HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 14

1972

De pronto, cambia todo el panorama:

Ese año, Carlos Santana sale por peteneras religiosas, adopta el nombre de Devadip que le es otorgado por el gurú Sri Chinmoy, y publica “Caravanserai”, un álbum tranquilo, africano y maravilloso, mi favorito. Deep Purple publica el arrollador “Machine Head”, que contenía “Highway Star” y “Smoke on the water”. Y descubrí -aunque llevaba tres años publicado en USA- lo más asombroso que había oído, y que amplió sustancialmente mis gustos musicales: el eximio Frank Zappa, a través del delirante álbum “Hot Rats”.

No es oro todo lo que reluce:

Mi Generación tenía dos discos en la calle (me refiero solamente al single “Toma tu parte de felicidad” y el álbum “Mi Generación”), pero seguía sin ver un duro de las ventas y cada vez que acudíamos a las oficinas de nuestra compañía discográfica para interesarnos por el asunto, éramos astutamente toreados con variadas excusas del tipo: es que se vende poco, chicos.

Lo podíamos creer, sabedores de que no éramos precisamente el paradigma del grupo comercial al uso, que no había pasado jamás de un puesto treinta y tantos en las listas de ventas con nuestros singles, y eso, a pesar de la insistencia de los incondicionales Juan Castelló Rovira, Juan Ramón Fornés y el heterodoxo Jordi Sierra i Fabra, que tanto apoyo daba al movimiento musical barcelonés de aquellos años heroicos, sobre todo a los músicos raros y desvalidos como nosotros. Gracias a él, que tantas veces se empeñó en airear nuestra agónica situación y despertar las conciencias de sus colegas para evitar que cayéramos en el olvido, éramos entrevistados con frecuencia y se publicaban innumerables comentarios –y generalmente elogiosos- sobre nuestro disco en medios tan dispares como Tele Express o Arriba y, sobre todo, en las revistas especializadas. Hubo incluso una generosa revista musical (creo que fue Disco Express) en la que tuvieron el detalle de proclamar a este humilde servidor como el mejor bajista del año. Les quedo eternamente agradecido, aunque no me lo creí del todo.

Un día, bajamos al almacén y comprobamos personalmente que, de los dos mil ejemplares de la primera tirada de nuestro L P, ya no quedaba ni uno. Entonces Don Pablo dijo que no valía la pena ponerse a hacer cuentas por tan escaso número ya que, a la hora de repartir entre cinco los pocos derechos devengados (gracias al leonino contrato), la cantidad resultante sería ridícula y, para que no cundiera la desmoralización, era mejor esperar a los resultados de la siguiente tirada que sería de ocho mil copias.

La febril actividad del año anterior, cesa de repente:

Los ingresos por actuación no eran mucho más abundantes. Desde el 1 de Enero, en que actuamos en el Velódromo de Mataró, hasta el 26 de Marzo, en el Coconut, no tuvimos ni un solo bolo como Mi Generación.

¿De qué vivíamos?, pues de prestar las voces -y ahora también nuestras guitarras- a discos ajenos, como cantantes y músicos de sesión, y como cuarteto (sin Paco) acompañando a un cantante bastante hortera, los domingos por la tarde en el salón La Pérgola, que se presentaba como Francis y su conjunto.

En cuanto a la promoción: habíamos sido invitados a participar en el Festival de Alcobendas del 20 al 22 de Febrero. Éste era un invento de Iñigo, en el cual volvíamos ser los bichos raros en una lista de cantantes tan inefables como los del de Puerto de Sagunto y entre los que figuraban la flor y nata de los compañeros de discográfica, Nino Sánchez y el último fichaje estelar, Celia, y de la que fuimos misteriosamente excluidos en el último momento.

Y hasta se nos llega a dar por desaparecidos y somos testigos de nuestro propio funeral:

Así las cosas, entre decepcionantes promociones y escasas actuaciones, que sólo llegaban a condición de estar dispuestos a tocar cualquier cosa, nos adentramos en el año del cambio que ha conducido el rumbo de mi vida hasta hoy.

