HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 34

Mayo 1976

20 de Mayo. ZELESTE. Mucho éxito. Actuamos con Oriol Tranvía.”

21 de Mayo. “ZELESTE. Más éxito.”

22 de Mayo. “ZELESTE. + éxito que ayer, pero – que mañana. Éstos de la mafia Zelestial nos tratan como a una mierda. Desde Víctor Jou hasta la mujer de la limpieza.”

A pesar del clamoroso éxito, no pertenecíamos al clan y la verdad es que nos trataban con un desprecio absoluto.

23 de Mayo. “ZELESTE. Acojonante. Casi destrozan el local de lo enloquecida que estaba la gente. Nunca había estado metido en un happening tan gordo. Detienen a Oriol.”

Fue una locura. Había muchas ganas de desmadrarse, y la gente se desmadró a gusto con un esotérico cóctel folcórico-reivindicativo de rock y conga, marionetas, disfraces, petardos, petardos de los otros, alcohol, y hasta la subida al escenario de un espontáneo que se lanzó a cantar con nosotros “Popotitos”, que era el tema final: Miguel Ríos, que andaba un poco de capa caída, muy desvahída ya su aureola de éxito de cuando lo de “Vuelvo a Granada y El Río”, cuyos “clips” pomocionales en Cinemascope y Technicolor se proyectaban el los cines antes del No-Do. Siempre me pregunté quién apoyaba a aquel cantante al que le costaba tanto afinar, y que sin embargo gozaba de tal privilegio y de aquellas producciones de superlujo.

No le reconocí hasta que cogió el micro y se puso a cantar retomando la letra de su viejo primer éxito.

Con tanto desmadre, la fiesta terminó como el rosario de la aurora y la policía acabó entrando en el local, preguntando quién era el instigador de todo aquello, y el pobre Oriol fue delatado por los heroicos responsables de la casa y detenido por Desorden Público, aunque estuvimos a punto de serlo todos los músicos, ya que los instrumentos nos ponían en evidencia y nos hacían tan culpables como él.

Dado el éxito tremendo, se había decidido prorrogar un día más la presencia de Oriol Tramvía en Zeleste, pero el lunes por la tarde estaba anunciado un grupo “punk” de cuyo nombre no quiero acordarme, así que tuvimos que retirar nuestro instrumental para que instalasen el suyo.

Ninguno de nostros teníamos muy claro qué era eso del “punk” y decidimos quedarnos a verlos. Mientras tanto, el local tuvo que ser reconstruido a toda prisa, sobre todo lámparas y cristalería.

El batería resultó ser alguien a quien conocí en Ibiza: Chento, el baterista que tocaba mirándose a un espejo.

– ¿Qué haces aquí, tío?. Pero ¿tú eres punky?.

Ya ves. Hay que hacer de todo.

En cuanto se abrieron las puertas, la sala se llenó de gente con los pelos de punta, cuero, cadenas, candados, collares de perro, y estremecedores imperdibles atravesándoles la carne junto a las comisuras de los labios.

La actuación no comenzó a la hora prevista, y bastante rato después el grupo seguía sin salir al escenario. El cantante no llegaba y la gente se impacientaba con sus botellas de cerveza en la mano.

Cuando las protestas empezaban a adquirir tintes dramáticos apareció el cantante, se subió directamente al escenario y los músicos ocuparon rápidamente sus puestos de combate, nunca mejor dicho.

Mientras lo hacían, él se situó ante el micrófono, y saludó al respetable al más refinado estilo “punky”, con las que pudieron ser sus últimas palabras:

¡Hola cabrones!, ¡me voy a cagar en todos vuestros putos muertos!.

Y ya no tuvo oportunidad de decir ni cantar nada más. El distinguido público tomó al asalto el escenario y les dio una paliza que no acabó en linchamiento sólo porque la policía -que ya tenía vigilado el local desde el día anterior- llegó a tiempo de impedirlo, mientras nosotros nos escabullíamos por la puerta trasera, igual que la noche anterior. Fue un poco cobarde no acudir en refuerzo de nuestros colegas, pero, primero: no sé si se lo merecían; y, segundo: no nos podíamos dejar detener porque al día siguiente salíamos de viaje.

La cosa acabó con un montón de detenidos conducidos a la comisaría de Via Layetana en furgones policiales, el Zeleste provisionalmente clausurado, y desde luego, esa noche no actuamos.

25 de Mayo. “Salimos para Bilbao en la furgoneta de Cisco Casadó. Llegamos sobre las 12 de la noche.”

A dónde íbamos a ir si no.

Nos instalamos en una pensión muy cutre en la calle Ollerías Bajas, junto a una placita pequeñita, que se llamaba de San Francisquito, y todo ello nos daba un poquito de risita.

26 de Mayo. GALO’S. Santurce. Tarde y noche. Público tan asqueroso como siempre.”

¡Mi Generación de nuevo ante todos ustedes, distinguido público que tanto nos quiere y tan bien nos acoje, siempre que nos acoje bien.!

