HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 26

¡Adiós Inglaterra!, ¡Hola España!

A primeras horas de la tarde aterrizamos en el aeropuerto de Son Sant Joan, en Mallorca; otra vez Mallorca. Allí tuve que cambiar de avión y tomar un vuelo nacional, para lo cual hube de pasar el control de pasaportes. ¡Ay, España!. Aquí volvía a ser un presunto delincuente.

– ¡Esta vez te libras, pero ya te cogeremos!- fue la cordial bienvenida del amable policía tras confinarme en un tenebroso cuchitril, esparcir y hurgar todo mi equipaje y someterme a un largo “tercer grado”, decepcionado al no hallar nada que me incriminase por tráfico de drogas.

Al día siguiente, montado el equipo en Nito’s, dimos un rápido repaso al repertorio y por la noche Mi generación debutaba de nuevo con bastante éxito, que se redobló en la tarde del domingo para un público local, joven y entregado.

Estábamos contratados para actuar los fines de semana, pero la cosa no se quedó ahí. El club abría cada noche para una clientela escasa pero fiel, compuesta por camareros después de cerrar sus bares, artistas de Sa Tanca -que seguía abierto, como todas las salas excepto Playboy, que era al aire libre- y noctámbulos expulsados de los bares que acababan de cerrar los camareros y entre ellos bastantes viajeros invernales que, como yo, ya estaban de vuelta. El ambiente era bueno, pero la caja no, y el club decidió darle “vacaciones” a Quique, el disc-jockey, que éste aprovechó para irse a Madrid, de donde faltaba hacía años. El jefe dijo que él mismo pondría los discos, a menos que alguno de nosotros estuviera dispuesto a hacerlo durante toda la semana por unos módicos emolumentos extra, que yo fui el más rápido en aceptar.

Aquel estaba resultando el mejor invierno de mi vida: de vuelta en Ibiza tras dos meses conociendo mundo; Mi Generación, increíblemente, tenía trabajo regular en invierno, y yo además, tenía una ocupación que me gustaba y me ayudaba a vivir dignamente y, la verdad, me costó poco aprender el oficio mejor pagado hoy en día, aparte de los de político o futbolista. Montones de amigos y crédito en los bares, aunque casi siempre estaba invitado.

1974

El año nuevo trajo dos novedades, como suele ser: una buena y una mala.

La buena era que Eliseo y yo encontramos casa. Se trataba de Can Pep d’en Real, una antigua casa payesa que yo conocía bien, con muros de ochenta centímetros, con electricidad, cuatro habitaciones, salón, porche, una enorme cocina con fuego en tierra y fogón de gas, altillos, cuarto de baño completo, cochera, corral, almacén, pozo, cisterna, huerto y frutales, en fin… el sueño de todo hippy. Country Comfort al pie de la carretera de San José, kilómetro 14.

Ca'n Pep d'en Real

Y ahora, la mala:

Por esos mismos días recibí un alarmante telegrama de mis padres, avisando de que me debía presentar en el cuartel en una fecha próxima en la que iba a tener lugar el “sorteo de destinos”. Triste destino el mío.

¡Pero, cómo!. ¿No me había librado yo?

Les llamé por teléfono y me explicaron que, gracias a la revalorización de pensiones de ese año, la suya de jubilado aumentaba quinientas pesetas, superando en cien el “jornal base”, dado lo cual desaparecía la eximente de mantenedor de familia por la que se me había concedido la prórroga. Así que, mi gozo en un pozo: por aquellos miserables veinte duros, tenía que hacer la mili. Maldije la hora en que se me ocurrió volver a España en vez de irme a América con aquellos negratas.

Anonadado por la trágica noticia, cogí el barco a Barcelona y me presenté resignadamente en el cuartel de Pedralbes, donde estaba la Caja de Recluta 411, que era a la que yo tenía el tan inmerecido como indeseado honor de pertenecer. Mi melena causó sensación entre la soldadesca de reemplazo que estaba allí tan obligada como yo, dedicándome enardecida por un sobrevenido fervor militar y fascistoide, lo más florido de su repertorio de exabruptos machistas, bastante más crueles que las irónicas alusiones de algún mando.

