HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 31

1975

ESTO NO AVANZA

Llevábamos un mes largo en Barcelona, y aparte de algunas sesiones de grabación y un par de actuaciones por El Pilar, no en Zaragoza, sino en el Ovni 3 de Santa Coloma, lo único que habíamos conseguido era algunas nuevas amistades entre los músicos de más alto nivel y buenas palabras de todo el mundo, pero lo de la grabación de los temas nuevos para nuestro siguiente LP se iba dilatando en el tiempo, sin que nada se concretara en contratos de ningún tipo ni notáramos avance alguno en nuestro relanzamiento. Parecía más bien que el globo se estaba desinflando, mientras persistíamos en inflar nuestros temas -también los más antiguos- con nuevos e intrincados arreglos, cada vez más cercanos a los de Yes, Genesis y Gentle Giant, y es que, ciertamente la época en que éramos unos chicos que hacían buenas voces, pero dejaban bastante que desear instrumentalmente, había quedado atrás; en aquel momento, se puede decir que casi tocábamos mejor que cantábamos, y estábamos ansiosos de demostrarlo, aunque sólo fuera a nosotros mismos.

Así las cosas, me veía irremisiblemente abocado de nuevo a emigrar hacia el norte, donde, mal que bien -según decían mis compañeros-, íbamos tirando. Y no les faltaba razón, ya que las salas de Barcelona no tenían ningún interés en programar a Mi Generación. Como en el 71, cuando andábamos buscando discográfica, para unos éramos demasiado “progres”, y para otros demasiado poco, ya que teníamos la puñetera manía de cantar en castellano, y eso estaba muy mal visto entre quienes dominaban el cotarro de los festivales de rock y las salas alternativas. Aún, si hubiera sido en inglés…

Entonces pensé en darle una oportunidad al único empresario barcelonés loco por tener a mi grupo actuando en su local aunque fuera sólo una vez. Se trataba de algo personal, creo que era el único conocido del barrio que había aceptado desde el principio mi extravagante decisión de ser músico y llevar el pelo largo. Zapata tenía una pequeña discoteca detrás de la iglesia de Santa María del Mar: Little Castle.

Con la precariedad de medios que teníamos, yo mismo me encargué de la publicidad, diseñando un cartel del que hice numerosas fotocopias en blanco y negro -no había otra opción por entonces-, y entre Toni y yo coloreamos una por una para darles un aspecto más atractivo, y las repartimos por el barrio.

LA MARCHA VERDE

Mientras andábamos afanados con eso, apareció una noticia que me puso los pelos de punta. Los rumores que corrían por el cuartel poco antes de licenciarme, acerca de que Hassán II estaba concentrando tropas en la frontera de El Aaiún, y si lo invadían, mi regimiento era el que intervenía a continuación de la Legión, y adiós a la licencia, se habían hecho ciertos. El 6 de Noviembre entraron en territorio español unos 300.000 supuestos civiles marroquíes entre los cuales figuraban, hombres, mujeres, niños y ancianos, y mezclados entre ellos un número indeterminado de soldados armados que se ha venido a cifrar en unos 35.000. Aquello significaba la guerra, y durante el primer año, yo seguía prácticamente siendo tan militar como antes de salir. ¡Ay, madre; que éstos aún se me llevan a la guerra!.

Así, en plena crisis de ansiedad aparezco con mi cara de zozobra en las fotos de la actuación en el Little Castle.

No sé si la campaña publicitaria tuvo algún impacto, pero aquel día, el 8 de Noviembre, la sala tuvo una buena afluencia de público que, sin embargo, tampoco se mostró demasiado entusiasmado con nuestra música. Fuimos desgranando todo nuestro repertorio de temas propios, que la gente aplaudía educadamente pero sin efusiones.

Lo mejor de aquella actuación fue el estreno de mi nuevo equipo. Al final de la noche, Zapata me pagó lo convenido -que era bastante poco-, y lamentó que no hubiéramos tocado nada de Santana, que era su grupo favorito.

Al día siguiente, todo había pasado. Los 300.000 marroquíes estaban tan campantes -nunca mejor dicho-, acampados en nuestra parcela en el desierto, sin que nadie hiciera nada por impedirlo; el sultán estaba que no cabía en la chilaba y proclamó el rotundo éxito de la marcha; y el gobierno español respondió con otra marcha, pero esta por mar y aire: la “Operación Golondrina”, para evacuar a los españoles de las hasta entonces llamadas “Provincias Africanas”.

