HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 22

EL PRIMER REGRESO

El 15 de Diciembre, Eliseo sale licenciado de la mili, justo a tiempo de cumplir el único contrato que tenía Mi Generación, en el Holiday de Bilbao, del 17 al 23. Por su parte, Toni cumplió lealmente el compromiso previo abandonando Amores durante aquellos días, y la ausencia de Xavier fue cubierta por el ubicuo Miguel Ángel Núñez, quien, de tanto tiempo que pasaba con nosotros, se sabía nuestros temas de cabo a rabo. También llevamos en aquel viaje a otro amigo no menos omnipresente Tony Núñez que, aunque no venía a hacer nada en particular, decidió subirse a la furgoneta y honrarnos con su compañía, ya que estaba aburrido y algo deprimido.

Izq. a der.: Tony Núñez, Toni Palacín, Eliseo Parra, Miguel A. Núñez y Paco Fernández. Pepe Valverde está detrás de la cámara.

Como el turrón, volvimos a casa por Navidad, pero serían unas navidades tristes. Ese mismo día tuvimos una reunión en el local para abordar la tremenda situación que atravesábamos sin una sola actuación, ni próxima ni lejana a la vista, y decidimos separarnos temporalmente y ¡sálvese quien pueda!.

Acabé el año actuando el 30 y 31 de Diciembre con Evolution en el club Bay Bay de Sant Julià de Lòria, en Andorra. Fue un fin de año de lujo en la nieve, me divertí mucho con ellos, que eran infinítamente más golfos que los buenos chicos de Mi Generación (aquello sí que eran timbas) y encima fui espléndidamente pagado.

Tony Ponce y su superbólido

Yo Andorra 1-1-73

1973

En los primeros días recibí un aviso de la Alcaldía de Barrio comunicándome que “en el año en que el mozo José Valverde Pérez cumple los veintiuno de edad, queda incluido en la Caja de Recluta…”, etc., etc. y debía presentarme para ser tallado.

En la jerga militar, eso de “entrar en Caja” quería decir que, a partir de aquel momento, perdía algunos de mis escasos derechos de ciudadano, como el de tener pasaporte, y quedaba a disposición del ejército para ser llamado a filas cuando ellos decidieran. Así pues: me había llegado el turno, la temida Espada de Damocles de la “mili” ya se cernía directamente sobre mi cabeza, y conmigo se completaba el desaguisado. Pero no me iba a rendir sin luchar.

Alegué todos los motivos que se me ocurrieron. A saber: asma, pies cavos y “mantenedor de familia”, ya que mi padre llevaba jubilado desde el 68, su jubilación era inferior en cuatrocientas pesetas al salario base y, en teoría, la unidad familiar dependía de mis ingresos.

Eso fue lo único que consideraron lo suficientemente consistente como para concederme una prórroga indefinida mientras siguieran concurriendo las mismas circunstancias. Las otras alegaciones sólo produjeron cierto cachondeo al recordárselas a un uniformado galeno cuando acudí a pasar el examen médico.

-¡Estaríamos buenos! -dijo-. Si hiciéramos caso de estas tonterías no iríais ninguno.

Yo seguía agarrado al salvavidas de La Enagua, donde lo pasaba muy bien y me habían subido el sueldo a 200 pesetas. Benavent me sustituía cuando actuaba con Evolution, y además proseguía mi agradable flirteo con Pan y Regaliz.

Entonces, Paco se presentó una noche en La Enagua. Me sorprendió verle, ya que era la primera vez que venía por allí. Me puso al corriente de los acontecimientos: Eliseo y él habían rehecho el grupo para intentar trabajar con dos nuevos elementos -no se les podía definir mejor-, un organista y un batería.

¿Otro batería? -pregunté con extrañeza-.

– Sí. Eliseo toca el bajo.

Paco venía con un propósito concreto, sacarme de mi plácida burbuja y hacerme volver al redil con la promesa de que teníamos trabajo inmediato en Mallorca, ya que el organista había trabajado mucho por allí y, en los clubes se lo rifaban, así que gracias a sus contactos, en cuanto el grupo estuviera listo, podíamos comenzar en algún club de El Arenal o Ca’n Pastilla.