29 de Mayo. Sábado. “GALO’S. Tarde y noche. Veo a Marisa. Está hecha una calamidad.”

30 de Mayo. “GALO’S. Tarde. Por la noche llevamos el instrumental a ZUUM ZUUM, donde nos tenemos que pelear con el maitre gordo para que nos lo deje entrar. Conocí a una niña muy mona y bastante más arisca llamada Mayte.”

Estaban cerrando y el tío borde quería que volviéramos al día siguiente que era cuando teníamos que actuar, lo que representaba un serio problema, ya que no teníamos otro lugar a donde llevarlo; no se podía quedar en la furgoneta alquilada para hacer el porte, y el transportista se quería ir a dormir.

De todas formas; estaba recuperando forma. Incluso en esas circunstancias fui capaz de ligar en la puerta con una de las dos últimas clientas que salían del local.

31 de Mayo. ZUUM ZUUM – noche.”

Seguimos actuando tarde y noche sin pena ni gloria, o al menos no mereció comentario en mi agenda, pero:

3 de Junio. “ZUUM ZUUM – Tarde y noche. Actuamos sin Eliseo, que está en Barcelona examinándose de 3º. El pobre Toni toca la batería.”

Y como Mi Generación no tenía basantes problemas para mantenerse a flote, lo más urgente en aquel momento era que nuestro batería sacara adelante su carrera de piano. ¡Bien, coño, bien!.

Aunque nadie le recriminó la jugarreta, hay que reconocer que nos puso en una situación más que comprometida de cara a la empresa. Sin embargo supimos salir adelante sin él. Así seguiríamos cuatro días más.

6 de Junio, Domingo. “ZUUM ZUUM – Tarde y noche. Por la noche aparece Marisa muy embalada y me pide que la lleve conmigo a Barcelona y luego a Ibiza, y Mayte se mosquea conmigo. Mi despedida de Mayte fue un poema.”

Sí; a Ibiza me iba a llevar yo “novia” con la oferta de féminas que había. Estaba bien lo de levantar pasiones, pero la tempestuosa reaparición de Marisa me privó de la última oportunidad de llevarme al catre a la berroqueña Mayte -con quien lo llevaba intentando una semana-, pero es que a la chica estaba mucho más interesada en la revolución que en el revolcón.

7 de Junio. “Salimos de Bilbao en tren. Se queda Xavier a hacerle compañía al instrumental, a Pili y a Chus.”

Xavier y el instrumental se quedaban, porque hasta el jueves no podía venir el furgonetero a recogerlos.

Del 10 al 13 de Junio, volvimos a Zeleste con Oriol.

El 17 por la tarde nos presentamos como Mi Generación en el Pabellón de Deportes de Cornellá, y por la noche repetimos acompañando a Oriol.

Y el Sábado 19 de Junio, concluyó el bonito idilio entre Mi Generación y Oriol Tramvia en el Hort Gran de Vilafranca.

Y por fin:

21 de Junio, Lunes. Salimos para Ibiza por fin en el avión de las 5,10.

MI QUERIDA IBIZA: ¡YA ESTOY AQUÍ!

A la tercera, va la vencida.

Mucho habían cambiado las cosas en Mi Generación. Esta vez llegábamos en avión, como Los Beatles, mientras los instrumentos viajaban en barco.

Nos habían buscado un par de apartamentos de dos habitaciones en el edificio S’Illa frente al Hotel Arenal, bastante cutres, pero próximos a Playboy, y que pertenecían a un primo de Peret que vendía ropa en un tenderete montado junto a la playa, emulando a los del Mercado de San Antonio, que era donde la familia Calaf y muchos otros gitanos de Barcelona ejercían esa misma actividad. Cuatro habitaciones para cinco, así que Paco se desentendió de nosotros y alquiló uno por su cuenta en Apartamentos Elcano, aprovechando que estaba muy introducido entre los ricos ingleses propietarios de medio San Antonio, debido a su relación con Jeanette que, por cierto, se había quedado con su hija Sammy en el piso de Terrassa ya que la relación ya estaba rota.

Esta vez, la distribución en los apartamentos iba a ser distinta. Eliseo no iba a compartir piso conmigo, sino con Toni, y Xavier y yo compartiríamos el otro. Mucho habían cambiado las cosas.

Play Boy era una vieja sala de fiestas al aire libre con mesitas redondas con mantel y sillas de enea que, a la luz del día me recordaba a algún lugar en el que habíamos actuado en el verano del 70. Menos las moreras cuyas copas formaban un frondoso techo vegetal, todo era provisional, postizo y destartalado como el vetusto Ford de los años treinta pintado de blanco que presidía el jardín, pero por la noche, la iluminación hacía el milagro de convertirlo en una discoteca de primera categoría. Tenía un escenario amplio y dotado de varios niveles, como el que yo soñaba de adolescente, y una cortina de espejitos al fondo multiplicaba por un millón el efecto de las luces. Playboy era fantástico.