CAPÍTULO 36

IBIZA

Espectáculos Centaño nos ofrece un contrato de seis meses en Ibiza. Se trataba de un trabajo duro y comprometido, pero muy bien pagado, de once a cuatro de la madrugada en un club llamado Nito’s, para el cual se requería un grupo con fuerza y calidad y, lo más importante, que tuviera un repertorio completamente al día, por razones que luego explicaré.

Planteada así, la oferta producía cierto miedo, pero mucho más nos hubiera producido de haber sabido que lo que solían contratar los locales de la competencia: Los Canarios, Pedro Ruyblás, Z-66, Los Gatos Negros, Los Rocking Boys, Fusioon (éstos últimos repetirían de nuevo en el club Playboy ese año).

Aún no sabiendo a quien podríamos tener como competidores, aceptarla era arriesgado porque suponía mucho tiempo de apostarlo todo a una sola carta, ¿qué ocurriría si no gustábamos?. Aparte estaba el inconveniente añadido y cierto de que Ibiza, era sólo un lejano punto en el mapa, rodeado de agua por todas partes; de kilómetros de agua que nos mantendría nuevamente lejos de la fama; de la fama que no llegaba por falta de promoción; promoción que no se hacía por falta de recursos económicos; recursos económicos que no existían porque no se vendían discos ni se hacían galas; galas que no salían porque no se vendían discos; discos que no se vendían porque la fama seguía estando lejana; lejana como aquel punto del mapa que era Ibiza, donde, si nos arriesgábamos a aceptarlo, teníamos un contrato largo y muy bien pagado. Así que: aceptamos. ¿Quién dijo miedo?.

Roberto Chalom

Jordi (nuestro batería provisional) no dijo miedo, pero también se tenía que ir a la mili, aunque, recién casado como estaba, tampoco le seducía demasiado la idea de alejarse durante tanto tiempo de su familia, así que tuvimos que buscar a toda prisa un sustituto para el sustituto y encontramos a Roberto Chalom.

Roberto era un tipo extraño, pero también un veterano batería que había militado en Los No; de ésos que tocan lo que haya que tocar, con fuerza y estilo, y encima, ven venir las diferentes partes de un tema aunque no lo hayan oído nunca, gracias a lo cual casi no se notó el precipitado cambio cuando Juan Nito Verdera, conocido periodista ibicenco y propietario del club que ostentaba su nombre desde hacía años, se tomó la molestia de venir a escucharnos para saber si éramos lo suficientemente buenos para devolver al lugar el ambiente poprockero original de “pelos largos y cinturones con grandes hebillas”, que un tal Joaquín (el anterior regente) se había empeñado en cambiar en el 71, trayéndose de Barcelona a un conjunto de los de “traje y corbata” que “tocara mucha bossanova”, según palabras de mi admirado amigo Arturo Prat.

Arturo me lo cuenta de primera mano, pues él era el pianista del grupo al que se había encomendado la imposible misión: los profesionalísimos Los Jokers, músicos de carrera, de diversas procedencias y nacionalidades, y todos ellos curtidos en mil batallas en las salas de fiestas y los hoteles de más categoría de Cataluña, pero que no consiguieron cambiar el tipo de público que frecuentaba el Nito’s, sólo disminuir su afluencia.

Tras aquel fracasado intento, Nito decidió tomar personalmente las riendas del negocio, y para asegurarse de lo que contrataba, se desplazó a Barcelona para conocernos antes de la firma del contrato que se llevó a cabo en el despacho de Centaño.

La parte contratante de la segunda parte (gracias Groucho) se puso muy contenta al enterarse de que, por aquel precio, se llevaba un grupo en plena ascensión que ya tenía dos discos en el mercado y accedió encantado a la única condición que pusimos: que se nos permitiera ausentarnos cada vez que nuestra compañía nos requiriese para ir a Madrid a hacer televisión. Seguro que le pareció una promoción extra y gratuita para su club.

Había que ensayar muchísimo durante las semanas que nos quedaban antes de la partida para consolidar y ampliar el repertorio, por si acaso. La primavera se echaba encima, y cuatro horas de actuación diarias en el mismo sitio, requerían muchos temas para no tocar lo mismo cada noche.