Dos cosas me resultaron bastante extrañas. La primera: que fuera fácil encontrar trabajo en las zonas turísticas de Mallorca en invierno, pero Paco me aseguró que allí no era como en Ibiza y había turismo todo el año. Y la segunda, que incorporarme a mí era un problema: o tenían dos bajistas, o dos baterías. ¿Para qué me necesitaban?. Supongo que por la misma razón por la que me convertí en bajista de Mi Generación: porque no hay mucha gente que pueda cantar y tocar el bajo a la vez, y a Eliseo, por supuesto, le correspondía el arduo cometido de ser el cantante solista, labor que sin embargo desempeñaba con facilidad tocando la batería.

Ni que decir tiene que mi amor al grupo pudo más que la cómoda situación que disfrutaba y acepté. Enseguida me vi compartiendo de nuevo apartamento y diversión con mis compañeros, lejos de las presiones familiares y tocando en algún club lleno de rubias turistas, así que, al día siguiente me fui a Tarrasa (aún no se escribía Terrassa) a ensayar con ellos. Allí conocí a:

LENNON Y YOKO

Paco había importado de San Antonio a quien pasaría a ser el sustituto de Toni durante la mili. En el Flamingo actuaba un grupo que se disgregó al terminar su temporada, en el que destacaba el organista, un asturiano militante, lunático y empedernido bebedor, del que podía decirse que era un auténtico mago del Hammond: Luis Pérez. Tenía formación clásica, gustaba de hacerse llamar “Maese Pérez, el organista”, pero era conocido en el ambiente como “Lennon”, por su increíble parecido con el ex-Beatle, que él cultivaba utilizando para contrarrestar su fuerte miopía, unas gafitas redondas idénticas a las que usaba el eximio miope y por que, para colmo de las similitudes, venía en un lote con su inseparable batería madrileño llamado Bernabé, quien también ostentaba un asombroso parecido con la infausta Yoko Ono.

Con mi entrada, Eliseo recuperó su función de baterista y Bernabé quedó fuera de juego, aunque se resistió con uñas y dientes.

De los talleres textiles, negocio familiar de Paco, salió un repertorio mestizo del rock fuertemente vocal que practicaba Mi Generación con una nutrida aportación de temas de Yes, Emerson, Lake & Palmer, Focus, Jethro Tull, Brian Auger e incluso un toque andino por parte de “Lennon”, ya que también tocaba a veces la flauta dulce. Unas llamadas desde el teléfono de la oficina a algunos agentes de Palma y finalmente un tal Uribe (Espectáculos Oro), se comprometió a proporcionarnos actuaciones.

LA ODISEA

Me despedí otra vez de mis padres; de mis nuevas amistades; de Evolution; de Pan y Regaliz y de mi tan seguro como mal pagado empleo en La Enagua y, con mucha fe y poco dinero en el bolsillo, aquel sucedáneo de Mi Generación con “Lennon” al órgano y Bernabé de asesor áulico -ya que Luis se comprometió a costear todos sus gastos en un irresponsable gesto de solidaridad que no sabía si se podría permitir-, volvimos a cargar todo el equipo en un barco y el 3 de Febrero, nos plantamos en Palma, a la aventura y en pleno invierno.

Tuvimos que dejar los bártulos en consigna, pues no teníamos a dónde ir, ni a dónde llevarlos; cogimos un par de habitaciones en una pensión barata de la zona de Apuntadores y fuimos luego a visitar a nuestro presunto agente.