Afortunadamente para mí, lo del “ardor guerrero” no era más que la letra de una canción.

EL QUIJO-ROCK

Pero antes de partir de nuevo hacia el exilio de Bilbao, apareció otro “gran proyecto”. El siempre creativo Jordi Sierra i Fabra había comenzado a diversificar sus actividades literarias y había escrito, ni más ni menos que el libreto de lo que dio en llamar, no exento de sorna, “Zarzuela Rock”, réplica hispana a las múltiples Óperas Rock que circunvalaban el planeta.

El invento se llamaba “Quijo-Rock” y estaba basado -cómo no- en un futurista Quijote galáctico y un tanto naïf, que lucharía contra los modernos molinos de viento del capitalismo, la codicia, el hedonismo rampante, las agresiones al medio ambiente… y contenía en el fondo una severa crítica social -que era lo que a nosotros nos iba- que requería un marco musical que le diera el relieve necesario, y nuestro viejo amigo había decidido que nosotros éramos los más indicados para componer e interpretar la parte musical.

Pero no quedaba ahí la cosa; el proyecto consistía en, una vez grabada en un doble LP -por lo menos-, presentarla en teatro, y en absoluto directo, para lo cual también contaba con nosotros, pero no como simples músicos de acompañamiento, como los del Grease que yo había visto en el London Theater, sino siendo también los actores-cantantes protagonistas al tiempo que tocábamos. Jordi, que nos conocía como nadie, decía estar seguro, y acabó por convencernos de que nuestra vis interpretativa en el escenario nos iba a permitir llevarlo a cabo. Todo un reto.

De nuevo nos pusimos en marcha. Cargamos los trastos en el mismo furgón que los había traído de vuelta hacía apenas un mes y medio, y nos fuimos otra vez a Bilbao.

El 11 de Noviembre comenzamos en el Aloha de Santurce la semana habitual, de miércoles a domingo. El éxito de nuestro repertorio propio; también el habitual: después de escuchar, más o menos impresionados por el despliegue de sonido tres o cuatro de nuestros complicados temas llenos de mensaje, la gente se empezaba a aburrir y a protestar, y teníamos que tocar algo conocido de Simon & Garfunkel, o por el estilo, para apaciguarlos. Y finalmente, la que más triunfaba de las nuestras era el “A dónde voy” del malogrado álbum “El Pescador”, que es una especie de himno de cuatro acordes, con un estribillo pegadizo, y que, como el público no solía prestar mucha atención al resto de la letra, posiblemente lo identificaba más bien con algo de Los Diablos.

De todos modos, nuestras miras estaban situadas en el proyecto Quijo-Rock, que quizás, por tratarse de algo distinto, y en lo que estaba involucrado alguien de prestigio e influencia como Jordi, podía sacarnos de una vez del callejón sin salida en el que nos internábamos, cada vez con paso más firme.

En el fondo no se alejaba demasiado de lo que habíamos hecho en nuestro segundo álbum, así que acometimos el reto con ímpetu, o en honor a la verdad, debería decir que lo acometieron los de siempre. Los compositores más prolíficos del grupo: Eliseo, Toni y Javier, empezaron pronto a mostrar al resto la música con que iban dotando los, a veces nada musicales versos de nuestro amigo, y la cosa empezó a cobrar cuerpo.

LA MUERTE DE FRANCO

Después del Aloha nos llegó otra semana de “vacaciones” en la que apenas salíamos de la pensión, y dedicábamos la mayor parte del tiempo a la labor antes indicada, pero la mañana del jueves fue distinta.

No nos distinguíamos precisamente por madrugadores, pero aquella mañana –20 de Noviembre de 1975– un bullicio inusual nos despertó a todos muy temprano. Llenos de curiosidad por saber qué sucedía, nos vestimos y bajamos a desayunar al bar de abajo. La gente, estaba extrañamente eufórica a aquellas horas y en vez de los cafés de costumbre, corría el champán.

¿Qué fiesta es hoy? -preguntamos al camarero, pensando que se trataba de alguna del pueblo-.

– Ah, ¿no os habéis enterado?. ¡Se ha muerto Paquito!.

No me atreví a preguntar a quién se refería. Era evidente que Franco, había pasado a mejor vida.