Encerrados en el local, pusimos manos a la obra, y nuestro contacto con el mundo exterior se reducía a las visitas que recibíamos de amigos y “amigas” incondicionales que proporcionaban alguna evasión extra.

A finales de Marzo preparamos equipo y pertenencias, hicimos las maletas otra vez, y nos despedimos de familias y amistades, como quien se va a la guerra.

Emprendíamos, de hecho, un viaje a un lugar allende los mares, del que por lo general, sólo se sabía que estaba infestado de hippies que se pasaban el día drogándose. A mí, aparte de saber que era una de las cinco islas Baleares que se estudiaba antes de que Cabrera dejase de ser considerada una isla, me sonaba por referencias de mi maestra, la señorita Martín, que lo siguió siendo incluso después de casarse, y cuyo segundo apellido, casualmente, era Tur y sólo parece existir en Ibiza. O sea: que su madre probablemente debía ser ibicenca. ¿El destino?.

Al atardecer del viernes, 31 de Marzo de 1972, embarcamos con buen tiempo, mar en calma y bastante intrigados en el “Ciudad de Ibiza” con destino al lugar que el nombre del buque anunciaba, como los cartelitos en los vagones de los trenes rezaban: “La Coruña”. Era mi primer viaje en barco.

El Ciudad de Ibiza atracado en el puerto de Barcelona. Archivo: Juan Ignacio Bas Grau

Cargamos los instrumentos manualmente en la bodega y nos metieron en uno de los camarotes más profundos de la nave, en la cubierta “E”, la acomodación más barata. Tenía una extraña forma triangular debido a la proximidad de la popa, y la pared formada por la desnuda plancha de acero del costado de estribor era pronunciadamente convexa. Ya en alta mar, tuvimos la aterradora sensación de navegar en un submarino, ya que los portillos quedaban periódicamente sumergidos bajo el nivel del oleaje y cuando nos fuimos a dormir, no lo hicimos muy tranquilos, desconfiando de si el cristal resistiría eternamente o si le daría por romperse justo aquella noche.

Prueba de que resistió es que estoy escribiendo esto, y siguió haciéndolo (aquellos magníficos barcos viejos…) hasta que fue enviado al desguace en 1978.

Paco Fernández, Roberto Chalom, Pepe Valverde, Toni Palacín y Xavier Garriga

(Continuará…)

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5 comentarios to “HISTORIA DE MI GENERACIÓN. 14”

  1. Miquel Moreno Says:

    Como siempre muy inetersante toda la andadura del grupo, cuantos temmas llegasteis a montar para Ibiza, porque !!!!4 HORAS!!! de bolo…. No serían seguidas, no?

    • ppzappa Says:

      Pues no, Miquel. Seguidas no, sino con pausas de un cuarto de hora.
      La sala abría a las 10,30 con discos. Comenzábamos a las 11; a las 12 hacíamos 15 minutos de descanso; el DJ hacía su cuarto de hora; volvíamos a las 12,15… y así sucesivamente hasta las 4.
      El número de temas se me escapa, pero consultaré con Toni Palacín, que llevaba el repertorio y posiblemente conserve alguna lista.

      Y ahora hacemos dos pases de 45 minutos, y si hay que hacer tres, nos parece excesivo.

  2. Miquel Moreno Says:

    Por cierto el batería de Los No tras el paso en vuestro grupo sabes con quien se fue?

    • ppzappa Says:

      Consultado Toni, tampoco recuerda cuántos temas habían en la lista, pero tiene claro que superaban el centenar.
      De todos modos, a ti que también manejas listas de repertorio con los Surfin’, no te resultará difícil calcular que a una media de 15 temas por hora (los más largos por los más cortos), eran 60 por noche, así que deberíamos tener aproximadamente el doble, ya que actuábamos a diario rabioso (7 noches por semana).
      Respecto a Roberto, te responderé en privado.

  3. whatsnextdc Says:

    Buen trabajo

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