Uribe era un tipo obeso y sudoroso que hacía una obscena ostentación de oro en dedos, muñecas y cuello. Con cara de padrino mafioso a punto de hacerte arrojar al Potomac, nos recibió fumándose un puro tras la mesa de su despacho como un personaje de película de cine negro. Luego descolgó el teléfono y, mientras gesticulaba frenéticamente con el brazo libre, habló con alguien durante mucho rato en una lengua incomprensible para mí, catalán de nacimiento -no digamos para los otros cuatro-, que tanto podía haber sido Mallorquín como Suajili (Para que os hagáis una idea, es como lo que habla el actual President Antich, pero a mucha más velocidad, porque el Mallorquín de Uribe no era postizo y no tenía que irse auto-traduciendo y fingiendo el acento como este mentecato). Para empezar, teníamos una actuación al día siguiente.

– ¡Bueno! Id pasando por aquí, o llamad.- nos dijo poniendo fin a la reunión después de ajustar su comisión-.

Nuestro primer “bolo” fue en la “prestigiosa” sala El Hoyo de Son Ferriol. Un lugar inmundo en una barriada periférica donde la gente esperaba bailar al son de algún grupo de pachanga dura, a los que estaban acostumbrados a recibir los domingos por la tarde, entre silbidos y excesivos cubalibres, lo más selecto del pop hispano de la época.

Naturalmente, fue un fracaso, ya que nuestro repertorio no incluía nada de lo que nos pedían, aunque parte de aquella juventud se quedó asombrada por el virtuosismo que poníamos en lo que tocábamos.

Volvimos a la pensión tan decepcionados de aquella actuación como debió quedarse el distinguido público y, sobre todo el dueño del local, que sintió que le habían dado gato por liebre, y no mostró entusiasmo alguno a la hora de pagar las miserables cuatro mil pesetas, que incluían la comisión de Uribe y la minuta del furgonetero.

Aquel estrepitoso fracaso inicial hizo esfumarse la inmensa mayoría de las actuaciones que se suponía que íbamos a tener, alquilamos un apartamento que resultaba más barato que vivir en una pensión, pasaban las semanas, se agotó el poco dinero que teníamos, se acumulaban las deudas y llegó el momento de conocer el hambre en el sentido más literal. Ya ni siquiera existía la cobarde salida de volver a casita a que nos dieran de comer, porque no teníamos dinero para los pasajes de vuelta.

Toni vino a visitarnos, ajeno al drama. Le faltaba poco ya para irse al campamento y decidió pasar antes unos días con nosotros y ver cómo nos iba en Mallorca.

El Sábado, 3 de Marzo, Bravo, un agente artístico de más nivel, nos dio por fin la oportunidad que esperábamos dándonos un bolo en el Malvaloca de Ca’n Pastilla, la discoteca de Lorenzo Santamaría. sólo 4.000 pelas, pero al fin pudimos lucirnos. Toni había llegado el día anterior y actuó con nosotros.

LA PRIMAVERA HA VENIDO…

Había llegado la Primavera, y con ella el fin de nuestra agónica situación. El 8 de Abril, actuamos en otro bolo horroroso de 3.000 pesetas en “La Aldeana” y, por fin, la llegada de los primeros turistas propició las actuaciones diarias en discoteca que nos habían prometido antes de llegar.

El lunes 9 debutamos en la discoteca 2000, en El Arenal a dos mil quinientas pesetas diarias, pero aquella temporadita llegaba demasiado tarde y sólo iba a ser de una semana.

De repente, la mejor noticia que podíamos recibir nos devolvió a la vida: dado el éxito del verano anterior, Nito, desde Ibiza nos reclamaba para su club.

En el despacho de Bravo, actuando como corresponsal de Centaño, firmamos el contrato y él mismo nos proporcionó los billetes. De no haber sido así, no hubiésemos podido pagarlos, aunque el pasaje de Bernabé, sí que tuvimos que pagarlo de nuestros bolsillos.

El 16 de Abril, después de dos meses y medio aciagos, subíamos al barco que nos iba a permitir escapar de la ratonera mallorquina. No sé si llegamos a liquidar las deudas que teníamos con la paciente casera, pero sé que me alegré mucho de perder de vista “Apartamentos Casa Dominique” y todo lo que los rodeaba. Adiós, Mallorca. Tardarían en volverme a ver.

Y por fin…

IBIZA AGAIN

(Continuará…)

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