Por primera vez nos encontrábamos con un “animador”. Un canario broncíneo y fornido llamado Juan sería el encargado de organizar los “parties”, que eran otra novedad en las discotecas.

Las funciones de director estaban encomendadas al mal encarado Sr. Teijo.

De martes a viernes nos dedicamos a ensayar, y por fin llegó el día de la apertura.

25 de Junio. “PLAY BOY, San Antonio. Inauguramos la temporada con lleno en los graderíos y party. Mucho cachondeo.

El repertorio: 7 bravas canciones de la ganadería de Toni, resultaron flojas y hubieron protestas de Pepe y abandono de la pista por parte del respetable.”

En resumen y sin abandonar el símil taurino: habíamos vuelto a pinchar en hueso con nuestro empeño en tocar temas propios en salas de baile.

26 de Junio. “Play Boy. Flojo.”

27 de Junio. “Play Boy. Bronca municipal por el volumen y amenazas de cerrar la sala. Naturalmente, nosotros pagamos el pato y lo que haga falta.”

La cosa iba de mal en peor. Encima, andaba por aquí el ministro Martín Villa, con un cortejo de aguerridos escoltas, policías y guardias civiles de paisano traídos desde Madrid, que lejos de disfrutar el tolerante ambiente de San Antonio, se dedicaban a amedrentar tras sus gafas de sol y a poner firme a todo quisque con su prepotencia y amenazas de denuncias varias, incluso y especialmente en sus horas de ocio nocturno. ¡No sabe usted con quién está hablando!.

28 de Junio. “Play Boy. Mal tiempo, la gente está bastante acojonada. Conocí a una americana llamada Cynthia que desde hoy vive conmigo.”

A mal tiempo, buena cara, y yo a lo mío.

Quizás fuese esto del “amor libre” lo que más me atraía de la vida en Ibiza. Llegar y moler. Apenas llevaba aquí una semana y ya tenía pareja. Aquí no habían preámbulos: todo o nada. Las chicas no tenían necesidad de acostarse temprano para estar a la hora en casa. Aquí esas cosas no sucedían de modo paulatino, sino que, si ambas partes quedaban satisfechas tras una primera prueba, ya podían disfutar de su nueva pareja en plan matrimonial desde el primer día: me la llevo puesta. Y sin compromiso.

Tuvimos que ensayar y rehacer el repertorio, ya que nuestros temas quedaron terminantemente prohibidos por la dirección de la empresa, por su conocida propiedad de provocar estampidas en la pista de baile.

Conseguimos superar las dos semanas en Play Boy sin más incidentes -cosa que al pricipio no estaba ni medio clara- una vez que suprimimos nuestros temas propios y nos dedicamos a tocar lo que ordenaba el jefe, pero Cynthia era una chica rara y problemática.

10 de Julio. “Play Boy. Fuimos a casa de Fritrum a comer. Cynthia que estaba en la playa, se mosqueó conmigo y no vino a dormir.”

Por las fotos de ese día he recordado que yo -a falta de Mobylette- andaba por la isla en una Vespa de alquiler, vehículo al que me había aficionado desde que tuve que practicar con una para examinarme para el carnet de moto. Pero en vez de llevar casco, como se hace ahora, yo lucía un lustroso sombrero de copa de seda natural que me había comprado en el mercadillo de Punta Arabí. Con él y mi bigote -lo único que conservaba de mi paso por el ejército-, sin darme cuenta empezaba a parecerme a Frank Zappa.

Con Petra y mi vespa - Santa Inés 1976

Por cierto: ¡que buen ambiente había en Es Caná en aquella época!. Aquello y las casas de campo como la de nuestra vieja amiga Fritrum, eran el último reducto de los hippies, que ya estaban en franco declive y empezaban a ser sustituidos por la “gente guapa”.

(Continuará…)

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3 comentarios to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 34”

  1. Miquel Says:

    Por cierto Pepe el Oriol Tramvia no hace muchos años participó en una serie de la tele autonómica de aquí haciendo de viejorockero,menudo tipo.

  2. oriol tramvia Says:

    hombreee! ya ni me acordaba de aquella detención! pero sí, sacabamos un porro gigante con su lucecita abierta al final, para simular la brasa,
    que fue la hostia! menudas batallitas!
    un abrazo
    oriol

    • ppzappa Says:

      ¡OH, CIELOS, HEMOS SIDO DESCUBIERTOS!
      Ostras, ORIOL, qué sorpresa! Y qué honor recibir la visita y el comentario de uno de los más insignes y queridos protagonistas de este relato.
      Pues, sí, menudas batallitas nos tocó vivir por aquella época.
      Batallitas, seguimos viviendo, pero las de ahora es como que tienen menos gracia.
      Me alegro mucho de volver a encontrarte después de 34 años (que no son nada) y, si me lo permites, me pondré en contacto contigo por email para que nos contemos más batallitas en privado.

      Gracias, company, y otro abrazo para ti.
      pepe

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