lejanos días del 72 y ahora hasta se podía permitir cambiar su viejo “cuatro latas” por un coche nuevo de trinca, así que el día que le entregaron su dorado SIMCA 1200, él me traspasó mi primer automóvil propio: un viejo Renault 4 L azul marino, con dos líneas blancas pintadas a brocha en el capó, como para darle un aspecto más deportivo, y tres marchas; sí, sólo tres, bueno más la marcha atrás, claro. Pero el cochecito funcionaba y muy bien, y me invadía una filantrópica intención de recoger a cuantos autostopistas me encontrase por la carretera para compensar el equilibrio universal por las numerosas veces que yo había sido llevado por otros.

15 de Julio. “Play Boy. Party en Conejera, bastante aburrido. Son todos bastante pijos los del Playboy.”

Era cierto. Creo que excepto nosotros, todo el personal de Playboy había sido elegido por motivos estéticos: “gente guapa”.

16 de Julio. “Play Boy. Llega Khris.” Qué vamos a hacer…

19 de Julio. “Play Boy. Se marcha Khris.” Al fin libre para volver a la carga.

20 de Julio. “Play Boy. Llega una sobrina de Evaristo, Enri y se enrolla conmigo.”

¡A la carga!.

24 de Julio, Sábado. “Play Boy. Se fue Enri.” Casi me cuesta la vieja amistad con su tío.

Mi Generación por fin se había estabilizado en el Play Boy; digamos que le habíamos cogido el tranquillo y por fin estaba resultando un buen verano, hasta con toques de locura que nos resultaban tremendamente divertidos.

A cuenta de las fiestas semanales se había reavivado nuestra vis cómica, y no sólo nos disfrazábamos para los parties -cuando lo hacía todo el personal-, sino que empezamos a improvisar por nuestra cuenta difrazándonos de lo que se nos ocurría cualquier noche; por ejemplo, de futbolistas, y lo complementábamos pasándonos un balón mientras tocábamos.

Otra de las absurdas genialidades consistía en colocar un perchero en medio del escenario en el que colgábamos abrigos, chaquetas y sombreros al empezar cada pase, y al terminar nos lo volvíamos a poner todo y colgábamos las guitarras.

Pero lo que más nos divertía era mezclar temas para demostrarle al público cuánto se parecían entre ellos, o cómo el autor de uno se había apoderado de parte del otro, como el caso de “Keep on rocking me” de Steve Miller y “All right now” de Free.

El resto de la noche, Tony el disc-jockey pinchaba lo más puro, erotizante y chic de la nueva música “disco”: Gloria Gaynor, Diana Ross

Y hablando de dianas: teníamos unas amigas holandesas que habían llegado a San Antonio el verano del 73 y se dedicaban a vender ropa usada en el mercadillo de Punta Arabí, lo que por raro que pareciese, resultaba un negocio redondo que les permitía vivir con holgura; se trataba de Rita y Margriet. De ellas decían las malas lenguas que eran lesbianas, ya que vivían juntas; tenían el negocio a medias; iban juntas a todas partes… pero puedo dar fe de que, al menos Margriet no lo era, pues fue la pareja de Xavier todo el verano del 76 y algún tiempo más.

A lo que iba: un día, Margriet me anunció con alborozo que se suponía que yo debía compartir, que una tal Diana iba a venir de vacaciones a San Antonio.

Le resultaba increíble que aquel nombre no causara en mí más que un gesto de extrañeza.

Yes!, Diana… –insistióDon’t you remember her?.

No. No la recordaba, ni siquiera me sonaba su nombre. Margriet comenzó a darme entonces todo tipo de referencias, y una exhaustiva descripción física de su amiga que hizo que el asunto empezara a interesarme.

Se suponía que nos habíamos conocido -aunque no precisó hasta qué punto- el mismo verano que llegaron ellas. ¡Claro! El 73: mi verano de la “venganza”. ¡Anda que me iba yo a acordar de todas!.

– Pues ella se acuerda y siempre habla de ti. Ha seguido viniendo cada verano con ganas de verte, pero no estabas aquí.

Pues ¡qué bien! -pensé yo-, pero no le di más importancia.

Nuestras amigas holandesas, y toda la colonia de los Países Bajos en San Antonio, como un coro de tragedia griega me seguían recordando a diario la inminente llegada de Diana, amén de hablarme de su belleza, su simpatía, y sobre todo, de cuánto le gustaba yo.

La cuestión era que, por alguna razón, todo el mundo estaba preparando el cruce de caminos en que debíamos encontrarnos, y estaba claro que sus amistades -y mías- la tenían en un altísimo concepto. Reconozco que me tenían en ascuas. ¿Pero quién demonios sería esa Diana?.

MI VIGÉSIMO CUARTO CUMPLEAÑOS

El día 16, según una ya larga tradición, fue mi cumpleaños; el veinticuatro, un número poco trascendental, ni siquiera recuerdo haberlo celebrado. Aunque el grupo sonaba como nunca antes y nos reíamos mucho en el escenario, la relación personal entre nosotros era prácticamente inexistente: no me hablaba con Xavier, mi compañero de piso, desde una tremenda bronca por motivos de intendencia que estuvo a punto de pasar de las palabras; Eliseo y Toni llevaban una vida completamente aparte del resto aislados en su apartamento; Paco, por su parte, ahondaba su condición de pequeño burgués viviendo lejos de los demás en un apartamento de lujo. Mi Generación existía a las horas de ensayar y actuar, pero estaba prácticamente disgregada o en trámites de separación. No tenía en aquel momento con quién celebrarlo.

Sin embargo, ese día me llegaba por vía aérea un regalo muy especial desde Holanda. Era la respuesta a la pregunta anterior; la que ya no podía alejar de mi cabeza: como el nombre sugería, Diana era una diosa.

LA CRIATURA MÁS EXTRAORDINARIA QUE HE CONOCIDO

Diana era una diosa, y como tal se haría de rogar. Aunque los augures me hicieron creer que llegaría dispuesta a arrojarse directamente en mis brazos, no fue hasta la noche siguiente cuando se dignaría a venir al Play Boy. Margriet nos puso a uno frente al otro y, en vista de que yo no reaccionaba, acabó por presentarnos.

¿Cómo iba a reaccionar?. Estaba alucinado. Tenía ante mí a la definición de la belleza y el sex-appeal. No hacía falta reconocerla para quedar instantáneamente prendado de ella, pero en el fondo, mi subconsciente me decía que ya había visto aquel portento de mujer con anterioridad, aunque sólo hubiera sido en sueños. No era una de las típicas rubias que a mí me volvían loco, pero era preciosa: radiante sonrisa; ojos azules y chispeantes; facciones perfectas; proporciones perfectas; con mucho estilo… ¿os suena la descripción?.

Lo que me despistaba era su cabello; lucía una melena “Beatle” que en nada me recordaba la larga cabellera castaña de aquella chica a la que una noche se le soltó el imperdible del chaleco mientras bailaba delante de mí en el Nito’s, e hizo bailar mis ojos al ritmo de sus pechos insolentes; aquella a la que no me atreví a tocarle ni un pelo cuando subió a mi apartamento para evitar tentaciones y males mayores, ya que por aquellos días no me encontraba yo en las mejores condiciones para ligar, y la que el día de su marcha vino a despertarme para despedirse, y para regalarme el hachís que le quedaba, todo lo cual me recordaría ella más adelante. Capítulo 23 IBIZA 2ª temporada.

Esa noche llevaba un cortísimo vestido blanco, botines blancos, y una fina cazadora perlada que la hacía brillar aún más entre la multitud que abarrotaba el Play Boy, y la envolvía aquel mismo aura de divinidad que la hacía destacar entre las otras chicas. Un detalle que me resultó reconocible fue que llevaba el antebrazo derecho cubierto por casi un centenar de bangles.

Tal vez le decepcionó que no la reconociera; tal vez conservaba en su mente la idea de que yo podía ser homosexual, ya que en nuestro anterior encuentro no mostré el menor interés por seducirla, mientras ella me daba todas las facilidades; para una mujer con su atractivo y su desinhibición debió resultar algo insólito e inexplicable de no ser por esa razón, la cuestión es que cuando volví al escenario se perdió entre el público, y cuando acabé la actuación, se había esfumado. Pero yo, ya no podía pensar en otra cosa.

Al día siguiente era miércoles, día de mercadillo en Punta Arabí, y nuestra amiga Margriet me dijo que Diana pensaba ir.

18 de Agosto. “Play Boy. Encuentro a Diana en Es Caná, pero se me escapó.”

Me lancé a la caza sin dudarlo y me fui a Es Caná en busca de mi presa. Al llegar fui directamente al puesto de Rita y Margarita, suponiendo que allí la encontraría, pero la presa se mostraba mucho más esquiva de lo previsto y sólo pude vislumbrarla en lontananza, y para mi sorpresa, llevaba un rubio cachorrillo cogido de la mano.

DIANA

(Estaba escrito: Segunda Parte)

19 de Agosto. “Play Boy. DIANA.”

¡Diana!. Esta vez di en el blanco. Se presentó en el Play Boy, sola y radiante. Vestía un sexy y original mono de tela vaquera sin mangas ni perneras, tan corto que sólo le llegaba hasta media nalga (por cierto: ¡qué nalgas!), y cerrado por una cremallera que mantenía cuidadosamente a media altura, o menos, y me lancé a por ella en picado, obteniendo rápidamente los primeros resultados: al poco rato conseguí besarla. Aunque en honor a la verdad, debo decir que no fue tanto mérito de mis dotes de seductor, como de que ella ahora sí venía totalmente dispuesta a “dejarse cazar” como -según decían- llevaba años deseando.

Pasamos el resto de la velada tratando de conversar entre pase y pase; entre beso y beso; cosa nada fácil porque, aparte de las lenguas entrelazadas la mayor parte del tiempo, Diana debía ser la única súbdita holandesa que apenas hablaba inglés, pero no nos hicieron falta muchas palabras, el oráculo de nuestras amistades comunes no se había equivocado: Diana y yo nos gustábamos mutuamente con locura y nos atraíamos con una fuerza sobrenatural; estábamos predestinados el uno para el otro.

Diana tenía veinticuatro años como yo, pero ya era madre de un niño de dos y, naturalmente, se lo había traído de vacaciones con ella. A quien no se había traído por lo visto -ni falta que hacía- era al padre de la criatura, aunque no se me ocurrió preguntar por él, no fuera a ser que sí. Preferí no saberlo.

Aquella noche empezó mi segundo gran amor, aunque merecería la categoría de primero por lo intenso, quién sabe. Los amores son apilables como las sillas de terraza, y no tienen por qué ser excluyentes como las religiones.

Este amor durará hasta que la muerte nos separe.

20 de Agosto. “Play Boy. Diana y yo nos encontramos en Cala Bassa, pasamos todo el día juntos y dormimos en casa de Paco.”

Xavier y yo seguíamos enfadados y no quería que una estúpida discusión me estropeara la noche, así que opté por solicitar asilo político en casa de Paco y, de paso, presumir de mi flamante ligue ante mi maestro en el arte de ligar.

22 de Agosto. Domingo. “Play Boy. Diana tenía que marcharse hoy a Holanda, pero se queda conmigo.”

Diana, osada y pasional como era, optó por lo más drástico: perder su vuelo y alquilar por otra semana su habitación.

Una de aquellas noches tuvimos en el Play Boy una divertidísima fiesta en la que los hombres íbamos disfrazados de mujeres, y viceversa. Fue la presentación en sociedad de Diana como mi nueva pareja.

La prolongación de sus vacaciones condujo a Diana a la determinación de que ya no quería separarse de mí nunca más, y al siguiente domingo tampoco tomó el avión.

EL PRELUDIO DE MI NUEVA VIDA

29 de Agosto. “Play Boy. Hoy Diana viene a vivir conmigo.”

Conseguí otro apartamento en el mismo edificio para instalarme en él con mi nueva familia, para que el niño tuviera su propia habitación y poder gozar nosotros de la intimidad que hasta entonces no teníamos, y en vez de volver a Holanda ese domingo, ella y su hijo se vinieron a vivir conmigo. Comenzábamos una nueva vida en pareja; era nuestro primer hogar.

Gerdina Hendrika Rink -que es el nombre que figuraba en su pasaporte, aunque aún tardé un tiempo en saberlo- era de Haarlem, una pequeña ciudad cerca de la playa de Zaandvoort y a 30 Kms. de Ámsterdam. Diana, más sonoro y menos agobiante, era el nombre que ella había adoptado a partir del cariñoso Dini, que es como la llamaba su madre de niña.

Era una temperamental Aries, como mi madre, pero también Dragón, como yo.

Estaba divorciada del padre de su hijo, un honrado comerciante de hachís “al detall”, y la historia de su vida venía jalonada desde la infancia por una larga sucesión de problemas, desamor, desarraigo, miedo y osadía a partes iguales, que ella apenas podía controlar, en el fondo era una bellísima fiera salvaje, inentando ser feliz en un mundo hostil.

A pesar de su triste historia, Diana era amorosa y risueña, feliz y amante de la vida como nadie que yo haya conocido. Poseía el don natural de la elegancia y el glamour; realmente se vestía con cuatro trapos; generalmente prendas viejas y transformadas, como un deshilachado vaquero recortado, y foulards que sabía usar de mil maneras… pero todo le sentaba estupendamente a aquel fantástico cuerpo y la hacía parecer una princesa.

Nos unían otras afinidades, pero la que más, sin duda era la pasión que ambos sentíamos por el sexo, llamémosle “imaginativo”, y la que nos profesábamos mutuamente.

Aparte de eso, el planteamiento inicial de nuestra convivencia era el de cualquier matrimonio corriente: yo me ocupo de traer el dinero -aunque eso iba a durar muy poco-, y tú de las labores domésticas; comer en casita y reducir gastos, que el invierno es muy largo.

Lo primero que cocinó para mí fue “Stompot met vorteljes en speckjes” (Puré de patatas con zanahoria y lonchas de bacon frito), que era de las pocas cosas que sabía hacer. Me supo a gloria, y Diana se esforzaba, pero era una pésima ama de casa. No obstante, síntoma inequívoco de que era inmensamente feliz con ella es que el día 5 de Septiembre, dejé de hacer mi diaria anotación en la agenda, estábamos demasiado ocupados para perder el tiempo en esas tonterías.

( Continuará…)

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2 comentarios to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 35”

  1. Pollyana Says:

    Que lindo blog .. irei visitar mais vezes e conhecer um pouco o som da banda.

    Conhecer o estilo e o ritmo. Eu adoro conhecer bandas e cantores de várias nacionalidades.

    Parabéns, …

    • ppzappa Says:

      Muito obrigado, Pollyana.
      Se você quiser ouvir o som eo estilo da banda, clique Videos REUNIÓN 30 de Enero de 2010. Elas foram gravadas ao vivo, estamos muito velho 34 anos após a separação, mas que foi a música que fizemos nos anos 70.
      Logo, quando resolve os problemas com a gravadora, eu vou fazer upload de música de nossos álbuns.
      Saudações.

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