No había nada que hacer ni a quien apelar. La suerte estaba echada, me tocaba hacer el campamento en el C. I. R. Nº 9 de San Clemente Sasebas -aunque podía haber sido bastante peor- y debía incorporarme el 16 de Abril.

YA DEBÍA SER PRIMAVERA EN EL CORTE INGLÉS

Pero la vida aquí transcurría plácida; los almendros habían florecido frente a nuestra casa. Toni volvió a visitarnos aprovechando su segundo permiso. Nos hizo escuchar sus nuevas canciones. Había cosas muy brillantes y, algunas, como “El Ególatra”, tan crudas que iban a resultar difíciles de digerir en una España en la que seguían triunfando los de siempre, con “La fiesta de Blas” y el “Acalorado”.

Yo, por mi parte me esforzaba en componer cosas más sofisticadas que la tonta y premonitoria “El amor no llega”, toda una profecía de como me sentía en aquel momento, al cabo de año y medio desde que Marita me dejó, pero cuya simpleza me avergonzaba tanto que, inconscientemente me dejaba influir por la música de Yes, Genesis y Gentle Giant, y complicaba tanto como podía mis modestas composiciones, utilizando como ellos los compases de amalgama y las progresiones armónicas más ocurrentes que hallaba -que tampoco es que lo fueran demasiado-. Así nació “Sobre mis pies” y alguna más.

En cambio, Eliseo comenzaba a manifestar una creciente -y para mí, preocupante- inclinación por la interpretación de jotas tradicionales -y similares- y la composición de otras nuevas. Era evidente que estaba atravesando una época de profundos cambios. Cada vez le entendía menos, pero era mi amigo del alma y, si a él le daba por cantar jotas navarras, allí estaba yo para hacerle la segunda voz.

“Quisiera, quisiera, quisiera volverme hiedra,

y subir y subir, y subir por las paredes…”

Aparte de ese negro nubarrón que oscurecía mi horizonte -no el de las jotas; el de la mili-, todo iba a pedir de boca. Seguíamos triunfando cada fin de semana ante la juventud ibicenca que nos adoraba y acudía a vernos desde todas partes. Pero, de repente sucedió algo que torció inesperadamente el rumbo de las cosas.

Sic transit gloria mundi

Mientras actuábamos, uno de aquellos jovencitos se dirigió a mí con una petición. Me extrañó. No solían pedir nada y siempre les gustaba lo que tocábamos. Se trataba de algo que yo no conocía ni por el título. Me excusé, pero no se quedó muy conforme.

La misma petición se repitió varias veces aquel fin de semana: “Philadelphia“, creo que decían. Por lo visto, era algo que sonaba mucho en la radio y se había convertido en el tema de baile de moda, pero es que nosotros, ni siquiera teníamos radio. Fui a comprar el disco para el club y, de paso, para aprendérnoslo nosotros, pero después de escucharlo, nos pareció que aquello era de una frivolidad insultante que nada tenía que ver con nuestro estilo y decidimos no montarlo.

Sin embargo, el siguiente fin de semana nos vimos bombardeados con la misma petición. Parecía que aquello era lo único que querían oir, se mataban a bailar cuando ponía el disco pero, en cambio, toda nuestra música había dejado de gustarles de repente.

Tanta insistencia llegó a ponerme de mal humor y supongo que acabé soltando alguna fresca por el micro. Me sentía muy seguro de nuestra posición en Nito’s después de tanto éxito ininterrumpido, pero al terminar el pase, en mi habitual carrera de obstáculos hasta la cabina de DJ, pude oir la conversación entre uno de aquellos niñatos, que ya se marchaba, y el jefe.

– ¿Van a volver a tocar éstos aquí?

– Sí, el sábado que viene.

– ¡Ah! Es para no venir.

Me quedé helado. De pronto nos habíamos vuelto malos y pasados de moda.

Resistimos una o dos semanas más, pero aquello adquiría tintes de complot. Los jóvenes, efectivamente, fueron dejando de asistir los fines de semana y, por fin, fuimos despedidos.

– Yo no tengo nada contra ustedes, chicos -dijo el Cubano cuando nos reunió para darnos la noticia-, pero es que no hacemos caja. De todas maneras, pueden dejar aquí el equipo y seguir ensayando hasta que vuelvan a empezar para el verano.