¡Por fin! -pensé-, y brindé en mi interior a la salud de mi pobre padre, víctima directa de los juicios sumarísimos del Régimen, que había sobrevivido al causante de sus desdichas, y aunque la alegría general era contagiosa, a mí me asaltó cierta desazón al oír asegurar a aquella gente “ahora sí que se va a liar”: ¿qué va a pasar ahora?, ¿me volverán a llamar a filas?.

Españoles... (floriangeyer72)

A media mañana apareció en la tele un sollozante Arias Navarro anunciándolo: “Españoles: Franco… ha muerto”.

Si queréis ver vosotros también aquel momento: http://www.youtube.com/user/floriangeyer72#p/u/9/dFqFj5lPidE

El final de una vida. El final de una época.

A causa de los tres días de Luto Nacional reglamentarios, no pudimos a actuar hasta el Domingo 23, en la sala Trébol de Portugalete, y la semana siguiente, ya con normalidad, estuvimos del 25 al 30 en el Anaconda de Baracaldo.

Después del Anaconda, dejamos de recorrer toda la orilla de la ría, como la de la falda remangada, y nos trasladamos a Bilbao.

Alquilamos un piso por el centro, para disfrutar de más independencia, poder ensayar y cocinar en casa, y ahorrar en restaurantes.

El 1 de Diciembre comenzamos una semana, tarde y noche en el New Garden, sala pija para parejas de novios, parejas clandestinas y horteras de categoría, donde coincidimos con Maricarmen y sus muñecos, y sin embargo, conseguimos no quedar mal.

Del 15 al 21 hicimos otra semana, también a dos sesiones diarias en el Zuum Zuum.

Como teníamos problemas para pagar el cuantioso alquiler -el pisito era tan céntrico…-, que se pagaba semanalmente, la avispada casera nos ofreció la posibilidad de trasladarnos a otro muchísimo menos céntrico -concretamente en Lejona-, también de su propiedad. Aceptamos la oferta, y nos trasladamos allí con nuestros bártulos.

El piso en cuestión estaba situado en un edificio en construcción, en medio de un descampado lleno de barro a causa del “txirimiri”, cuyo acceso era prácticamente a campo a través, ya que la zona se encontraba a medio urbanizar; era uno de los pocos pisos que estaban terminados, y tal vez, el único habitado. Afortunadamente, el ascensor funcionaba, ya que se trataba de un sexto. Además, quedaba lejísimos de la estación de tren, y las futuras calles carecían de rótulos, y sólo consistían en algunos bordillos semiocultos entre la maleza.

EL FIN DE AÑO

A partir del 22 de Diciembre estuvimos actuando en el People’s de Basauri, incluyendo la Nochevieja. Nuestra economía no permitía de ningún modo salir a cenar a ninguna parte, así que cenamos en el piso, y luego tomamos el tren para Bilbao y ya en la estación de Achuri pensábamos tomar un taxi que nos llevara al club.

Sólo nuestra falta de experiencia en viajar en taxi nos pudo permitir cometer tal imprudencia. Naturalmente, los taxistas también celebran el fin de año con su familia. No había ni un taxi por la calle. Apretamos el paso pensando que en media hora podíamos llegar a Basauri, a tiempo de actuar, pero, a las doce en punto se abrieron todos los balcones, y la gente empezó a lanzar una lluvia de petardos que caían sobre nosotros, y nos obligaban dejar de caminar y buscar refugio en algún portal. Los malditos petardos no se acababan nunca, y cuando salíamos del refugio, arreciaba la lluvia, que ya se dirigía expresamente hacia nosotros. Aquello era un infierno. Como era de esperar llegamos tarde, sudorosos y cabreados, nos dieron una buena bronca, nos culpamos entre nosotros y acabamos el año con una fuerte discusión y una fuerte borrachera.

Adiós 1975. ¡Qué harto estoy de Bilbao!.

(Continuará…)

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3 comentarios to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 31”

  1. David Says:

    Que ganas tenía yo de que llegara esta historia. Un (otro) episodio olvidado del rock español. Las grabaciones que hay del Quijorock las tienen los de Wah Wah Records pero no se deciden a editarlas….deberían hacerlo aunque fuera solo por testimonio de la historia del rock en este pais.

  2. Mariano Planells Says:

    Pues allá abajo estaba yo, en el Cuartel general Aaiún, Sahara. Hubo movida, pero pronto supimos que todo estaba concertado. Y respiramos tranquilos.

  3. eva Says:

    El Sr zapata es mi tio

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