Mi puesto de disc-jockey no peligraba, pero nos sentíamos defraudados e indignados, declinamos la oferta y nos llevamos el equipo a casa.

El Rock se moría y estábamos asistiendo al parto de la música de discoteca, “Disco para los amigos. Hasta aquel momento, en las salas de baile -cuya denominación había evolucionado a “discotecas” a medida que los músicos iban siendo sustituidos por discos-, sonaban diversos estilos y ritmos, desde las baladas más románticas hasta el rock más duro, pero todo ello iba a ser sustituido por el diabólico invento de algún avispado productor al que se le había ocurrido “fabricar” una música rítmica, simplona y rectilínea, de tempo orgánico, siempre alrededor de 120 negras por minuto, fácil de asimilar por el público y de mezclar para los disc-jockeys, carente de todo mensaje ideológico y diseñada para no exaltar más pasión que la del baile y detener el pujante proceso de concienciación de los jóvenes. Era el contraataque del “sistema” a tanta subversión y tanto flower power como los músicos difundíamos impunemente.

Desgraciadamente, la chispa de la alienación prendió con facilidad y aquello no fue sino el primer síntoma de una enfermedad degenerativa que empezó a minar la buena salud de que gozaba la música entonces y que, en un drástico acceso de fiebre del sábado noche, tres años más tarde conseguiría definitivamente detener su progreso e iniciar el proceso inverso, que aún no se ha detenido. Ahora las estrellas son los disc-jockeys.

Adiós Nito’s. Otra etapa de mi vida quemada. Quizás, la más intensa. En una palabra: INOLVIDABLE.

LA HORA DE LA DESPEDIDA

Llegó Abril. El fin de mi libertad ya estaba irremediablemente próximo y los acontecimientos se empezaron a producir a un ritmo vertiginoso.

Regresó Xavier licenciado.

Lennon” abandonó el grupo, o mejor, el grupo le abandonó a él en medio de un mar de cubalibre.

José María Durán entró provisionalmente como organista, hasta la vuelta de Toni, y se vino a vivir a casa, ya que, como dije anteriormente, disfrutaba de un “pase de pernocta” que le permitía salir por las tardes y no volver al cuartel hasta por la mañana.

Debutamos en el San Francisco, otra sala que llevaba años tratando de cazarnos, y lo hicimos con todo éxito, aunque para mí iba a ser breve. De todos modos, me seguía gustando más el Nito’s.

Llegó mi sustituto: Eddie, también procedente del grupo de José María, Tusset 31.

Y faltaban un par de semanas para que llegara Marianne que, según supe tiempo después, venía decidida a quedarse todo el verano -y lo que hiciera falta- conmigo, pero ya no me encontró.

Llegó la hora de las despedidas. Tenía tantos amigos en San Antonio de los que despedirme… pero, sin dudar ni por un momento que volvería. Mi casa, estaba aquí.

En José María, con quien me unía una larga amistad, delegué mi parte de la casa y el alquiler después de mi marcha, con el ruego encarecido de que hiciera todo lo posible por conservarla hasta mi regreso, y si decidía dejarla, que me lo hiciera saber antes, para hacerme yo cargo del pago. Optimista de mí. También dejé en sus manos mi amada Mobylette para facilitar sus desplazamientos.

A Eliseo le dejé mi perra Candy, mi colección de discos, y también el mismo encargo de conservar la casa. Y, en manos de todos dejé mi equipo para utilizarlo como quisieran.

Para llevarme algo de dinero, vendí mi preciosa cámara Canon FX por 20.000 pesetas a alguien que no recuerdo, pero en quien confiaba lo suficiente como para aceptar la mitad en mano y la promesa de que me enviaría la otra mitad en un giro postal en cuanto pudiera. Por lo visto nunca pudo.

Tampoco recuerdo que alguien me acompañase hasta el barco aquella noche. Adiós Mi Generación. Adiós Ibiza. Adiós, pero volveré.

(Continuará…)

Volver a página principal / Home page

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Una respuesta to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 26”

  1. Mariano Planells Says:

    El tremendo corte de la mili. Quien no lo hay vivido no lo puede entender. Yo ya estaba entonces en El Aaiún (Sahara).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: